Espacios

La obra más cara de ARCO 2019

Todos los años, la feria de ARCO celebrada en Madrid, recibe obras y propuestas que son criticadas, e incluso que generan sentimientos de rechazo entre los espectadores, quienes dudan y discrepan sobre el concepto de arte en el siglo XXI. El 25 de Febrero, dos días antes de que el pabellón del IFEMA abriera sus puertas para la inauguración de la feria, Renfe publicaba en su cuenta de Twitter la foto de un tren que de nuevo había amanecido pintado con graffitis. Al día siguiente, llevan a cabo una encuesta donde preguntan que deberían hacer al respecto, pero de modo irónico se responden ellos mismos asegurando que como siempre, tendremos que pagarlo entre todos. Tras esto, muestran en un vídeo como dos operarios de Renfe extraen y embalan una de las puertas de un vagón que había sido pintado, anunciando que van a convertirla en una herramienta de comunicación. Llega el día de la inauguración y con otro vídeo revelan el secreto, la puerta aparece colgada en un stand de ARCO junto al lema:

Esta “obra” ha costado 15 millones de euros. Y la hemos pagado entre todos. El graffiti es un lujo que no nos podemos permitir.

Insinuando que esa suma de dinero es lo que nos gastamos los españoles al año en la limpieza y medidas de seguridad contra los graffitis en trenes. Así comienza la polémica, convirtiendo el stand de Renfe en uno de los más visitados de la feria. Otra vez desde su cuenta de Twitter, los operarios lanzan la pregunta de si eso es arte, manifestando que ellos son defensores del arte urbano mientras sea siempre respetando los bienes públicos. Aquí cometen el primer y común error de pensar que el graffiti quiere ser arte, pues el graffiti es vandalismo en estado puro y en ningún momento pretende acercarse a los marcos y espacios legales. La gracia de pintar en un tren reside precisamente en que se trata de un tren, con la adrenalina y peligros que conlleva. Además, los propios escritores de graffiti saben que su obra será borrada esa misma semana y no durará mucho para que los demás la vean, es decir, lo hacen conscientemente para hacer la foto y escapar sin ser vistos. El graffiti es un juego, si trasladamos su espacio de trabajo a lugares donde pintar esté permitido, dejamos de jugar.

Por otra parte, es comprensible que la empresa esté cansada de limpiar estos estragos, sin embargo tratan de concienciar a la gente sobre el gasto de dinero que esto supone, gastándose más dinero aún para exponer en un stand de ARCO, por no hablar de el merchandising que te regalaban cuando llegabas allí (un imán y una bolsa de tela). Un método muy teatral que llamó la atención de todos los visitantes, pues ellos ya sabían que este tipo de obras polémicas son las que triunfan en estos ambientes, aunque no tengan un mensaje sostenible detrás. El precio inicial fue irónico, para llamar la atención, con la cifra aproximada de los gastos anuales, después iniciaron otra campaña a través de internet para ir bajando el precio a la obra. Cada tweet que sea enviado a Renfe junto al hastag #LaObraMásCara, rebajará el precio 2.000 euros, así hasta llegar a cero, que para la compañía es el precio que merece. Actualmente, dos meses después del evento, tan sólo han recaudado 258.000 euros ficticios. Finalmente parece que su campaña no ha tenido el resultado que esperaban, a pesar de que fue un caso sonado en un primer momento.

Para los graffiteros, lejos de concienciarles, esta situación les hace gracia, se lo toman como una provocación que les aleja más aún de Renfe y sus oficiales. Todos los días se pinta graffiti y todos los días se pintan trenes, y a pesar de que los escritores han desarrollado sofisticados sistemas para el acceso a las cocheras, casi todos los días capturan y multan a alguno. Las autoridades y guardias ya conocen su modus operandi, como el método del palancazo o el acceso por vía subterránea, por lo que a menudo se enfrentan a ellos o les esperan en las posibles salidas cuando ya es demasiado tarde. Este problema no es nada reciente, los graffiteros siempre han estado ahí y seguirán cogiendo más fuerza después de provocaciones como esta. Así funciona el juego, la policía es el gato y los escritores el ratón. Aunque sea común ver a jóvenes que se enfrentan a multas que oscilan entre las cuatro cifras, el vicio puede con todo y siempre vuelven a pintar con más ansia.

En definitiva, es cierto que la puesta en escena de la obra es ingeniosa, pues como si se tratase de un ready made, han cambiado el contexto y el mensaje de la puerta. Pero por otra parte, los medios y la inversión que supone llevar la obra a la feria restan credibilidad a la campaña, una queja por el gasto de dinero. La intención concienciadora de la empresa no hará menguar la actividad de los graffiteros, si no que más bien tendrá el efecto contrario. No podemos decidir cual es el sitio adecuado para pintar graffiti, pues su base es hacerlo en los sitios menos adecuados.

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