Música

La línea fría del horizonte

capa-Vitor-Ramil

Quando está frio no tempo do frio, para mim é como se estivesse agradável,

Porque para o meu ser adequado à existência das coisas

O natural é o agradável só por ser natural.

Fernando Pessoa, Poemas Inconjuntos.

Miro a través de la ventana del lugar en el que escribo. Veo árboles en flor, campos verdes, casas de colores variopintos y superficies de tierra labrada. Al fondo percibo el constante murmullo de los coches que circulan por una carretera y, más allá, una extensa masa boscosa confluye con el cielo en el horizonte. Me pregunto si hay algo de ello en mí, si la cadencia orográfica de las montañas, el sabor de la tierra o el fino velo de la lluvia que matiza los colores imprimen un sello en mi persona, en mi identidad, en lo que soy.

Este es el interrogante que abre el cantautor brasileño Vitor Ramil cuando, a comienzos de la década de los noventa, decide redirigir su producción musical hacia el sur del país, su lugar de origen (la región de Río Grande do Sul, zona limítrofe con Uruguay y Argentina). Tras haber vivido varios años en Rio de Janeiro (capital financiera y cultural del país), Vitor Ramil empieza a reflexionar sobre su propia identidad y concluye que, lejos de sentirse atraído por el color, el movimiento y la alegría de Copacabana, que asociamos inevitablemente con el tropicalismo brasileño, su brasilidad está más cerca del frío, del chimarrão[1] y la melancolía propias de la zona sur del país. A partir de aquí su producción artística va a conciliar estos dos polos opuestos desarrollando lo que él ha llamado la Estética do frio, concepto subyacente a toda su obra artística y resumida en el álbum Foi no mês que vem, presentado hace unos meses en el Teatro Principal de Santiago.

Sentirse ajeno al ambiente tropical de Rio de Janeiro propició todo un pensamiento reflexivo acerca de la identidad en Ramil, acercándolo al sur. Este acercamiento le llevó a preguntarse qué es el sur, qué representa a ese sur no tropical, tan cercano geográfica y culturalmente a la pampa argentina y uruguaya. La respuesta fue evidente: el frío. Frente a la estampa tropical de carnaval, color, calor y movimiento, Vitor Ramil contrapuso la imagen típica del sur: un cielo azul y un paisaje tendente a la llanura, atravesado por un gaúcho[2] que, ataviado con un poncho de lana, cabalga tranquilamente hacia el horizonte. La imagen se opone al exceso, la redundancia y la intensidad y sugiere, en cambio, rigor, profundidad, claridad, concisión, pureza, levedad y melancolía. Aplicando estos siete conceptos al lenguaje musical, Vitor Ramil llega a la milonga como forma representante de esta plasticidad del sur. Al igual que el paisaje, la estructura formal de la milonga es simple y monótona, lenta, repetitiva, emocional, melancólica, reflexiva, épica y lírica, tensa y suave.

En la obra ramiliana el paisaje es fuente de identidad artística y personal. Una identidad que es sur, pero también norte. Una obra musical que es milonga, pero también samba y bossa nova. Huyendo de los cansinos tópicos folclóricos, del gaúcho heroico y del Brasil tropical, la estética del frío se convierte en un viaje introspectivo e intimista que, lejos de ser un pastiche artificial de sonidos impuestos en formas musicales ajenas a ellos (perversión artística, musical y estética que tan a menudo escuchamos en la obra de ciertos músicos), convierte la tensión fronteriza en una obra de ricos matices sonoros. Introducir el canto suave, propio de la bossa nova, en la milonga, comúnmente interpretada con una voz fuerte, e interpretarla con la misma naturalidad con la que se canta cualquier canción, supone asumir que el hecho de adoptar un personaje/figura musical como objeto de culto sacralizado para afirmar la propia identidad es, en realidad, fragilizarla.

La identidad, expresada mediante la estética del frío, es la base conceptual de la obra artística de Vitor Ramil. Esta surge del paisaje y de la exploración interior para convertirse en forma (en Ramilonga), pero también en contenido. Escuchar los treinta y dos temas de Foi no mês que vem supone iniciar un viaje con un doble carácter intimista y geográfico. La poética de Ramil construye personajes, identidades individuales que habitan Satolep (anagrama de Pelotas, ciudad natal del músico). A través de la milonga, la bossa nova, la samba o el tango nos introducimos en su subjetividad, paseando por las calles de Satolep o de Porto Alegre, pensando en el sentido de la existencia mientras pisamos hojas de periódico. La ciudad se transforma en una canción, “chega em ondas a música da cidade/também eu me transformo numa canção”, y nos convertimos en un flanêur que vaga por los tejados de Bela Vista, recorre las calles mojadas desde el Alto da Bronze hasta la Cidade Baixa y se pierde en un tango de paraguas en la Plaza XV.

Para Ramil, escribir es un acto confesional. Su ser habita en sus canciones, arquitecturas sonoras que construye de forma natural, sincera, sencilla, mirándose a sí mismo y proyectando su mirada fría sobre el mundo. Una mirada intimista contenida en una música intimista, resultado de la unión de dos torrentes musicales que convergen en un terreno de sinergia: la identidad. El conocimiento de uno mismo, la necesidad de saber qué y quién se esconde en el otro lado del espejo impulsan la creación ramiliana. La estética del frío se convierte así en un viaje a través del cual se explora esta identidad. Una identidad formada en el presente a partir del pasado, pues sin la memoria, depositaria de nuestros recuerdos, de nuestras experiencias (tanto individuales como colectivas), nada somos.

[1] Infusión que, al igual que el mate argentino, se elabora con hojas de hierba mate.

[2] Tipo de vaquero característico de las llanuras de Argentina, Uruguay, Paraguay, parte de Bolivia, sur de Brasil y sur de Chile. A partir del siglo XIX se convirtió en un estereotipo folclórico al identificarse con un personaje épico que vive en armonía con la naturaleza, opuesto al avance del progreso personificado por la figura del ciudadano.

Anuncios

Un pensamiento en “La línea fría del horizonte

  1. A medio camino entre o Joao Gilberto y el tajante acento de un Julio Sosa, la tropicalia del frío., te recomiendo al Seu Jorge, me recuerda a ese fraseo helado del que hablas. Muy inspirado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s