Pensamiento

Ser para creer

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“So, what came first – Gods or the people who believed in them?” – Mr. Wednesday

American Gods es una serie estadounidense desarrollada por Bryan Fuller y Michael Green para Starz. La primera temporada se estrenó en 2017 y actualmente está en emisión la segunda. La serie se basa en la novela homónima de Neil Gaiman (publicada en 2001) y sigue la historia de Shadow Moon, un hombre que pierde a su mujer y descubre su infidelidad el mismo día que cumple condena y sale de la cárcel. Será entonces cuando conozca al misterioso Mr. Wednesday, quien lo guiará hacia una guerra entre los viejos y los nuevos dioses, que iremos conociendo según avance la trama.

Se nos irán presentando en los diferentes episodios. Por un lado, encontramos a los viejos, encabezados por Odín, al que acompañan dioses y seres mitológicos de culturas de todo el mundo que, a través de la inmigración, han llegado a territorio estadounidense. Y, por otro, los nuevos dioses, cuya cabeza es Mr. World (la globalización), que guía a la diosa de los mass media y al dios de las nuevas tecnologías. Los primeros pierden creyentes en favor de los segundos, por lo que se ven amenazados ante un peligro de extinción inminente. Ahí está el punto que genera tensión, porque un dios sólo muere cuando nadie más cree en él. Shadow sería, como el espectador, el creyente que aún no sabe que lo es.

La serie trae a colación una gran cantidad de temas relevantes en la actualidad: económicos, políticos, sociológicos, raciales… Pero es obvio que el principal gira en torno a la cuestión de la fe y a la pregunta: ¿cómo se crean (y se destruyen) los dioses? E incluso: ¿qué es un dios? Y esta es una de esas preguntas que siempre importaron a la humanidad.

¿Qué es un dios? Un dios es una creencia ciega, un dios es fe. Cuando eres atea juegas mucho con esta idea, y sabes que somos las personas quienes creamos a los dioses a nuestra imagen y semejanza, y no al revés. Esto es algo que refleja muy bien American Gods, por ejemplo, cuando nos muestra la gran cantidad de Jesucristos que existen, y que convergen en la misma fiesta de la diosa de la primavera, reconvertida en la modernidad en una Pascua mercantilizada. La cuestión es que llevamos todos nuestros miedos o frustraciones, nuestras dudas e inseguridades, hacia una idea de divinidad que encaje con nuestros principios y nos pueda dar una respuesta. Y creemos en esa historia, una historia que hemos escuchado una y otra vez para que podamos repetirnos. Así creamos, y creemos, fe.Jesuses-on-American-Gods

Pero aquí ya he dejado de hablar de religión. Todo el discurso que se puede desarrollar a partir de un dios es una cuestión mucho más compleja que no cabe tocar ahora. Menos interesa en este punto la institución. Lo relevante aquí es la propia idea de fe, y es que todos los seres humanos necesitamos nuestros dioses personales. Un dios puede ser, efectivamente, el Jesús católico, pero también puede ser, como en American Gods, la globalización o el dinero. Un dios puede ser un icono televisivo, una diosa puede ser una cantante pop o una serie de moda. Lo único necesario es que existan creyentes, fieles, que adoren esa figura sin importar nada más, que basen parte de su identidad en esa creencia.

Esta es una noción interesante, porque empezamos a hablar de identidad. La construcción de quién soy yo es algo muy complicado, quizás el mayor tema de la filosofía. Y, al mismo tiempo, es completamente imprescindible a la hora de interactuar con el mundo. Y en esa creación entran en juego toda una serie de valores y principios, muchos apilados desde la infancia, en los que basamos quiénes somos. En un mundo donde existen siete mil millones de personas debemos definirnos: “yo soy yo, hasta aquí”. Esa línea que te diferencia es la que tú mismo construyes a tu alrededor a través de todas tus ideas y pensamientos: lo que somos da forma a lo que creemos, y lo que creemos nos convierte en lo que somos. Muchas de esas ideas serán defendidas a capa y espada, pues serán ideas en las que, a veces, creerás incluso ciegamente. En las que tendrás, simple y llanamente, fe. Ideas que tú mismo construirás y destruirás en cada momento de tu vida, pues una persona crece y cambia.

E ideas, por otro lado, que otros compartirán. Y aparecerá una comunidad en la que puedas sentirte arropado, donde no exista la soledad. Esa comunidad puede encontrarse en la sede de una iglesia, en un concierto o en un fandom. Así de compleja es la cuestión: la creación de estos dioses personales nos ayuda a definirnos como individuos, pero, al mismo tiempo, a instalarnos dentro de un colectivo mayor. Cuando ya no existan individuos en ese colectivo será cuando el dios finalmente muera.

En definitiva, todo ser humano se construye sus propios dioses, aunque no los llame así. Hay cuestiones en nuestra identidad que se mantienen por mera fe, por subsistencia. Esa admiración que no atiende a razones, esa terquedad y obstinación, el rechazo ante un cambio de parecer… Porque cuando ese dios se destruye, la persona colapsa igual que lo haría un ferviente católico en plena Semana Santa ante la caída de un Cristo crucificado.

Es totalmente comprensible. La ciencia ha avanzado tanto que, a pesar de darnos innumerables respuestas sobre el cosmos (el micro y el macro), es el propio conocimiento el que nos dice que es imposible conocerlo todo. El universo es inimaginablemente grande y se expande continuamente, hasta quizás desaparecer dentro de trillones y trillones de años, cuando el sol ya no sea ni un vago recuerdo. Y la insignificante vida humana tiene tanto sentido como que no tiene ninguno; o es 42, según la Guía del autoestopista galáctico (Douglas Adams, 1979). En el medio del caos y la incomprensión, nos agarramos a la esperanza de poder administrar nuestra propia existencia. Sobre la inestabilidad, cimentamos. Y eso es meramente fe. tumblr_m9nnjaoQeP1qe4308o2_500

 

 

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