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Arte y Hamparte.

Sabemos que la historia del arte es un ente viviente, un movimiento constante, un cambio reciente y un continuo reescribir de las formas. Por ello, en consecuencia cada día nacen nuevos métodos, inesperados soportes artísticos, sorprendentes materiales y extraños términos acuñados a un movimiento. Y es que vivimos una época artística en la que parece que todo vale, que todo cuenta y que toda forma de expresión puede ser bautizada como ‘’arte’’.
Recientemente, en las redes sociales ha resonado un curioso término artístico que no ha dejado indiferente a nadie. Uno de sus padres, Antonio García Villarán, artista y profesor de la Universidad de Bellas Artes de Sevilla, nos habla de ‘’Hamparte’’ como medio y forma de clasificación de piezas y obras, las cuales debemos tener en cuenta que no, que no pueden llegar a llamarse arte. Este novedoso término, engloba las obras que quizás carecen de esfuerzo físico o psicológico, piezas vacías de alma y sensibilidad, un ‘’arte’’ en el que el nombre del artista va por delante de la propia estética en sí, siendo solo objetos creados sin necesidad de poseer un determinado talento. Y es que parece que triunfan más en las actuales ferias de arte, las obras que conjuntan con las cortinas de nuestro salón, que las que son capaces de crear experiencias y sensaciones en aquel que se muestra como receptor de la misma, pero eso sí, los precios serán desorbitados.
Yoko Ono, Damien Hirts o Daniel Buren son solo algunos ejemplos de actuales ‘’hampartistas’’ de renombre, con oportunidad de exponer sus obras en las salas de los museos más valorados del mundo, como el MOMA o el Guggenheim de Nueva York. Entre ellas podemos encontrar piezas monocromas, puntos de colores, vasos de agua medio llenos o medio vacíos, animales conservados en formol, e infinidad de formas geométricas. Aunque no habría que cruzar el charco para poder ‘’disfrutar’’ de este tipo piezas, ya que al pasear por salas del CGAC, René Heyvaert nos da la oportunidad de poder asistir a todo un catálogo de ramas de diferentes árboles, dispuestas en diversas posiciones.
En definitiva, todo un elenco de obras que no dicen nada, donde se pierde la verdadera esencia, el sentido más profundo, dando lugar a un arte que se convierte en una moneda de cambio. Capitalismo puro que ensucia las formas de expresión y las intenciones más sencillas de crear un sentimiento y una reacción en el espectador. Nadie puede negar que la primera vez que el Guernica apareció ante sus ojos, fuesen conocedores o no de lo que aquello representaba, sus primeras sensaciones fueron miedo, desconfianza, malestar y otros sinónimos un tanto negativos. Ahí está, el propio Picasso sin conocernos de nada, sin habernos visto e incluso perteneciendo a épocas distintas, ha sabido moldear nuestros sentimientos y crear en nosotros justo la reacción que el ha elegido. Sin embargo, no sabría decir muy bien cuales son las intenciones de Damien Hirts al exponer algunos sus famosos cuadros de puntos de colores.
Y es muy cierto que no existe una definición concreta y globalizada de lo que es y no es arte, y por tanto la subjetividad siempre irá ligada a este mundo, pero debemos diferenciar, priorizar, valorar y sobre todo poner un precio justo y consecuente con el esfuerzo, el talento o la estética de la obra.
Y es que siendo objetivos y críticos debemos pensar que no es justo, que no todo cuenta, no todo vale, y desde luego no, no todo es arte…

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