Filosofía

Se abre el telón y aparece Zizek…

«Una obra filosófica seria debería estar compuesta enteramente de chistes» Wittgenstein.

Hay un viejo chiste judío que le encantaba a Derrida, en el que un grupo de judíos que está en una sinagoga admite públicamente su nulidad a los ojos de Dios. Primero, un rabino se pone de pie y dice: “Dios mío, sé que no valgo nada. ¡No soy nada!” Cuando ha terminado, un rico hombre de negocios se pone en pie y dice, dándose golpes en el pecho: “Dios mío, yo tampoco valgo nada, siempre obsesionado con la riqueza material. ¡No soy nada!”Tras este espectáculo, un judío pobre, corriente y moliente, se pone en pie y proclama: “Dios mío, no soy nada”. El rico hombre de negocios le da una patadita al rabino y le susurra al oído con desdén: “¡Menuda insolencia! ¿Quién es este tío que se atreve a afirmar que él tampoco es nada?” (Mis chistes, mi filosofía, Slavoj Zizek)

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Subversivo, reflexivo, comprometido, irónico. Cualquiera de estos adjetivos podría aplicarse a Mis chistes, mi filosofía, pero también al propio filósofo esloveno Slavoj ZIzek, a quien se ha calificado del “filósofo más peligroso de Occidente”. Yo no sé si realmente es el más peligroso –pues creo que los peligros los generan aquellos que realmente me asustan, aquellos que rigen las leyes del “verdadero” sentido común- pero, sin duda, Slavoj Zizek es el más divertido. Algunos lo llaman loco – precisamente porque se escapa de lo “comúnmente” establecido-, pero indudablemente hay método en la locura de este vehemente filósofo apasionado por la palabra. La razón de la sinrazón.

La reflexión filosófica a través de ejemplos, el uso de los cambios inesperados en los supuestos del sentido común, las construcciones retóricas basadas en un modelo dialéctico, la postulación de presuposiciones a ser derribadas, un compromiso radical con la historia de la filosofía occidental, o el rechazo activo a una exposición lineal de un argumento, son características estándar del estilo zizekiano. Estas características no pueden disociarse de su propia comprensión de lo que es la ideología, y su crítica de lo que debería ser. Si la ideología funciona por la estructuración de nuestra propia percepción de la realidad y su significado, se hace necesario luchar contra las representaciones ideológicas hegemónicas –y Zizek lo hace de forma diferente e irreverente-. Como la ideología constituye el horizonte de nuestro sentido, el establecimiento de los límites y contornos del orden social existente,  hace que la batalla ideológica tenga que ser articulada en torno a la representación ideológica, que constituye precisamente esos límites.

La forma de combatir la ideología capitalista tiene que ser ante todo una de la lucha contra los límites de nuestra comprensión, contra las líneas que separan lo posible de lo imposible desde el punto de vista de la situación, como Badiou lo pondría. Sin embargo, esta crítica tiene que ser realizada por la ideología capitalista dentro de sí misma, como uno de sus procedimientos operativos para ocultar sus propias carencias y contradicciones. Es precisamente aquí, donde el estilo de Zizek juega un papel crucial, pues nos impide calificar como algo externo  la teoría de la cual nace su forma, nos quiere impedir que veamos su estilo como una mera característica contingente de un personaje excéntrico.

Creo que deberíamos considerar como artificios teóricos como una herramienta indispensable del proyecto zizekiano que trata de desafiar la hegemonía del gran edificio capitalista, estructurado en torno a los clichés, antinomias y supuestos que dan sentido al común que regula nuestra vida cotidiana. El estilo de Zizek es un estilo parabólico donde se rompe cualquier horizonte de significado predeterminado, manteniendo, contantemente, una tensión irreductible entre puntos de vista diferentes.

Así, creo que podríamos decir, que el estilo zizekiano se asemeja al uso de parábolas que hace Jesucristo en la Biblia. Y puede que, si nos paramos a pensarlo, el cometido de ambos tampoco sea tan diferente. En ocasiones Jesús usó las parábolas como armas dialécticas contra líderes religiosos y sociales, como por ejemplo la “Parábola del fariseo y el publicano” y la “Parábola de los dos hijos”, pues para que el cristianismo triunfe, Cristo, debe desafiar todos los cimientos de las creencias ideológicas que sus súbditos daban por verdaderas antes de su llegada.

Los ejemplos o los chistes, por tanto, tienen un papel crucial en la teoría de Zizek. Muchos de sus detractores precisamente sostienen sus argumentos en una falta de reconocimiento de este tema, incapaces de comprender ni la inmanencia de este procedimiento para el opus zizekekiano, ni su posición correcta en la historia de la filosofía. El chiste de Zizek no es nunca una manifestación en particular de una idea abstracta. La relación es siempre subversiva, entra él mismo en un tipo de diálogo con la teoría que a la se refiere, y que, a mi modo de verlo, arroja nueva luz a la teoría, efectuando un giro, un distanciamiento de su punto de partida original.

Esto tiene el efecto de enriquecer no sólo nuestras concepciones filosóficas, sino también nuestra sensibilidad artística y litería, pues nos hace sentir el poder del humor, la metáfora o la parábola. Teoría y  ejemplo son igualmente implicados la una en el otro, creando una tensión implícita que corresponde al núcleo imposible de lo que la teoría pretende comunicar.

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“La lógica de la tríada hegeliana se puede transmitir perfectamente mediante las tres versiones de la relación entre el sexo y las migrañas. Comencemos con la escena clásica: un hombre quiere tener relaciones con su mujer, y ella le contesta: “Lo siento, cariño, pero tengo una terrible migraña, ¡ahora no puedo hacerlo!”. Esta posición de arranque es negada/invertida con el apogeo de la liberación feminista: ahora es la esposa la que exige sexo, y el pobre hombre, cansado, el que contesta: “Lo siento, querida, tengo una terrible migraña…”. En el momento concluyente de la negación de la negación que de nuevo invierte toda la lógica, transformando esta vez el argumento en contra en un argumento a favor, la mujer afirma: “Cariño, tengo una terrible migraña, ¡así que vamos a hacerlo para que se me pase!”. Y uno incluso puede imaginarse un momento bastante depresivo de negatividad radical entre la segunda y la tercera versión: tanto el marido como la mujer sufren migraña, y acuerdan simplemente tomarse una taza de té”. (Mis chistes, mi filosofía. Zizek)

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