Moda

La nueva redención del “Hiroshima chic”

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El mundo de la moda es un imperio liderado por lo secular y  mediocre. Fomentado su triunfo, arrincona a la víctima hasta dejarla engullir por la masa de la credibilidad basura. El paso de sus cómodos patrones estéticos atragantados es el paso de inseguridades hechas seguridades. Desde un ejercicio de descréditos el cadáver se abre desde un contínuo despropósito de amor/odio uniformado, en el que ayer tenía sentido y hoy no, y en el que mañana se rezará por su resurrección. En pleno ejercicio discursivo, la bipolaridad de la moda consume al espectador, contento en su papel de receptor sumiso a plantearse a desear lo que detestó durante mucho tiempo; en definitiva, la moda enseña a reconciliarte con tus peores enemigos.

La moda se entretiene  en la repetición de lo seguro y cobarde, hacia el tánathos de la mass-media, su alusiones, prostituciones pop y abuso iconológico, la burladísima idolatría del  monstruo totémico y engullidor de la falacia posmoderna. Llega esa banalidad (irremediablemente cautivadora) como el nuevo gran revival subliminal de un discurso estético de algunos diseñadores como arma de seducción para que tú, temible mofa de tendencias, sientas comodidad  digiriendo basura y la poética de la mercadotecnia se mastique bien.KAWAKUBO

La japonesa Rei Kawakubo presenta su colección de otoño/invierno de  2015 bajo un desfile telúrico, más allá de lo convencional. Quien conozca su obra sabe que de nuevo se exige a sí misma, siempre dubitativa, imperfecta, que al fin y al cabo es lo que le hace competente. Parte de ese espectáculo, un “réquiem” en la actualidad, el poder de los colores como el negro, el blanco y el dorado, matices de expresión de la propia diseñadora. Auras bizantinas, modelos-relicarios de siluetas indefinidas bajo múltiples tejidos complejos, encajes deconstruidos, victorianos, muy en relación con la aneterior colección de 2012 White Drama. Novias recogidas en marañas de sudarios desfilan hacia el altar retrocediendo bajo una fantasmagoría irreverente, romántica. Las modelos caminan entre un purgatorio virtual, acompañadas de la música de Max Ritcher, ‘On The Nature of Daylight’… nunca hay tacto, solo presencia prístina, giran, mirándose bajo una levísima expresión de” Novias rotas”. Kawakubo no busca la forma preexistente. La clave de su proceso es el hecho de que incluso la tela, la materialidad de la proposición de que  mueve su trabajo, se convierte procesual, orientada hacia un encuentro tentativo y abstracto, traspasando la materialidad hasta el límite.

La moda conceptual rompe con ferocidad la timidez de discursos edulcorados y excesivamente repetitivos. Este eslabón intelectual y mejorada promesa de redención estética dio lugar a muchos cambios en el sistema de la moda establecida, rompiendo radicalmente con el paradigma histórico de lo convencional hacia lo singular e individual, hacia la práctica del diseño de vanguardia, tan evidente en su impactante deconstrucción velada y revelada, incompleta, propagando constantemente nuevas ideas, nuevos materiales y nuevas direcciones de diseño que se adaptan a la forma de vida moderna, como ejercicio en el entorno creativo del diseño que reinterpreta el nexo hacia un orden mental en usos y funciones entrando en el ejercicio del desuso.

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Kawakubo es parte de una ola de diseñadores japoneses que adoptaron estos conceptos en su trabajo, como Issey Miyake o  Yohji Yamamoto, sin faltar titanes occidentales como Vivienne Westwood, Martin Margiela  y Gareth Pugh. Una especie de Santa Teresa de la moda, nihilista posmoderna feroz,  rompe y deshecha el Ídolo en broma para luego reinterpretarlo. Sus piezas descosidas, rasgadas, aniquiladas, flotantes, recicladas hacia la fatalidad más floreciente, una pobreza consciente, dotan de una revisión gigante al escándalo de moda que a muchos les costaría diluir pensando en la hipotética pérdida de su armonía y utilidad. El cerebro de la marca Comme des Garçons se niega a la temporalidad, y al negarse a la combustión espontánea hace de lo bello feo, y dirige lo feo hacia la desorientación sublime.

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Es la responsable de uno de los grandes bastiones de la vanguardia y el diseño de la vieja Europa, la tienda Dover Street Market de Londres. Sus Guerrilla Stores -tiendas efímeras fuera del circuito comercial- y sus colecciones suelen estar más cerca de la teoría que de la superficialidad de las tendencias. La llegada de Comme des Garçons a París coincidió la llegada de una moda intelectualizada e intensa. Oscura y reflexiva, de profundo significado, Japón trajo las sombras veladas del negro. “Hiroshima chic” la llamaron  algunos críticos. Pero Kawakubo y la armada japonesa de la moda venía con una nueva mirada y sensibilidad  mucho menos frívola a los salones parisinos y a la estética que regía los patrones occidentales.

