Cine

Cómo actuar entre nosotras

Ahora que HBO ha fijado en Junio el estreno de una segunda temporada para Big Little Lies, me preparo para un segundo visionado de la primera parte, nada intenso, sólo de fondo mientras hago cualquier otra cosa, recordando detalles y disfrutando de la deliciosa banda sonora.

Cuando me decidí a verla por primera vez, fue algo inmediato. Actrices del éxito de Kidman y Witherspoon actuando y produciendo en una miniserie. Me imaginé un grupo de amigos de Hollywood cenando y hablando de proyectos en los que realmente les apetecía participar.
Pero me preparé también para un gran decepción, ¿Y si era todo un reclamo para que perdiera una hora sufriendo el piloto?
Por suerte Big Little Lies es una experiencia amena, agridulce e intensa por momentos, suave y con olor a sal por otros. Trata un crimen cometido en el entorno de varias madres de clase alta. Un crimen cuya víctima no se nos revela hasta el último episodio, centrándose en cambio en las vidas de ellas en Monterey.

Enseguida ví todos los episodios. Me dí cuenta de que al margen de la experiencia estética (El mar, la música, las mansiones), todas las protagonistas se apoyan en una sororidad que conmueve. No es que sean grandes amigas. Son más como conocidas. Todas son adultas muy centradas en su vida familiar. Pero se preocupan, se perdonan, se cuidan, se apoyan, se salvan, mienten las unas por las otras. ¿Porqué lo hacen?

Es quizás su feminidad que las empuja a esa empatía extrema, y más con aquellas que están en su misma posición al fin y al cabo.
La forma en la que las mujeres nos relacionamos entre nosotras puede estar sujeta a la eterna competición dada tanto por la biología como por lo social. Los aspectos competitivos que un día ayudaron a nuestra supervivencia reproductiva se han convertido en nosotros en algo más complejo que poco tiene que ver con el deseo de engendrar. Son hoy defectos en nuestro carácter que se han estimulado para el provecho de otros. Y se muestran así durante la serie.

Llegando al último episodio sin embargo, vemos en su plenitud la otra opción, guiarnos por lo positivo que nos ha dejado este extraño proceso evolutivo. La empatía, el cuidado. No exclusivos de las mujeres pero en muchos casos incentivados por nuestros cuerpos, y/o identidades, espíritus femeninos. Están ahí listos para protegernos de ese oscuro y obsoleto pasado de odio.

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