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Tecnología para los pobres: ¿Filantropía o negocio? Neutralidad de la red.


El progreso suele quedarse fuera de las noticias. Las tragedias, como desastres naturales o acciones terroristas, dominan los titulares, porque son noticias impactantes e inmediatas. El progreso que ha salvado miles de vidas y creado economías es un proceso más lento, que crece persona a persona. Familia a familia. Día a día.

Bill Gates, Febrero 2015

Entre el pesimismo generalizado del  primer mundo con respecto al futuro aparecen voces como la de Bill y Melinda Gates, que proponen una lectura más favorable. Cada año, su fundación redacta una carta abierta en la que ambos repasan la situación de la pobreza en el mundo.

Además, este año Bill Gates ha colaborado con la revista digital de tecnología ‘The Verge’ como editor invitado, para producir una serie de artículos y vídeos pedagógicos que explican sus avances y su visión de futuro para el año 2030.

En esa misma revista, meses atrás se publicó un artículo sobre los planes de Facebook en relación a los países en vías de desarrollo. A través de su plataforma internet.org, Mark Zuckerberg, creador de la red social, quiere conectar a esos 2/3 del mundo que siguen sin poder utilizar internet, “la columna vertebral de la economía del futuro”, una herramienta básica para todos.

Sobre el papel, ambos multimillonarios (Gates lidera el ránking de afortunados publicado por la revista Forbes en 2014, mientras que  Zuckerberg, con sólo 30 años, se encuentra en el puesto 16) parecen poner sobre la mesa sus objetivos más altruistas.

Gates centra sus esfuerzos en 4 grandes categorías : educación, salud, banca y agricultura. Las cuatro áreas, por supuesto, son susceptibles a digitalizarse y mejorar gracias a los avances tecnológicos, por ahora sólo disponibles en los países desarrollados.

“Las vidas de la gente de los países pobres mejorarán más rápido en los próximos 15 años que en cualquier otro momento de la historia” (Carta de Bill y Melinda Gates)

El primer cambio, en la economía. Gates nos recuerda que la flexibilidad financiera (la posibilidad de guardar nuestros ahorros o de pedir préstamos) que damos por hecho en los países ricos no está disponible para los pobres. Cree que gran parte del problema está en los “costes fijos” que la banca tradicional implica (comisiones en los cajeros físicos, sueldos de los empleados de banco…) porcentajes de dinero demasiado altos para las pequeñas transacciones que los países en vías de desarrollo necesitan, y no pueden permitirse. En el mundo digital se reducirían tanto estas comisiones, dice Gates, que llegar a estos países por fin comenzaría a ser económico para los bancos y para la población.

Si resolvemos este problema, creando no sólo estructuras digitales, sino también legislativas (asegurando que el gobierno regule el sistema de transacciones) podremos comenzar a superar otros obstáculos. En el mundo de la agricultura, por ejemplo, la solución que propone Gates es impulsar el uso de transgénicos. (“Muy aceptados en EE.UU, peor vistos en Europa. África debe tomar la decisión de emplear estas herramientas, siempre reguladas, del mismo modo que lo están los medicamentos y por ello nadie cuestiona su utilidad” apunta Gates.)

Con una mejor banca, los granjeros podrán permitirse mayores gastos en fertilizantes más efectivos, mejores semillas (que aguanten sequías, resistentes a bacterias…), mejorando su nutrición y su economía, conociendo mejor el mercado gracias a las tecnologías de la información.

El siguiente paso está en la educación, cuyo primer obstáculo es la desigualdad entre géneros. Mejorar la salud de las mujeres y permitirles el acceso a la educación secundaria e incluso universitaria hará que se casen más tarde, que tengan menos hijos -mejor alimentados, reduciendo la altísima mortalidad infantil, 15% de media- y acelerando el proceso de mejora.

Junto a estas propuestas y teniendo clara la filosofía de enseñar a pescar y no regalar los peces (“Yo soy muy bueno multiplicando, pero ¿acaso no ha sido mejor crear Microsoft Excel que resolverles los problemas matemáticos a mis amigos?”), los objetivos y herramientas de Gates parecen claros.

Pero ahora nosotros volvemos a la plataforma de Facebook, ‘internet.org’. El progreso que busca la idea de Zuckerberg nace en los dispositivos móviles y el acceso a internet.

Mediante una alianza con diferentes empresas (Nokia, Samsung, Opera…) Facebook quiere hacer el acceso a internet “100 veces más asequible”. Para ello, quiere reducir costes en infraestructuras y limitar el peso de los datos -mediante la compresión de la información, mejora de las aplicaciones, etc.-. Produciendo móviles más baratos y acercando la señal a cualquier punto del mundo mediante tecnologías que no vienen al caso en este artículo.

El gran problema con la iniciativa de Facebook queda patente al entender cómo quieren lograr sus objetivos. Todo este sistema funciona a través de una aplicación, que comparte nombre con la iniciativa. El lema “cuanto más nos conectamos, mejores somos” comienza a diluirse. Mediante acuerdos con diferentes compañías móviles, Facebook da acceso gratuito a esta plataforma, que incluye varios servicios además de la famosísima red social -meteorológicos, de búsqueda de empleo, de información deportiva…-.

¿Dónde está el problema? La respuesta se encuentra en pleno debate actualmente, la famosa neutralidad de la red. Una discusión que no está tan presente en nuestro país, pero que puede cambiar internet tal y como lo conocemos. En resumen, quienes defienden la neutralidad de la red están en contra de lo que muchas compañías -como Facebook- propone. Esto es, dar prioridad (ya sea ofreciendo ciertos servicios gratuitamente o fomentando velocidades más rápidas, por poner dos ejemplos) a ciertas fuentes de contenido. Lo que en principio puede sonar atrayente al espectador (por ejemplo, contratar un servicio de películas en streaming que haya llegado a un acuerdo con la compañía telefónica, y que ésta dé prioridad de descarga a quienes empleen dicho servicio) se puede transformar muy fácilmente en un medio de censura.

Si se permite legalmente que las compañías proveedoras de internet discriminen los datos en función de sus acuerdos comerciales (y otro tipo de acuerdos aún más peligrosos, como las eventuales preferencias políticas) jamás existirá la libertad en la red.

Es aquí donde entra en cuestión todo lo propuesto por internet.org, ya que en vez de dedicarse a dar un acceso mejor a internet, se obliga a los usuarios a consumir la información que Facebook considera que deben consumir.

En resumen, decidimos presentar estos dos ejemplos, completamente diferenciados en intenciones y en herramientas para conseguirlas, para favorecer el debate sobre cómo se pueden utilizar la tecnología a gran escala. ¿Qué ideas tendrán éxito? ¿Afectarán tanto al mundo desarrollado como a los países pobres?

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