Encuentro belleza en lo inacabado y el azar. . . Quiero ver las cosas de manera diferente a la búsqueda de la belleza. Quiero hallar algo que nadie ha encontrado nunca. . . no tiene sentido crear algo predecible

Rei Kawakubo responde a necesidades vitales y contextuales. La historia de Kawakubo de desafiar tropos tradicionales de la moda y el cuestionamiento del status quo en términos de estilo, la construcción, la fabricación, la presentación, la comercialización y la distribución se ha hecho patente en su pensamiento y su filosofía del diseño. Una enorme innovadora de su tiempo, parte de esas mujeres que desafiaron la autárquica presencia masculina en el mundo de diseño de moda basando su discurso en torno a la deconstrucción y reconstrucción, la personal recontextualización de estilo, del color, del material, de ideas, de lo distorsionado. Defiende ardientemente la creatividad pero se niega a hablar sobre cómo funciona la suya. Parece que Kawakubo, alérgica a la ortodoxia, ve estas distorsiones proyectuales lejos de comulgar con el género como ejemplo de lo “real” en vez de lo “natural”. Cuerpo y vestido alteran funciones,  muy en consonancia con la práctica posmoderna  donde la auto-crítica y la auto-reflexión desafían  las normas de vida y  sociedad convencionales. Kawakubo propone un modelo de mujer que dista mucho de la visión de otros diseñadores: “Muchas veces me han dicho que cuando la gente lleva mi ropa se siente poderosa y libre. No es esa mi intención ni mi objetivo cuando comienzo a diseñar una colección, pero es el resultado natural de luchar tanto en su creación. Eso implica, por tanto, un esf3uerzo para llevarla

Es, de ese modo, en un ejercicio deliberado de caos conceptual, lo que muchos desearíamos: desgarrar, superponer, difamar la infamia que detesto, esas taras del patrón y la incómoda levedad del disgusto experimentado por la maraña y el resto visible en el alcantarillado urbano. Negar la armonía del orden, el logos que nos condena a vagar en la intemperie de lo común ya denostado y entregarse a la insoportable necesidad de la sombra, del bulto, del vacío, de lo irreal. La ropa de Kawakubo es a menudo la arquitectura en su concepto, una construcción en el espacio y decididamente resumen en términos de patrón de decisiones. A la suerte de objetos encontrados, la delicada filigrana de lo textil caótico y la idealización deliberada de lo atípico viste cuerpos imbuidos en una indefinición los cuales, bajo la tradición del kimono, se convierten en una estructura en la cual habitar.  Hizo falta la mano asiática, la decapitadora literalidad de originalidad y razón de las voces de la minoría hacia ese valiente desafío ante la noción de anti-moda /anti-dogma digna y perseverante a través del medio.

5Para los japoneses, la elegancia y el refinamiento no se relaciona con glamour, o con estatus o la clase, conceptos que muchos luchan por desechar. En este contexto, se puede entender por qué Rei Kawakubo no quiera ser asociada con la alta costura, limitándose a mostrar sus diseños en las proyecciones colección prêt-à-porter. A lo largo de la historia, el amor por la moderación, un tipo especial de sutil belleza, perfección incompleta, la sencillez, la irregularidad, lo perecedero y la sugestión de los sentidos se han inculcado a los términos estéticos contemporáneos. Ese respeto sintoísta del Japón comulgando con su medio, el permitirse cuestionar el significado y su destripamiento contextual. Porque para Kawakubo el vestido no es vestido, y el sentido convencional y funcional peca de desinterés. Porque los diseños de Kawakubo son, digamos, una alternativa más culta y creativa a nuestro padecimiento. No deja de ser un blanco fácil de infección atómica posmoderna; aun así, ante la alternativa actual tan vacía e insignificante, SÍ a la decadente y noble deconstrucción de una imaginería de hedor estético hacia lo soberbio.

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4 pensamientos en “La nueva redención del “Hiroshima chic”

  1. Me encanta, de hecho me superhiperencanta, has dado rienda suelta a los lados empalabrados de las telas como lo que son, nuestra mortaja mientras estamos vivos., una pantomima que vale la pena copiar de este minimalismo en filosofía y conceptualismo por obligación y que vale la pena llevar a los nuevos ballet de los nuevos diaghilev, nosotros en las calles de centros comerciales en esas grandes ciudades capitales de moda y respiración donde te puedes ir al supermercado con una de esas estructuras., en todo caso me atrevo yo siempre tan enamorado del maniqueísmo del trés chic parisino, kawakubo origina unas siluetas muy del gusto francés como capital., pero me encanta por eso, es eso de la conexión Tokio París al cielo.

  2. Efectivamente,La conexión Kawakubo minimalismo-tokiota con paladar occidental del que muchas veces tú y yo hemos hablado. Irremediable Japón rindiéndose a los brazos del París de los 60 y a la venus chic liberada de veladuras!.

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