Comic/Imagen

Esperando avergonzados al Mesías

Sarah Glidden (@sarahglidden) lleva un instagram donde podéis encontrar viñetas e ilustraciones que se corresponden en general con reflexiones y escenas de su vida cotidiana. 

Como tantos otros nuevos ilustradores emplea esta plataforma para compartir contenido que por su inmediatez y humanidad resulta tanto o más atractivo que proyectos más serios. 

En este caso, Una judía americana perdida en Israel es un diario de viaje en forma de cómic en el que describe su visita guiada gratuita, por medio del programa derecho de nacimiento. Israel financia desde hace varios años este tour por su territorio a los judíos o descendientes de judíos.

Es un paseo turístico cultural, donde la autora emplea sobretodo la autocrítica y la descripción objetiva para su narración. Recurriendo también a un humor sutil en ocasiones.

Glidden deja claro desde un primer momento su oposición política a un estado israelí. Pero según avanza la lectura percibimos que se aunque se siente desvinculada y avergonzada del sintoísmo, teme estar rechazando por ello una parte importante de su identidad judía. 

Cita a la activista judía Melanie Kaye: “Para algunos de nosotros, Israel es como un tío loco. Alguien a quien no podemos controlar, pero de algún modo somos responsables de sus actos. Rechazarlo públicamente expondría la vergüenza de la familia.”

Durante su viaje, sus experiencias, los lugares sagrados e históricos, su relación con los israelíes de a pie, con su juventud militarizada, con guías y trabajadores…Enfatiza su conflicto emocional. Los israelíes están convencidos de que necesitan un estado judío, de que sus enemigos no quieren la paz y de que ellos hacen lo posible para lograrla. La cruel realidad de palestinos y beduinos separa a Glidden de la visión de sus nuevos amigos. 

Una judía americana…Es el relato de un conflicto de identidad, y un excelente manual sobre la historia de Israel, plagado de datos interesantes. Y más en profundidad es una historia sobre la empatía y la impotencia. Cómo sentimos una gran conexión con las víctimas de una situación como esta, pero también somos capaces de, para nuestra confusión, sentir lo mismo hacia quienes apoyan las causas de su enorme sufrimiento. Y nuestra frustración al tratar de asimilar situaciones que semejan tan complejas e inamovibles como esta. 

En una nota más positiva, Glidden destaca grupos e individuos que trabajan por si no una solución, al menos el fin de la tensión y el odio.

Y para nosotros como lectores, aunque conocer los detalles del conflicto no lo resuelve, es un buen primer paso.

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