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Spain is different, ARCO no es español y nosotros un poco imbéciles.

La feria ARCO se presenta con orgullo como el evento cultural español más importante de arte contemporáneo. Los medios de comunicación hablan, durante 4 días y con esas 4 mayúsculas, sobre el arte y su mercado; aunque a veces parecen tomarse muy a pecho lo de feria y las noticias giran sobre Baronesa Thysen y el encuentro con su nuera, ahora pintora, o sobre la ropa que lleva Ana Botella. A pesar de esto, se anuncia a bombo y platillo y ARCO se presenta como una oportunidad única para ver gran arte contemporáneo, un termómetro para el mercado del arte y  en Madrid pero, ¿hasta qué punto realmente ARCO es español?

Sin duda, es positivo que el Programa General de ARCO esté conformado por diferentes países, algo que ofrece diversidad para el espectador, comprador y seguro que un enriquecedor contacto entre artistas y galeristas, además de aumentar el potencial público y, por lo tanto, las expectativas económicas. Pero es que estamos hablando de una feria de arte contemporáneo en España donde no está presente el arte español, por lo menos no lo estuvo lo suficiente, desde mi punto de vista, este año 2015. Se crea así una paradoja en la que, aún por encima, nosotros ponemos la cama.

Empezando por lo de la paradoja, Carlos Urroz (director) argumenta que la feria debe ser internacional para ser solvente por la falta de fuerza del mercado del arte en España y eso es indudable, pero la no-apuesta por el arte español que este año ha orquestado IFEMA parece afirmar y defender la falta de reconocimiento y afincamiento del arte español más allá de los Pirineos y esto ha llevado a su vez a una internacionalización desmedida. Es la pescadilla que se muerde la cola. Éste año, de las 160 galerías que conformaron el Programa General, solo 60 son españolas; pero es que además, de ésas, solo 31 cuentan en sus filas con mas nombres de artistas nacionales que extranjeros.

Así, llegamos a la cuestión de la cama. Éste año se han destinado 4,5 millones de euros para llevar a cabo la feria y un tercio de esos millones para atraer y tener en palmitas a grandes coleccionistas del todo el mundo. Pero, ¿que se encuentran estas fortunas en el pabellón Juan Carlos I? De todo menos arte español. Si a eso le sumas el hecho de que les sale más rentable, por la apisonadora que supone el IVA cultural, comprar a galerías extranjeras, el esfuerzo se ve más inútil. Ahí estamos poniendo una cama de varios miles de metros cuadrados para Europa. No sé si es la vergüenza como país o la inseguridad, pero algo nos lleva innumerables veces a hacernos menos frente a Europa y creer que realmente somos menos, que nuestras galerías no están a la altura o que la feria no tendrá un buen nivel si se apuesta por el arte español con fuerza y de ahí, y solo de ahí, creo yo que sale la proporción 60/160. Quizá, sea ese sentir español de tirarse piedras contra su propio tejado y que lleva a decir a algún padre/madre gallego que su hijo/a está en inferioridad de condiciones al recibir clases en gallego y en cambio aplaude orgulloso cuando su hijo dice The Duero river. En todo caso, ese no es el tema, aunque en parte sí, ya que se defiende la diversidad de países en la feria pero no la diversidad de arte español. Dentro del reducido número de galerías que lo defienden, y a pesar de aumentar un 24% las solicitudes de galerías este año para formar parte del Programa General, ha disminuido la presencia de las galerías de la periferia española, de manera que nunca había habido tan pocas galerías no Madrileñas como en este año. Cataluña tiene ahora 11 galerías representándola frente a las 15 que acostumbran a ir,  Baleares seis y representan el punto más polémico Valencia, Andalucía, Galicia y País Vasco con tres y Cantabria sólo con dos. De esta manera, muchas han quedado excluidas de la feria más importante de su país y quedan relegadas, por supuesto, no a las cinco o seis grandes ferias internacionales, sino a las celebradas en países emergentes, las de arte emergente, las nuevas, las paralelas o las “satélites” de las más grandes. Algo que resulta paradójico de nuevo pues este año, intentando recuperar ARCO la idea de feria bisagra entre Latinoamérica y Europa, ha invitado a Colombia y en cambio escupe a las galerías de su propio país a hacer las Américas, donde están esas ferias emergentes y más económicas.

Tampoco quiero reclamar una protección desmedida de las galerías españolas que pudiese llevar a una bajada del nivel de la feria, ni una fiscalidad que impulse solo a la venta de arte nacional como ocurre en Brasil[1]; pero debemos confiar en nosotros para que los demás confíen y no al revés como sucede normalmente. Miremos un poco por nosotros, porque me niego a pensar que la falta de arte español en ARCO responde a que éste no pase los “filtros de calidad”. Porque calidad hay. Así lo demuestran las galerías etHALL, García Galería, The Goma y L21 que fueron introducidas en el programa Opening. Esta sección representó éste año la paradoja más esperanzadora. Frente a la no apuesta por el arte español en ARCO, por primera vez una de las secciones que más expectación levanta (desde que se crease hace 5 años) se abrió a la participación española. No sé a qué a tipo de “mente/s iluminada/s” vio correcto en las ediciones anteriores no apoyar a los jóvenes emprendedores españoles pero sí a los extranjeros. Parece que unas mentes iluminadas en la misma línea de las que han inventado la injusta palabra nini y han provocado una fuga cerebros.

[1] Para comprar arte extranjero los coleccionistas  deben darse de alta como importadores.

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