Pensamiento/Redes/Sociología

Iconodulia siglo XXI

La RAE define postureo como: “Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción”. Un neologismo, recientemente acuñado a raíz de su extendido uso en las redes sociales. A pesar de su connotación peyorativa, esta conducta se extiende cada vez más, hasta el punto de haberse convertido en una vía profesional. El “instagramer”, el “youtuber” y el “blogger”. Figuras que alcanzan el estatus de maestros o incluso modelos de conducta, bajo el único criterio de una estética o un carisma innato.

El fenómeno del postureo, pese a su reciente acuñación, es una práctica antiquísima. Si nos fijamos en las primeras civilizaciones ya encontramos la practica de esta mimesis del referente: El uso del maquillaje en Egipto, el uso de aceites para bronceado en la Grecia clásica, las pieles pálidas en las mujeres durante el medievo, las pelucas durante la ilustración, etc. En todas ellas observamos que el criterio de mimesis es el aparentar un estatus social superior, el de las élites de esas sociedades. Lo curioso del postureo actual es que puede seguir este principio u obviarlo por completo. El “instagramer”, “blogger” o “youtuber” puede vender un conocimiento personal (sea el que sea, desde como maquillarse hasta como juega a videojuegos, pasando por bromas telefónicas o de cámara oculta) o su propia rutina diaria, que puede ser monótona o muy glamurosa. Entiendo que alguien que postee sobre cocina, sobre bricolaje o sobre cualquier cosa práctica adquiera un público y que este llegue a interactuar, pero convertir la vida de un hijo en algo público me parece innecesario y de mal gusto.

Por otro lado, está el poser “anónino” (entre los que para mi vergüenza me incluyo).  Ya sea el que cuelga fotos de su comida, el que retransmite unas vacaciones en el extranjero en directo, o el que sale poniendo morritos en el espejo del ascensor. ¿Realmente disfrutan de la comida, de la visita a tal monumento o del enriquecedor viaje en ascensor, o disfrutan más del hecho de compartirlo con sus seguidores? Y en caso de ser lo segundo ¿qué es exactamente lo que se pretende generar en ellos, admiración o envidia? Y ¿Qué buscamos en la gente a la que seguimos?

Se han realizado estudios que afirman que el uso de redes sociales, además de generar adicción (esa vibración que se siente en el bolsillo, aunque el móvil esté en otra habitación), puede llegar a producir depresión en los usuarios más jóvenes, ansiedad, eremofobia, etc. También se asocia a la baja autoestima (al querer impresionar al público y no lograrlo merma considerablemente la confianza). Sin embargo, no las rechazan de plano si no que afirman que el problema reside en el uso que hacemos de ellas.

Si se hace un buen uso de ellas, se convierten en una magnifica fuente de información (como lo fue twitter en el trágico accidente en Angrois) y de ocio (como son esos 10 minutos de memes para desconectar). La clave, como siempre, es la moderación.

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