Pensamiento

Hombre, máquina y arte

Dan Brown, el archiconocido escritor estadounidense, introdujo en los primeros capítulos de su novela “Origen” un tema que despertó mi curiosidad. Recientemente se ha estado experimentando con inteligencias artificiales en diversos campos, entre ellos el arte. El protagonista de la novela, haciendo referencia a estas investigaciones plantea la cuestión de si la IA es la autora de la obra o lo es el programador.

En el artículo, publicado en la Vanguardia, titulado “La inteligencia artificial reinventa la pintura” nos explican como funcionan estas inteligencias artificiales y de lo que han llegado a crear; la “artesanal” labor del programador y las limitaciones de este tipo de programas; que las IAs no van a sustituir a los artistas; etc.

Aparte de esto, en el artículo se comentan una serie de cosas que dan pie a hacer cábalas. La primera pintura de la que nos hablan, “Edmond de Belamy”, se ha vendido en Christie’s por 383.000 euros. Esto suscita una pregunta: ¿al margen del valor monetario de la obra, tiene valor artístico? En mi opinión no tiene un valor artístico per se, pero si es digna de mención en los anales de la historia del arte, por ser la primera obra arte producida por una IA y comercializada como tal.

La tercera obra producida por una IA es un “Rembrandt del siglo XXI”. La IA ha sido capaz de crear una pintura al más puro estilo Rembrandt, hasta tal punto de ser calificado como un original. Esto por un lado devalúa la obra del autor (o la de cualquier otro que replique) pero por otro responde a si es posible separar al autor de su obra.

Hasta aquí vemos que la inteligencia artificial actual ha entrado pisando fuerte en el mundo del arte, pero por ahora no las podemos calificar de autoras, ya que su capacidad es bastante limitada y va determinada por el software creado por el programador. Pero ¿qué pasaría si se superasen estas limitaciones? En 2017, el departamento de desarrollo de Facebook tuvo que desmantelar a dos robots, con sistemas de inteligencia artificial, que habían diseñado para experimentar con procesos de negociación. Todo parecía ir bien hasta que los robots conversaban empleando palabras aparentemente aleatorias, pero en realidad habían creado su propio lenguaje; un lenguaje con un patrón lógico pero incomprensible para el hombre.

¿Que habrían sido capaces de hacer si no hubiesen coartado su “libre albedrío”? ¿Si las IA tuvieran autonomía, acabarían generando identidad? Y de ser así, ¿crearían arte?

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