Literatura

Octavas partes nunca fueron buenas

Tras 10 años sin magia, el mago más famoso de la cultura pop, regresa junto a sus inseparables amigos. Eso sí, bajo los efectos del más poderoso hechizo de transformación: ahora Harry es un funcionario cuarentón, Ron un empresario graciosete y Hermione una ministra de magia con demasiado estrés. La historia da comienzo en el epílogo de La Reliquias de la Muerte, 19 años después de la muerte de Voldemort.

Harry Potter y el legado maldito” es el octavo libro de la conocidísima saga creada por J.K. Rowling allá por 1997. Esta vez el formato ha cambiado y se trata de una obra teatral. No está escrita sólo por Rowling, sino que ha contado con la ayuda de los dramaturgos John Tiffany y Jack Thorne, manteniendo la escritura y las escasas florituras de antaño. Esto querría decir que no cuenta como parte de la saga, pero sí como una historia oficial del mundo mágico. ¿Qué tal? Bien, porque esto va para largo.

Ser Harry Potter nunca ha sido tarea fácil, menos aún desde que se ha convertido en un ocupadísimo empleado del Ministerio de Magia, un hombre casado y padre de tres hijos. Mientras Harry planta cara a un pasado que se resiste a quedar atrás, su hijo menor, Albus, ha de luchar contra el peso de una herencia familiar de la que él nunca ha querido saber nada. Cuando el destino conecte el pasado con el presente, padre e hijo deberán afrontar una verdad muy incomoda: a veces, la oscuridad surge de los lugares más insospechados”.

El argumento oficial suena entrañable pero me gusta crear mi propia versión, digna de alguna de las entregas de Regreso al Futuro: Harry recibe la visita de Amos Digory y le comenta que conoce la existencia de nuevos giratiempos, de este modo le haría el favor de su vida si vuelve al pasado y evita que su hijo muera. Harry se niega, pero su hijo (Albus) accede a realizar esta aleatoria misión (podrían llamar a Doraemon también, porque sí) junto a Scorpius (hijo de Malfoy). ¿Nunca les han dicho que cambiar algo del pasado repercute en el futuro? Se ve que no y la cosa se pone fea.

Albus, el hijo de Harry, se muestra bastante resentido con la vida y con el “legado” que arrastra de su padre, ya que son totalmente opuestos y recibe muchas críticas por ello. Hermione y Ron son líderes de los rebeldes (no puedo imaginarlo), mientras el pobre Harry no pinta absolutamente nada en la historia. No me gusta la falta de buenos personajes como Neville, McGonagall (que continúa ejerciendo) o Luna.
Veinte años después de salvar al mundo mágico, el mayor desafío de Harry Potter es llevar el papeleo al día detrás de un escritorio. Mientras tanto, dos niños cuyos padres se odian crecen para convertirse en mejores amigos.

Esta cruzada emprendida por el hijo de Harry es tan innecesaria como la propia obra, a la vez que el argumento es cutre y raruno. La historia es rocambolesca, es un sí, pero no, más no que sí. En mi opinión, la saga terminó con la muerte de Voldemort. Todo lo que avanzaba el futuro eran páginas  de relleno. Los personajes no parecen tener la misma personalidad que tenian en los libros anteriores, todo lo que habian dicho que eran, desaparece sólo  porque se han hecho mayores.

El mundo de Harry Potter siempre estará ahí, pero quizá alguien debería decirle a Rowling que no es necesario resucitar a los personajes para seguir saliendo en las portadas. Esto es un spin-off de algo que no querría haber visto.

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