Cine

Con amor, Vincent

“Cada vez que las facultades de los hombres están en su plenitud, deben expresarse con arte”. -John Ruskin.

Si algo bueno tiene la sociedad es, sin duda, su capacidad de reinvención y originalidad a la hora de reelaborar el concepto artístico, en este caso fusionando el cine y el arte pictórico para crear no solo una película, sino un museo viviente capaz de poner patas arriba todas mis emociones. Loving Vincent es la experiencia de caminar en un mundo visto a través de los ojos de Van Gogh, hecho mediante la recreación de sus óleos, de su estilo, y de su historia (de forma reinterpretada, pero emocionante al fin y al cabo).

Algo que llama la atención y que no me esperaba (quizás porque estoy acostumbrada a las películas, simplistas, exageradas e inverosímiles de las grandes figuras de la Historia del Arte) es que no gira en torno a Vincent, sino en torno a su muerte y los acontecimientos que rodean a dicha tragedia. La película comienza alrededor de un año tras el “suicidio” del artista Posimpresionista. 

Por tanto, no es solo el giro argumental que posee la trama, el espectacular guión capaz de sobrecoger al espectador, o el esfuerzo titánico por parte de los y las artistas que pintaron uno a uno los lienzos que servirían de fotogramas, sino que es la propia película como conjunto lo que me hace afirmar haber visto una obra de arte en todo su esplendor en forma de una brillante propuesta visual por parte de la directora polaca Dorota Kobiela.

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