Pensamiento

Bienvenidos a las sociedades de control

“Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de virus. Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo”.

Gilles Deleuze, Posdata: sobre las sociedades de control.

1984 (1956)

Todo el mundo quiere creer que los avances tecnológicos han ocasionado una importante mejora de la calidad de vida de las sociedades actuales, sobre todo en lo que respecta al campo de la comunicación y el acceso a la información. A día de hoy podemos ver cubiertas nuestras necesidades básicas a golpe de click, saber qué está pasando al otro lado del mundo con una simple búsqueda en Google, e incluso saber cuál es la densidad de población de Calcuta echando un ojo a una entrada de Wikipedia. Todo se puede comprar y todo se puede saber sin que uno se mueva del confort del hogar. Vivimos más informados que nunca, pero ¿puede ser que también más alienados?

Bienvenidos a la época de las sociedades de control.

“Naturalmente, la policía de Anexia utilizaba un sistema tipo producido en serie para el  control de sospechosos, saboteadores y disidentes políticos. Sobre los interrogatorios de  sospechosos, Benway dice lo siguiente:

– Si bien en general evito el empleo de torturas – la tortura localiza al oponente y moviliza la resistencia – la amenaza de tortura es útil para inducir en el sujeto el sentimiento adecuado de impotencia ante y gratitud hacia el interrogador que no llega a usarla. Y la tortura puede usarse fructíferamente como pena cuando el sujeto ha adelantado en el tratamiento lo suficiente como para aceptar el castigo como cosa merecida. Con este fin ideé varias clases de procedimientos disciplinarios”.

El almuerzo desnudo, William Borroughs

Michel Foucault situó Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; llegando a su apogeo en el siglo XX. El hombre desde que nacía, estaba sujeto a diferentes leyes y sistemas de encierro: la familia, la escuela, las fábricas y eventualmente las prisiones o los hospitales. Pero esas sociedades disciplinarias, por todo lo que ha implicado la revolución tecnológica, han dado paso, casi sin que lo hayamos percibido, a otro tipo de sociedad con otros mecanismos de vigilancia y alienación: las sociedades de control.

La fábrica ha cedido su lugar a la empresa. El capitalismo ha mutado, ya no es un capitalismo productivo sino de superproducción en el que el papel de la fábrica como mecanismo de encierro y alienación se ha visto sustituido por el poder imparable de la empresa. La familia, la escuela, el ejército, la fábrica ya no son lugares analógicos distintos que convergen hacia un propietario, Estado o potencia privada, sino las figuras cifradas, pues vivimos en una mundo en el que el poder real lo ostentan administradores sin nombre.

En las sociedades disciplinarias, la modalidad del encierro –cárcel, hospitales, fábricas- ejercía la vigilancia sobre los sujetos que se escapaban a las leyes de la razón impuestas por los mecanismos institucionales. Todo aquel que se saliese de la norma sería encerrado, mil ojos recaerían sobre su nuca y, de este modo, el hombre sufriría un proceso de cosificación, dejaría de ser libre y se le reconduciría hacia la buena razón. Pero esto ya no es necesario, el control puede prescindir del encierro. La vigilancia en la era del control está más relacionada con tecnologías que con instituciones, hasta el punto de que las primeras rompen los tabiques de las segundas.

“La prisión no ha sido al principio una privación de libertad a la cual se le confiriera a continuación una función técnica de corrección; ha sido desde el comienzo una “detención legal” encargada de un suplemento correctivo, o también, una empresa de modificación de los individuos que la privación de libertad permite hacer funcionar en el sistema legal”.

Vigilar y castigar, Michel Foucault

panoptico

El Panóptico, la figura visual que vincula la vigilancia con el encierro, en las sociedades de control se convierte en un espacio donde la visibilidad ya no es “ocular”, ni siquiera se ejerce sobre la conciencia del vigilado, sino que, fundamentalmente, se trata de una vigilancia  relativa a la información. Esto es algo que se ve claramente al establecer una contraposición entre el Panóptico de Bentham y el Big Brother de Orwell, ya que aparece nítidamente dibujado el paso de la vigilancia “encerrada” a la vigilancia “genérica”, donde no hay límites para la visibilidad. Con la cárcel ideal de Bentham se cosifica a los sujetos encerrados desprovistos de su libertad; mientras que la máquina que todo lo ve de Orwell ejerce una vigilancia masiva sobre unos sujetos que viven en una libertad aparente.

Antes era el encierro; ahora es la información. Antes era la producción; ahora es la superproducción. Antes era la fábrica; ahora es la empresa. Antes era el Estado; ahora administradores sin nombre. Antes el Panóptico; ahora el Big Brother nos vigila.

“¿Cómo vas a tener un eslogan como el de “la libertad es la esclavitud” cuando el concepto de libertad no exista? Todo el clima del pensamiento será distinto. En realidad, no habrá pensamiento en el sentido en que ahora lo entendemos. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia”.

                                                                                                         1984, George Orwell

La cárcel ha terminado transformándose en el agujero negro de las sociedades de control en la medida en que la espectacularidad del castigo ya no se ejerce sobre el cuerpo sino a través de los medios de comunicación. Los sistemas de control se sirven de una serie de medios para producir masivamente una subjetividad prefabricada: medios de comunicación de masas, publicidad, sondeos, encuestas, estadísticas, etc. Y, de este modo, mientras el encierro pretendía que el sujeto fuera una masa inerte dispuesta a adquirir forma, una sustancia maleable a la que un molde le da su consistencia final; hoy en día, estamos sometidos a una suerte de molde que cambia paulatinamente de forma, al que vamos cada cierto tiempo adaptándonos y siempre creyendo que lo hacemos por propia voluntad.

En definitiva,  quienes controlan la información – que siempre es poder-  quieren que nuestra vida se rija, nos guste o no, por una subjetividad “massmediatizada”, pues, el moldeado intensivo ejercido por leyes de este nuevo capitalismo superproductivo desde la cuna, crea un de cierto tipo de individuo productor- consumidor a tiempo completo absolutamente controlado en su pequeña burbuja de libertad aparente.

Bienvenidos a las sociedades de control.

roto-informacion

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