Cine/Otros

El viajante, ¿Historia de una humillación?

Asghar Farhadi, director de Nader y Simin, una separación (2011), vuelve a la gran pantalla y a las calles de Teherán con su ya oscarizada película El Viajante (The salesman). Reconozco que de no haber recibido el Oscar, y de no haber ocasionado Fahardi todo un revuelo mediático al no recoger su estatuilla como protesta al veto migratorio del presidente Trump, es probable que no me hubiese interesado por este film. Al leer la sinopsis, la película no parecía mostrar un relato de grandes proporciones: un matrimonio joven se ve obligado a abandonar su piso y mudarse a otro donde algo sucede con la antigua inquilina.

A pesar de esto último, la presión social pudo conmigo y una tarde de domingo decidí ir al cine a ver la oscarizada película.

Salesman

Shahab Hosseini y Taraneh Alidoosti

 

El viajante comienza mostrándonos cómo transcurre la vida de Emad y Rana,  un matrimonio convencional iraní: él, profesor en un colegio de Teherán; ella se dedica a realizar las tareas del hogar. Ambos comparten su afición por el teatro, forman parte de una pequeña compañía encargada de llevar a escena la famosa obra de Arthur Miller: Muerte de un viajante. Sin embargo, la calma del matrimonio se verá turbada cuando el riesgo de derrumbe del edificio en el que viven les obliga a buscar otro apartamento. Todo parece ir bien. Su nuevo hogar está situado en el último piso del edificio, es amplio, pues cuenta con dos habitaciones, e incluso Emad bromea con la posibilidad de tener un hijo en un futuro próximo. Pero no es oro todo lo que reluce: una de las dos habitaciones se encuentra bajo llave. La inquilina ha prometido sacar sus cosas al día siguiente, pero nunca llega. ¿Quién es esa mujer? ¿Por qué siguen sus pertenencias en una casa que ahora ocupan otros? Ropa, sofás, libros, una bicicleta, dibujos de un niño decoran la pared… Los vecinos murmuran; la anterior inquilina no era de su agrado: se trataba de una mujer que vivía con su hijo y recibía numerosas visitas de hombres.

Todo esto se presenta durante la primera media hora a través de un montaje dinámico que rompe cuando Rana es agredida en el apartamento. En el momento previo a que esto ocurra, el dinamismo se corta con la inserción de un plano secuencia que muestra a la joven abriendo la puerta del apartamento. Ella piensa que es su marido quien llama al telefonillo pero la imagen final que remata con el plano secuencia, la de una puerta entreabierta, hace que nos preguntemos quién   la atravesará y qué pasará a continuación, temiendo por el bien de Rana.

El espectador es privado de ver lo que acontece realmente. Nos situamos en el momento previo y posterior a que la agresión ocurra, por lo que desconocemos el rostro del atacante y qué ha pasado exactamente: ¿El agresor ha golpeado a Rana o también ha abusado de ella sexualmente? Desde mi punto de vista, esta pregunta es crucial a la hora de articular el discurso narrativo de lo que queda por venir. Ella niega que hubiese violación, mostrándose reticente a declarar ante la policía; se siente humillada. Sin embargo, el hombre deja sobre la mesilla de noche dinero. Con este gesto, el director insinúa de manera sutil que Rana sí ha sido violada, pues el hombre habría pagado por “sus servicios”, pero también es el desencadenante de que Emad se vuelva más insistente a la hora de buscar al agresor.

La ira, la violencia y la lucha interna de los protagonistas aumentan a medida que el film se aproxima al final. Las emociones son encarnadas a la perfección por los dos actores (Shahab Hosseini y Taraneh Alidoosti), llegando a tocar profundamente al espectador sin la necesidad de complejos recursos. La seriedad de Emad cuando descubre el asunto del dinero, el pausado diálogo que mantienen, los silencios… hacen que la habitación se tiña de un aura oscura, turbia, que en cierto modo acaba envolviendo al espectador.

Cabe preguntarse por qué Emad es tan insistente en la búsqueda del agresor cuando Rana parece querer evitar el tema a toda. Nuestro protagonista,  tan comprensivo al inicio de la película cambiándose de asiento en un taxi para no incomodar a una mujer, o bien cuando Rana llega del hospital, va acumulando una fuerte sed de venganza, estallando al encontrar al agresor, un viajante de avanzada edad. Como ya se ha mencionado, pretenderá humillarlo haciendo que confiese delante de su familia. Rana se opone a ello. ¿Por qué parece estar Emad más afectado por la agresión que Rana? ¿Por qué ella queda relegada a un papel secundario en la historia si es la víctima principal? Llegados a este punto, creo que es importante recordar el sesgo machista que tiñe la sociedad iraní. Este es el factor que condiciona de manera más importante el comportamiento de nuestro protagonista. La agresión a su mujer (fuese o no una violación) le ha sumergido en una situación de malestar.  Quiere encontrar al culpable, vengarse humillándolo como él ha hecho con Rana, pero también con su orgullo masculino.

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Farhadi aborda en su cinta un compendio de temas que van desde la venganza y los códigos de honor (tan presentes en los países musulmanes), hasta el papel de la mujer en la sociedad iraní, al tiempo que rinde un sutil homenaje al clásico de Miller. Todo ello transcurre en dos espacios fundamentales: los apartamentos de la pareja y el teatro; en un mundo real y otro ficticio. Esto le ayuda a crear un paralelismo entre su obra y la del americano. En ella se realiza una crítica a la sociedad americana de los años 40, así como de las relaciones humanas. Farhadi articulará dos mundos diferentes a través de recursos como la música (presente exclusivamente en las escenas que se desarrollan en el teatro) o la iluminación (pues contrasta mucho el tenebrismo del recinto teatral con la luz natural del ‘exterior’). Este paralelismo se acentúa cuando conocemos al viajante de la película y a su mujer; mantienen una relación tan intensa como la de Willy y Linda Loman, el viajante y la mujer de Miller.

Emad y Rana interpretarán a estos últimos personajes en la obra de teatro, creando un nexo entre la ficción teatral y su propia realidad, que culminará con la muerte de los dos viajantes. Sin embargo, Emad acaba desistiendo de vengar públicamente al agresor de su mujer; en su lugar, le devuelve el dinero que el hombre había dejado en la mesilla ¿Es este hecho suficiente para redimir su sed de venganza? ¿O realmente es la muerte del hombre capaz de devolver a la normalidad a una pareja doblemente humillada?

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