Filosofía

¿Política o policía? El 15-M y Podemos desde Rancière

 

“Llamo reparto de lo sensible a ese sistema de evidencias sensibles que al mismo tiempo hace visible la existencia de un común y los recortes que allí definen los lugares y las partes respectivas. Un reparto de lo sensible fija entonces, al mismo tiempo un común repartido y partes exclusivas”

                                                                                    El reparto de lo sensible, Jacques Rancière

Según Aristóteles, el ciudadano tiene parte en la acción de gobernar y de ser gobernado, pero hay un reparto precedente a este tener parte: el reparto que determina a aquellos que tienen parte, es decir, aquellos que son ciudadanos. Aristóteles, a pesar de afirmar que el animal hablante es un animal político, excluye de esta categoría al esclavo, aunque comprenda el lenguaje, pues participan en la razón tan lejos como para reconocerla, pero no de manera que la posean.

imagesXTKD6WOQPor lo tanto, el reparto de lo sensible no solo implica un intercambio de bienes sino una atribución de propiedad. Lo común se encuentra repartido pero, a lo largo de la Historia, siempre ha habido algunos que, por diversos motivos –esclavos, campesinos, trabajadores-, han quedado fuera de dicha distribución, sin voz. Y serán precisamente aquellos que no tienen parte los que transformen una comunidad en una comunidad política. La política tendrá lugar siempre y cuando los que han sido excluidos del reparto primordial afirmen su originaria y radical igualdad frente a aquellos que previamente los excluyeron, como seres dotados de lenguaje, a través de un acto de “disenso”.

Lo que hay que impugnar como una mala política es la propia línea divisoria, haciendo, de este modo, que toda acción política sea una acción estética, en el sentido de que para ello se requiere una reconfiguración en las condiciones de percepción de los sentidos, para que la actual configuración establecida entre percepción y significado, se vea perturbada por esos elementos, individuos o grupos que exigen no solo existir sino ser percibidos.

Este sería el contexto idóneo para la lucha política, ya que la verdadera política –no lo que nosotros entendemos como tal,  pues para Ranciére es policía- solo tendrá lugar cuando los excluidos se levanten y se reafirmen como comunidad que debe ser escuchada, poniendo en tela de juicio la legitimidad del reparto de lo común que las páginas de la Historia han ido escribiendo.

En este sentido, ¿fue el movimiento 15-M política? ¿Podríamos pensar a Podemos como la voz que se ha erigido, en España, representante de los excluidos de lo común, entendiendo lo común como el sistema capitalista?

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En mi opinión, con el 15-M nació en España un movimiento de lucha por parte de aquellos que no se sentían representados por los poderes políticos, que decían pelear por los beneficios de la ciudadanía pero sin dejar que el pueblo opinase sobre su propio gobierno. Al final me viene a la cabeza mítica frase -y muy recurrente a lo largo de la Historia-, “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Supongo que a algunos les podrá escandalizar  el hacer cualquier tipo de paralelismo entre el despotismo ilustrado y los sistemas políticos actuales. Depende de cómo se mire.

Se debe analizar el discurso del movimiento de los indignados desde un enfoque constructivista, que entiende la política como una actividad de lucha por el sentido y que, por tanto, asume que los hechos sociales solo se convierten en “datos políticos” cuando son enmarcados por determinados discursos o prácticas de producción de significado.

Lo cierto es que el 15M avejentó a las élites y a las narrativas oficiales, poniendo en evidencia el agotamiento de sus consensos, de sus certezas, de los marcos con los que se distribuían las posiciones y se explicaba el rol de cada cual en el contrato social o se canalizaban las demandas ciudadanas. Ayudó así decisivamente a introducir, en el sentido común de época, elementos impugnatorios del orden existente y que señalaban a las élites como responsables, agrupándolas simbólicamente y colapsando parcialmente, el juego de diferencias en el que descansa el pluralismo y la oxigenación del régimen político. Con todo, esta acumulación de pequeñas transformaciones culturales no afectó por igual en todo el país ni alteró los equilibrios de fuerzas electorales e institucionales.

Pero, ¿cuál era la demanda del movimiento que se elevaba ligeramente por encima de todas las demás? Por su abrumadora presencia en pancartas, coros y mensajes, parece que la frontera que delimita el campo político es la reivindicación de democracia –lo llaman democracia y no lo es-. La crisis de la representación, el no nos representan, adquiere sentido ideológico al identificarse con la minoría que ostenta el poder y busca su propio beneficio en detrimento de las necesidades sociales y la soberanía nacional y popular.imagesMT9T83GW

Podemos por su parte, es una iniciativa política cuya principal aspiración es convertir la indignación y el hartazgo social en poder político. Es decir, una herramienta puesta al servicio de la ciudadanía y su activación política, que piensa que lo más importante es trabajar para construir la unidad popular y ciudadana a favor de la democracia, lo cual implicaría cambiar el relato y la narrativa en torno a la crisis y la manera de salir de ella, así como crear una nueva hegemonía política y cultural.

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Sin duda, visto desde la óptica de Rancière, el 15-M es definitivamente política. Pero con Podemos surge el problema de la representación. Si entendemos que Podemos es una fuerza política que surge por el eco de las voces que durante meses retumbaron, día tras día, en la Puerta del Sol y en un sinfín de plazas españolas, para defender los intereses ciudadanos como sus representantes dentro del sistema político estatal, ¿estaríamos hablando de política o de policía?

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El 15-M fue la manera de sembrar un nuevo sentido común rupturista contra la falta de la democracia, y Podemos quiere convertirse en un instrumento más de esa sociedad activa. Pero nadie puede apropiarse de la sociedad movilizada y, por tanto, aquí comienza el debate.

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