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La vieja tigresa o el erotismo en la senectud

Ya quisiera yo la ocurrencia de un título con tanto gancho. Sin embargo, el título de este artículo corresponde al último libro de Miguel Noguera, lanzado a la venta hará dos semanas, edición de Blackie Books.

Miguel Noguera… ¿Cómo describirlo? Digamos que es un tipo que se dedica a observar el mundo con ojos de niño cabrón, a escribir sus impresiones en una libreta y a dibujar cosas locas.

Entre sus otras facetas, de indistinguible sello nogueril, destaca como “humorista”. Pero no es un casposo humorista del Club de la Comedia, de chistes bobos, de arrebato cutre. El humor de Noguera, que algunos llaman poshumor, o humor absurdo, es mucho más. Noguera indaga los resquicios del mundo cotidiano, llevándolo a una dimensión surrealista, patética, violenta, abyecta.

Ahora bien, he comprobado en múltiples ocasiones que, si tratas de contar una idea, un concepto de Noguera, por el cual hayas batido dientes de forma histérica, a un tercero… no le hará ni puta gracia. Esto es porque Noguera hace gracia de por sí, con su cara, con sus risas y su continua evaluación en tiempo real de sus mismas bromas e ideas. Ejerce continuamente un metajuego, varios niveles de comprensión dentro de un proceso de autoreflexividad, un pensamiento circular que no lleva a ningún lado, salvo a mayores cotas de absurdo.

Ahora bien, cada idea de Noguera muestra una profunda lucidez, una perversa imaginación y una comprensión profunda de la volubilidad de las convenciones y la coherencia de lo cotidiano. Cada vez que te embarcas en una idea nogueril sabes que todo puede acabar muy lejos del punto de partida. Es una escritura delirante, un speech hacia lo desconocido, puede girar, volverse sobre sí mismo, inferir relatos dentro de otros relatos, dar en una lúcida idea, y acabar en una realidad alternativa, producto de la iconosfera más banal.

Una crítica /ensalzamiento de lo anodino, de las conductas adquiridas, de la hipocresía de las convenciones sociales, los formalismos, los tipos en traje, los pusilánimes. Una deconstrucción absoluta que nos hace inferir en el lado absurdo y a la vez fabuloso de la realidad más aburrida, un periplo por la filosofía más elevada del sinsentido, del existencialismo posmoderno, una revisión en clave dadaísta de lo más rancio y lo más sublime. Un tipo muy serio, muy serio, sin brazos.

Noguera explora los límites del humor. Pero también sus ejes centrales. Por ejemplo, una imagen: dos gorilas meando de pie en un acantilado. ¿Que habría ahí de gracioso?. Lo que comienza como una imagen arbitraria, una zafia coña marinera, podría derivar por una aguda exploración antropológica del mismo origen de la risa.

Noguera es un filósofo, ya no me cabe ninguna duda, su método: la más pura violencia; martillazos a lo políticamente correcto, un revulsivo más allá de toda moral, una exploración de los límites difusos entre la abyección, lo asqueroso, lo patético y lo risible, desternillante. Una defecación monstruosamente bella. Una caca bonita. Un patetismo heroico. Una risa cruel, lúcida.

Guillermo Rodríguez Alonso

El video-promo de “La vieja tigresa o el erotismo en la senectud”.

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