Otros/Sociología

Reinserción ≠ Deconstrucción

Muchos teclados a través de Galicia echaban chispas a los pocos minutos de que el Resurrection Fest publicara este anuncio en su muro. As I Lay Dying, la mitiquísima banda de metalcore cristiano, había sido incluida en el line up del festival lucense, esto levantó pasiones tan intensas como sus riff a razón del caso al que se enfrentó su vocalista, Tim Lambesis, por solicitar el asesinato de su esposa en el 2013. En aquel año cuando se conoció la noticia todos los fanáticos quedamos en shock. AILD era uno de los actos más consolidados de la escena cristiana, compartiendo valores con el PMA, la comunidad straightedge, los hare krishna y demás fauna que huía del lema “drogas, sexo y rock ‘n roll” sin abandonar la música pesada.

 

Solo tres días fueron necesarios para que la organización tomara en consideración el disgusto de tantos de sus seguidores y retirara a AILD de su cartel. En su comunicado oficial, tras la línea “es que creemos en la reinserción social y en el derecho a las personas a rehabilitarse tras haber cumplido una condena.” dejan claro que tienen confianza de que este señor, – con más de 30 años, ya casado, padre de tres hijos adoptivos y ganador de un Grammy – ya pagó su condena a la sociedad y merece una segunda oportunidad. Entonces legalmente todo está correcto con Tim Lambesis, pero, ¿y a nivel ético? ¿No estaba ya Tim bastante politizado, concienciado y woke cuando contrató a un sicario? ¿Merecen todos los agresores la reinserción? ¿Cuándo inicia el proceso de deconstrucción?

Si tanto separáramos la obra del artista, ¿por qué Messi sale en comerciales de Pan Bimbo o Pamela Anderson aboga publicamente a favor de Julian Assange? Es fácil hacer la distinción con personajes que nos son lejanos como Ernest Hemingway o Hugo Boss, podemos excusarlos por su tiempo o circunstancias, pero cuando el sujeto acusado comparte realidades contigo el obviar sus comportamientos agresivos y denigrantes en favor de su obra es algo imposible. Formalmente Tim grita su arrepentimiento en cada canción, con letras como:

Así que ahora sé que no hay nadie más a quien culpar

Y no hay nadie más a quien culpar

Enterrado vivo dentro de mi propia tumba

Debajo de mis mentiras

Aún así muchas personas sienten que el apoyar su trabajo es tolerar este pasado. Mas bien subvencionarlo, subvencionarlo con fondos que podría ir a un Centros de Información a la Mujer, por ejemplo.
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La máxima de Kate Millet nos ayuda a romper las barreras entre objetividad legal y subjetividad moral. Pero, si lo personal es político, ¿cuándo prescriben los delitos personales? ¿Somos siempre los mismos aunque no nos repitamos? En nuestra escala personal de maldad, ¿qué es imperdonable? El arrepentimiento es meramente intencional, no hay forma de comprobarlo por lo cual si queremos perdonar no nos queda otra que confiar en la voluntad de resarcimiento del transgresor, dar un gran salto de fe y repetir como Rita Segato, gran teórica feminista, que “es obligatorio pensar que todo ser humano puede cambiar.

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