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MACHINE LEARNING: ¿Y SI EL APRENDIZ SUPERA AL MAESTRO?

La inteligencia artificial innegablemente ha provocado que nuestras vidas sean mucho más sencillas y favorables tocando prácticamente todos los campos posibles como la medicina, la educación, el transporte, la comunicación, etc. A estas alturas tenemos muy claro que la tecnología es un sector que avanza a un ritmo vertiginoso e imparable, algo que provoca intriga y entusiasmo, pero también preocupación y miedo.


Dentro de las últimas novedades en inteligencia artificial se encuentra la nueva apuesta de Nvidia: GauGAN, un programa que convierte simples bocetos realizados por una persona, en pinturas realistas. Para que la máquina sea capaz de completar esta actividad con éxito, es entrenada previamente con más de un millón de imágenes. El objetivo es que funcione como lo haría un cerebro humano. A partir de los bocetos y colores le estás indicando la información descriptiva que necesita para que mediante su red neuronal analice lo que le has ofrecido y sea capaz de crear basándose en el mundo real. Sin ninguna duda se ha creado una herramienta muy productiva que va a facilitar el trabajo de algunas personas como arquitectos o diseñadores de videojuegos, pero, ¿Limita este programa nuestra capacidad humana de creación?. Sinceramente, no lo creo. Pero, ¿Qué lugar ocupan entonces las máquinas dentro de nuestra sociedad?.

Las propuestas tecnológicas que en los últimos años se están poniendo sobre las mesa son muy numerosas y muestran como dejamos que inunden nuestras vidas hasta el punto de que las máquinas serán las que conduzcan nuestros vehículos, se encarguen de todos nuestros electrodomésticos y sistemas del hogar, o incluso predigan nuestro propio riesgo de muerte prematura. Son ejemplos de proyectos que ya están funcionando ahora mismo en distintas partes del mundo y que hacen que me pregunte: ¿Queremos que tomen el control?. Ya no analizan solo nuestras palabras, cada vez les otorgamos más y más información del exterior para aumentar su poder de decisión. Queremos que nos comprendan y actúen en consecuencia y para ello les damos oídos y ojos para que puedan detectar incluso nuestras emociones. El mercado de electrodomésticos inteligentes está a la orden del día y los ingresos que genera este sector no hacen más que aumentar. Éstos serán nuestros asistentes y cuidadores, los que dependiendo de tu estado de ánimo, temperatura corporal, tono de voz, alimentación y ritmo de vida, modularán y modificarán el entorno de tu hogar según consideren necesario para que tú te sientas mejor; llegando incluso a decidir que medicación debes tomarte en un momento determinado. ¿Estamos remando en la dirección correcta o les abrimos la puerta para que ocupen nuestro lugar?.
A pesar de todas las comodidades que la tecnología nos ofrece, somos conscientes de la polémica. La Unión Europea recientemente ha presentado una dimensión ética para la inteligencia artificial que consta de siete puntos:

  1. Supervisión por seres humanos.
  2. Garantizar la privacidad de datos de los ciudadanos.
  3. La I.A ha de ser transparente.
  4. Sistemas resistentes y resilientes.
  5. Debe tener en cuenta la diversidad social para que sus algoritmos no sean discriminatorios.
  6. Sostenibles y ecológicamente responsables.
  7. Deben rendir cuentas mediante auditores externos e internos.

La intención es buena, pero de momento, con poco que uno investigue por internet, es capaz de darse cuenta de que estos puntos todavía están lejos de ser respetados. Desde antes de que fuese incluso posible, el ser humano ha fantaseado con la inteligencia artificial. Estamos empeñados en que las máquinas sean cada vez más inteligentes, que cada vez sean más parecidas a nosotros. Cuanto más fiel sea su reflejo más fácil serán nuestras actividades diarias y menos responsabilidades tendremos que acarrear, menos tareas que realizar, menos decisiones que tomar… Actualmente las máquinas ya forman parte de nuestra sociedad y cada vez somos más dependientes de ellas. La recolección de Big Data es necesaria para que lleven a cabo la labor para la que están creadas, y a pesar de todas nuestras preocupaciones actuales relacionadas con la privacidad, no cesamos ni cesaremos en el intento de dotar de “vida” a estos seres artificiales. Vamos a permitir que tomen decisiones por nosotros basándose en unos datos que a priori les hemos facilitado con la correspondiente responsabilidad que esto acarrea. Se van a adelantar a nuestras órdenes y a actuar según lo que detecten en nosotros, ¿Qué pasará entonces si aprenden nuevos comportamientos y a actuar por tanto de una manera diferente?, ¿Qué pasará si el aprendiz supera al maestro?.

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