Redes

Yoko Ono y el arte expandido en twitter

Yoko Ono lockte schon vorab die Massen nach Krems

Vivimos inmersos en lo que Lipovetsky y Serroy han denominado la era de la pantallocracia. Nuestra vida y nuestra relación con el mundo y con los demás dependen de una intercomunicación y convergencia de pantallas. Pantallas multiplicadas que tenemos en nuestra casa y en nuestro bolsillo. Pantallas -ventanas- que nos dan acceso a un sinfín de propuestas artísticas -música, net.art, webseries,…- y hasta nos permiten viajar. Y, como no, pantallas a través de las cuales interactuamos socialmente con nuestros amigos -amigo, ese concepto que en el mundo cibernético merece ser revisado-, convirtiéndonos en sujetos casi virtuales que dispensan tantos “me gusta” -en versión pulgar hacia arriba- como un niño mirando un catálogo de juguetes en vísperas de Reyes.

El campo de las redes sociales es, sin duda, uno de los más utilizados por el cibernauta a nivel planetario. Desde Tokyo a Buenos Aires, pasando por la aldea de nuestros abuelos, todo ser humano con un teléfono y conexión a Internet tiene un perfil en Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr o cualquier otra red social. Codificamos nuestra identidad en nombres -de usuario- precedidos por arrobas y anteponemos a cualquier concepto una almohadilla. Reducimos nuestros pensamientos a 140 caracteres o los publicamos en un post. Y quizá como consecuencia de tanto acceso informativo, compartimos información banal, damos los buenos días por activa y por pasiva y nos convertimos en amantes del primer objetivo fotográfico que pase por nuestras manos.

Obviamente, el arte no es ajeno a toda esta orgía informativo-social ofrecida por las redes sociales. Artistas como el francés Jimpunk o los ingleses Daniel Jones y Peter Gregson utilizan twitter como material creativo -el primero con el proyecto reCAPACHAT, una interfaz mediante la cual cualquier internauta genera un mensaje aleatorio en un perfil de twitter, participando así en una especie de mega-chat irónico, y los segundos con The Listening Machine, un experimento sonoro que analiza en tiempo real los últimos quinientos tweets británicos y los convierte en una partitura musical en constante evolución.

Twitter se pone al servicio del arte, pero no sólo como material creativo. Crear un perfil en twitter y utilizarlo como medio de difusión, creación y comunicación con el espectador -convertido ahora en follower-, fomentando su participación activa en el arte -no sólo en el proceso creativo de una obra-, es otra opción. Y ésta es la que más me interesa.

Una de las artistas que más utilizan las redes sociales desde este segundo ángulo es una vieja conocida del arte contemporáneo: Yoko  Ono. En sus perfiles de Facebook y Twitter, que utiliza de forma sincrónica, Yoko Ono lanza casi diariamente al espacio virtual posts y tweets que difunden su pensamiento artístico y se convierten en obras de arte por sí mismas.

Expliquémonos. Parte de la obra artística de Yoko Ono está compuesta por una serie de instrucciones dadas al espectador que, al ejecutarlas, completa la obra de arte. Generalmente, estas instrucciones están vinculadas a una serie de objetos interactivos presentados por la artista. Por ejemplo, en la obra Ceiling Painting, Yes Painting (1966) se presenta una escalera, una lupa sujeta por una cadena y un cristal enmarcado. La artista invita al espectador a subir mentalmente la escalera para descubrir las instrucciones que se encuentran tras el cristal que, en mayúsculas, dicen: YES.  Es este tipo de obras, las instrucciones, las que Yoko Ono transforma en mensajes de 140 caracteres lanzados al espacio virtual.

En un tweet publicado el 13 de abril de 2014, Yoko Ono nos regala una metáfora de su obra que me parece muy clara: “El objeto en la galería es como una cola de elefante y su parte más grande está en tu cabeza. Pero tienes que dar una cola para que te lleve al elefante”. La cola te lleva al elefante y el objeto te lleva al arte. Al usar twitter como herramienta, Yoko Ono ya no necesita presentarnos el objeto físico, sino que simplemente nos da la llave de acceso al arte, la instrucción. La cola del elefante es ahora virtual, y el objeto físico deja de ser un elemento concreto para convertirse en la realidad, en lo que nos rodea. “Camina descalzo sobre la hierba y danza en el viento. Hazlo en tu mente.” Con este tipo de tweets/obras no necesitamos un escenario dado dentro de un espacio expositivo limitado, un espacio acotado por el white cube, sino que somos nosotros los que buscamos ese escenario, ese espacio artístico en el que ejecutamos la obra. Los límites entre realidad y arte se diluyen, casi se mimetizan.

“Quizás el iPhone sea el nuevo nanomuseo”, dijo el comisario Hans Ulrich Obrist. Y así es. Con propuestas artísticas como la de Yoko Ono en twitter -y no sólo en twitter, pues la artista está presente en otras redes sociales como Instagram o Tumblr- el arte llega al follower de forma instantánea. La comunicación aquí es mucho más directa. Ya no hay que trasladarse a una galería o a un museo para ver sus obras. Ella nos las trae a casa, a nuestro bolsillo, a nuestras pantallas, sin perder su coherencia, su esencia ni su voluntad. El arte así concebido se expande, y ésta es, para mí, la gran maravilla que nos ofrece Yoko Ono en la era de la pantallocracia.

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