Comic/Literatura/Otros

Crónica de la visita de los piratas del Sombrero de Paja a España.

Tras haber publicado dos one-shots (historietas de un solo capítulo) protagonizados por Monkey D. Luffy, un niño de goma cuyo sueño es convertirse en el rey de los piratas, titulados Romance Dawn en 1996, Eiichiro Oda da comienzo a One Piece en 1997. Con 783 capítulos recogidos en 76 tomos, su autor confiesa que tan sólo va por la mitad de la historia. El argumento no difiere mucho de otras historias épicas o, incluso, del manido género de las road movies. Monkey D. Luffy abandona su pueblo natal, ya adulto, con el objetivo de encontrar una tripulación que le permita convertirse en el rey de los piratas. Tampoco el carácter de su personaje principal es muy distinto al de otros protagonistas de mangas (Fairy Tail, Naruto, Dragon Ball). Luffy es irracional, impulsivo e infantil.

Pero si la historia tan sólo se centrara en la lucha por los sueños no hubiera sido capaz de mantenerse desde 2008 como el manga más vendido. En un universo en donde las frutas (akuma no mi) confieren poderes especiales a quien las come, existen las sirenas y los hombres pez, los renos pueden hablar y practicar la medicina; Eiichiro Oda ha conseguido encajar referencias a nuestro mundo y a nuestra realidad. La revolución capitaneada por el padre del protagonista, Monkey D. Dragon, contra una sociedad estamental sustentada por el Gobierno Mundial que protege a los denominados Nobles Mundiales, nos recuerda a la Revolución Francesa. El arco de Arlong o el del Archipiélago Sabaody se refieren a la esclavitud de forma directa. Y la búsqueda de la arqueóloga Nico Robin por conocer la verdad sobre “el Siglo Vacío”, alude a la censura. Eiichiro Oda ha demostrado que su conocimiento acerca de los hechos históricos es profundo y a lo largo de los 783 capítulos ha plasmado su saber y admiración hacia la cultura occidental mediante diversas referencias que no han pasado desapercibidas.

A día de hoy, con la publicación del arco de Dressrosa, el mangaka ha tendido un puente entre Japón y España/ Inglaterra. Oda ya lo había hecho antes al ponerle el nombre de Donquixote Doflamingo a uno de los siete shichibukai (piratas al servicio del Gobierno), referencia al archiconocido personaje creado por Cervantes y al animal rosado. Su admiración por el literato no se queda en la mera referencia en el nombre de un personaje que al principio del manga aparece como secundario, en el arco de Skypiea nos presenta a Gan Fall “el Caballero Celestial”, cuya apariencia es calcada a la del famoso hidalgo. Con la saga que ahora mismo desarrolla en Dressrosa, Oda recupera al shichibukai y uno de los once supernovas (la nueva generación de piratas con recompensas superiores a 100 millones de berris), Trafalgar D. Water Law, y nos introduce el personaje de Donquixote Rosinante en una historia que se inspira directamente en el enfrentamiento entre España e Inglaterra.

Dressrosa, oh Dressrosa, ese reino en el que las mujeres, apasionadas, apuñalan a sus amantes. Sus habitantes disfrutan del sabor de la paella mientras de fondo suena una guitarra que hace que las mujeres se muevan por la tarima ondeando los volantes de sus vestidos. Su mayor atracción son las espectaculares luchas a muerte entre gladiadores amenazados por peces-toro de lidia que suceden en el Coliseo Corrida. Y su rey no es otro que Donquixote Doflamingo, un nombre que ahora sí, y gracias al uso magistral de las metáforas, comprendemos en su totalidad. Oda apela a nuestro bagaje cultural, a nuestro conocimiento (general) de la historia y de los tópicos para ofrecernos su propio punto de vista sobre la historia de un enfrentamiento, el de Inglaterra y España en la batalla de Trafalgar.

La alusión al mundo anglosajón va más allá del nombre del ya citado pirata Trafalgar Law. Oda toma los nombres de los palos de la baraja inglesa (corazón, pica, diamante y trebol) para nombrar a los oficiales fieles a Doflamingo, quien a su vez es conocido como Joker, el comodín. De nuevo Oda hace un alarde de erudición al utilizar el pseudónimo del shichibukai para referirse no sólo al término con el que el mundo norteamericano denominó al comodín de la baraja inglesa, sino que también es una alusión directa al villano de DC.

OP

De izquierda a derecha: Trafalgar Law, Gan Fall y Donquixote Doflamingo.

Todos los lectores sabemos cómo va a acabar el enfrentamiento, cómo va a culminar la venganza de Law contra Doflamingo, conocemos la Historia, pero no por ello la narración pierde atractivo o interés. El uso de metáforas no hace sino enriquecer el relato que durante años Eiichiro Oda completa semana a semana. Y cada semana alcanzamos a comprender la inmensidad del universo que ha creado, lo que parecían datos aleatorios o personajes secundarios revelan la complejidad de una historia que requiere una segunda, tercera e incluso cuarta lectura en la que aplaudimos con admiración a nuestro héroe japonés y su virtuosismo a la hora de hilar (finamente) los acontecimientos. Oda se une así a esa tradición nipona que recoge la influencia del mundo occidental y nos recuerda, una vez más, por qué debe ser considerado uno de los más grandes mangakas de todos los tiempos.

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