Pensamiento/Sociología

Gol-balización

Son incontables las líneas que se han dedicado a este deporte desde su aparición en la sociedad, allá por la segunda mitad del siglo XIX. E innegable es su presencia, lo vemos en las calles, en cualquier medio de comunicación, las escuelas, los bares, las tiendas… en nuestro día a día.

Pero como era de esperar una gran difusión siempre va ligada a grandes intereses económicos, y alguna vez, políticos. Y es tal su repercusión que siempre ha generado múltiples debates. Pero ahora nos interesa, el de si fútbol y cultura, tienen algún tipo de relación.

Muchos son los que relacionan fútbol con cierta “incultura” o, en ocasiones, con “dejadez política”, como un instrumento para que el pueblo no “piense en lo realmente importante”. Ya conocemos la famosa expresión “el fútbol es el opio del pueblo”, pero también hay quien lo acusa por el contrario, de ser un arma política más.

Cuesta saber si tiene entonces un vínculo con nuestra cultura. Hay autores muy reconocidos en el mundo de la literatura que han escrito sobre fútbol y escritores que han revelado inquietudes políticas y culturales de los propios protagonistas del balón. Grandes poetas como Alberti o Miguel Hernández, pintores ilustres o escultores en relieve, se han expresado artísticamente en torno al fútbol.

Sin olvidar que algunos de los más importantes arquitectos del siglo XX han sido los elegidos para la realización de muchos estadios que serán testigo de la ilusión allí contenida cada vez que haya partido.

¿Es entonces una forma de cultura?

Algunos de sus eventos deportivos son capaces de paralizar la vida de una nación y congregar ante un televisor a millones de personas de forma simultánea.

Es una cuestión interesante, fue cultura pues, el circo de Roma? Ya sabemos la conocida receta romana “Al pueblo, pan y circo”

Hay que tener en cuenta que para responder a esta pregunta sería necesario primero llegar a una definición cabal de la cultura. Y eso sí que sería una proeza.

Todos hemos escuchado alguna vez eso de “si solo son tíos sin ninguna otra misión que darle patadas a una pelota”. Lo que nos lleva a ver que sí, hay personas indiferentes al fútbol y luego están las personas que detestan el fútbol, incapaces de argumentar con algún tipo de conocimiento sobre el tema.

Hay muchos pensadores que consideran positivo que la sociedad olvide por un rato sus inquietudes y problemas cotidianos, ya sea dentro de un estadio o tras un televisor.

Esta idea podemos ponerla en relación con la creencia de que el ser humano es “violento por naturaleza”, o por lo menos cuando se encuentra hacinado por la masa. Y si algo es cierto, es que el lenguaje comúnmente utilizado, tanto por la prensa, como por jugadores y aficionados, podríamos catalogarlo como de “belicismo” deportivo.

Cuando hablamos de un evento futbolístico lo llamamos “enfrentamiento”, los equipos “atacan” y “defienden”, mediante “tácticas ofensivas y defensivas”, y al terminar, un equipo es el “vencedor” y otro el “derrotado”.

Pero personalmente, la verdad es que siempre he sido más partidaria de eso que dijo Rousseau una vez, “el hombre es bueno por naturaleza, y la sociedad quién lo corrompe”, aunque yo añadiría “además de sus circunstancias”.

Después de dos guerras mundiales, la Liga de Campeones europea es la competición más importante del planeta nivel de clubes, y un mundial de fútbol sólo tiene parangón con unos Juegos Olímpicos.

El conocido escritor Paul Auster dijo: “El fútbol es un milagro que le permitió a Europa odiarse sin destruirse”

Pero en mi opinión, el fútbol y lo que conlleva va más allá, es mucho más que eso. Gracias a su gran presencia en las calles, es realmente esperanzador mucho de lo que podemos ver detrás del telón, más allá del espectáculo, lo que genera en la gente.

Pocos acontecimientos hoy en día pueden congregar un intercambio de tantas culturas, como el que presencia el país anfitrión de un mundial de fútbol.

Además, al igual que el mundo del arte, se vio corrompido en el pasado ayudando a consolidar dictaduras como la de Hitler o Mussolini, y de ahí viene la ya mencionada frasecita relacionada con una famosa planta.

Si el fútbol está presente en la poesía, en la narrativa, en el periodismo, en la política o en la historia en sí misma, no es posible desvincularlo de todo del ámbito de la cultura.

A grandes rasgos, es un reflejo de nuestra sociedad. Hace 20 años, a nuestra selección se le conocía como la “furia roja” por su fuerza, capacidad de sufrir, insistir, consecuencias de la posguerra y el franquismo. Salía adelante con lo poco que tenía. Pero llegaron las décadas ’80 y ’90, y España cambió. Ya nadie recuerda la “furia”, ahora se habla de “La Roja y de su tiki-taka”. Otra sociedad, otro fútbol.

Brasil, el gran Campeón de todos los tiempos. Brasil y su sociedad son alegría, fiesta, samba… y fútbol. Allí vida y fútbol van de la mano. La Selección Alemana es ordenada, una maquinita perfecta, donde cada uno interpreta su papel sin el más mínimo error y nadie sobresale, no hay ni un Maradona ni un Pelé, ni un Messi ni un Ronaldo, pero sí varios Beckenbauer, Matthäus, Schweinsteiger. Italia en sí es una mezcla, el orden del Norte y la viveza del Sur.

Y a pesar de todo esto, no tiene porqué gustar todo el mundo, y hay quien puede vivir totalmente ajeno a él, o al menos, intentarlo. Al fin y al cabo sólo es un deporte. ¿Pero acaso un libro es sólo un libro?

Eso tampoco quiere decir que no sea cultura. Cuando algo es capaz de producir en ti verdadero estado de éxtasis, ilusión, frustración, tristeza o alegría… hasta hacer que te emociones, al igual que hace una novela que te llega al alma, o una película que te marca para siempre. Eso, queramos o no, es cultura. Porque cultura es aquello que nos define, que nos afecta, y que nos marca.

El triunfo de España en el Mundial de Sudáfrica fue la emisión más vista en la historia de la televisión española. El grito con el gol de Iniesta fue al unísono. Aficionados esparcidos por todo el territorio, e incluso desde otras partes de mundo, se unieron en una sola voz.

El fútbol se define como un juego pero va más allá, es un motor capaz de generar más ilusión y esperanza que un partido político, capaz de movilizar a más gente que en cualquier concierto, capaz de reunir la ilusión de mucha gente que ya no sabe en qué creer.

Y con la misma ironía, con la que está escrito el mensaje de la imagen de portada, la utilizo yo para esta mi opinión, sobre el fútbol y la cultura.

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