Imagen/Pensamiento/Redes

Google Earth y Dios

La omnividencia, anteriormente atributo exclusivo de Dios, ha llegado al hombre. No hemos necesitado un Prometeo que nos la bajase de los cielos, mas bien hemos coronado a Argos (el de todos los ojos) como epítome de nuestra civilización. El todo-ojo.

¿Qué siniestra pulsión nos empuja a verlo todo? ¿Qué hay de esa identificación entre ser y ser visto?

Parece que la ciencia ha terminado por hacernos creer que todo lo que existe es observable, y en caso contrario no existe. O mejor, que sólo existe lo que puede verse. El principio de indeterminación de Heinseberg no es más que un pequeño problema póstumo.

Lo que es visto existe por el mero hecho de ser observado, y aunque pueda estar condicionado por el ojo, eso no hace más que confirmar lo dicho.

Ser es ser visto. Curiosa deformación de lo que hasta el iluminismo (ya se delata) diechiochesco era una falacia. Esa luz que lo baña todo. Que anula la intimidad que reinó siempre en las eras de la magia, lo oscuro, lo velado. Esa luz-logos que pretende arrojarse sobre toda penumbra, que ha terminado por crear un nuevo dios, dios de luz como el antiguo, dios-ojo, dios Google Earth.

¿Cómo es posible que hayamos permitido que un engendro tecnológico haya cuadriculado, cartografiado (con el ojo y no con el dibujo, la mano) hasta el último milímetro de nuestro gran misterio, el planeta tierra? ¿En qué momento hemos matado la sombra, lo oculto? “Las cosas de vidrio no tienen aura. El vidrio es el enemigo número uno del misterio” dirá Benjamin… ¿Cómo hemos permitido convertir el mundo en vidrio?

¿Cómo es posible que durmamos tranquilos con un ojo cósmico vigilando todos nuestros movimientos y reduciéndo nuestro mundo a un ítem virtual multivisible?

Con Google Earth puedes, con un click de dedo, darle la vuelta a tierra de un modo obsceno, hacerla girar y bailotear cual humillado vencido. Hemos conquistado la tierra al fin, y no ha sido en barcos llenos de espejos, sino cabalgando un ojo inmenso, o un millar de ojos.

El ojo de dios, perdón, de Google Earth, se sitúa fuera de la tierra, pero la penetra, la viola con la mirada, … el voyeur definitivo.

Este horrendo viaje comienza en el Renacimiento. La perspectiva fue el método según cual el ojo ha ido enseñoreándose del mundo.El siguiente hito fue la iluminación eléctrica de nuestras calles. ¡Qué tristeza! ¡Hemos destruido hasta la misma noche! Le siguen los rayos X,¡El cuerpo ya no es un secreto! las cámaras de videovigilancia, ¡Observemos a nuestros congéneres como ratas! y al final del camino… ¡Google Earth!

Cada vez el mundo es más imagen y menos mundo.

Si el arte comenzó este horrible mundocidio, también nos puede otrogar cierto consuelo… ¡Ay el arte! Siempre adelantando a la ciencia…

Les presento la bicicleta Anti-Google-Earth, del artista Renaud Auguste-Dormeuil, proyecto titulado, con acierto “Contre-project-panopticon” (contra proyecto-panopticón), 2001. La bicicleta ostenta sobre sí un complejo sistema de espejos refractarios que hacen que quien pedalee gustoso este artefacto de invisibilidad no pueda ser detectado por la mirada de arriba (ni por aviones, ni satélites, ni nada). Es posiblemente el último reducto íntimo de la tierra. ¿Pero … qué ve el dios-google si escruta la bicicleta? Ve el suelo que reflejan los espejos. No oculta tras un panel. Verdaderamente vuelve invisible. Invisible al ojo divino.

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Un último apunte, quizá el más turbador. ¿Qué es lo primero que hacemos al entrar en Google Earth? A mí la respuesta me acongoja…

… Nos buscamos a nosotros mismos…. Nos aliviamos al encontrarnos.

 

Guillermo Rodríguez Alonso

 

 

 

Google Earth es la mirada del Otro puesto al alcance de nuestros ojos y de nuestra mano. Es la Otra mirada en uno mismo. Desde lo alto del cielo directa sobre la alfombra de mi living en tres segundos.

Google Earth es Dios en mí. Dios y Yo.

 Gerard Wajcman

Imagen portada: Odilon Redon. Eye-Balloon. 1878

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