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Fridamanía

Tazas, bolsos, camisetas, cojines, fundas para móvil, termos, … desde hace años el mercado se ha inundado de productos con la imagen de la pintora Frida Kahlo. Todo esto como parte de una ola de fascinación que ya incluye hasta peregrinaciones a la Casa Azul -donde vivió gran parte de su vida. Y es que hoy todos conocen y aman a Frida, pero no por su arte o memoria, sino por la marca.

Se supone que el interés por su figura comenzaría con la publicación de ‘Frida, una biografía de Frida Kahlo’ de Hayden Herrera en 1983 y con el conocidísimo filme ‘Frida, Matices de una Pasión’ en 2002. De ahí en adelante, el resto es historia. Frida se ha consolidado como un icono, y a quien más ha beneficiado es a su familia. Desde 2004 su sobrina nieta, Mara Romero, y el empresario Carlos Dorado, poseen la Frida Kahlo Corporation, la única empresa con derechos sobre la imagen de la pintora y, por tanto, quienes se encargan de la distribución de la misma.

Muñeca Frida Kahlo de Mattel

En 2018 la familia llevó a los tribunales al gigante Mattel por la producción de la Barbie Frida por ‘endulzar’ sus rasgos y… vaya, por no poseer los derechos de imagen para la fabricación de la muñeca. No nos engañemos, poco tiene que ver la demanda con la defensa de los ideales de la pintora, sino con las pérdidas que esto suponía para la corporación. Y es que esto es precisamente lo encantador del asunto, el como su familia ha levantado un mercado millonario basado en la imagen de la artista, conocida en vida precisamente por su ideología comunista y espíritu subversivo. De hecho, la familia no ha tenido ningún problema en colaborar con Inditex en campañas para algunas de sus marcas. En cambio, en 2016, decidieron demandar al portal web ‘La tribu de Frida’ (ahora simplemente ‘La tribu’)- sin ánimo de lucro y destinado a la difusión del feminismo- para que retirasen todo lo referente a Kahlo de su página web, ya que no habían adquirido los derechos. Solo ella podría decirlo, pero parece más probable que Frida prefiriese ver su cara en esta web que en una camiseta de uno de los grandes imperios del capitalismo, pero quién sabe.

Por todo esto la imagen de la artista se ha convertido en eso, pura imagen. Se ha olvidado o ignorado completamente todo lo que hay detrás de la marca, y, cuando mucho, se limita a una faceta feminista entre las muchas causas que defendía. Vamos a Zara y nos compramos nuestra camiseta de Frida sin pensar en que eso la horrorizaría. Ya no se trata únicamente de ponernos la camiseta de los Ramones sin saber ni qué son, es que la propia venta de la camiseta en esta tienda es un insulto a su memoria.

Camisetas de una colección cápsula de la marca Stradivarius, 2018.

¿Es correcto que se emplee la imagen de una persona como un producto? Y aún más ¿es lícito que su familia se lucre con algo que probablemente Frida rechazaría? La artista ha sido descontextualizada y convertida en un emblema pop. La gran máquina ha hecho de Frida un producto, ha sido vaciada hasta convertirse en una copia de sí misma, en una dulce nube de azúcar destinada a ser consumida por el gran público sin levantar ampollas. Finalmente, la mercadotecnia ha devorado a Frida.

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