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No hablaremos de Picasso.

A nadie sorprende ya que las ciudades exploten al máximo la relación que diferentes figuras de interés artístico tienen con ellas. Esta relación puede estar basada en un nacimiento, una muerte o la importancia de la ciudad en la obra de un artista. A nadie sorprende, entonces, que la ciudad de A Coruña se apropie de la  figura de Picasso, poniendo como excusa los 5 años que el malagueño vivió en la ciudad y que, además, este año proponga diferentes exposiciones y actividades que dejen claro el orgullo de los coruñeses cuando se celebra el 120 aniversario de esa estancia. Pero ¿Es posible explotar el rechazo a esa relación? Esto es lo que propone la exposición No hablaremos de Picasso de la Fundación María José Joven en el  Kiosco Alfonso de A Coruña del 12 de Febrero al 17 de Mayo del 2015.

El enigmático título de la exposición deja clara una inteligente campaña de marketing que se beneficia del tirón que tiene el pintor cubista e intenta hacerse con un potencial público atraído a la ciudad por los eventos relacionados con él y, en especial, por la más que publicitada, exposición El Primer Picasso en El Museo de Bellas Artes de A Coruña. Pero el título hace una promesa y solo él y un cuadro del artista, La modelo en el taller, son las  menciones directas a Picasso y, a su vez, se comportan como mera excusa para hablar de arte contemporáneo. Quizá la apuesta por la contemporaneidad sea, lo que en realidad, más relacionado esté con la figura de Picasso; seguramente él se sentiría halagado con una exposición que, llevando su nombre, se presente orgullosamente como el “salón de los rechazados”, a los que ha dado la espalda a una ciudad que mira a un ámbito cultural apoyando un arte más que consolidado. Se sentiría orgulloso de una exposición que mira hacia las nuevas formas artísticas, como de forma incansable, buscaba él. Pero, además, seguramente se sentiría orgulloso de que su  cuadro La modelo en el taller, que antes mencionaba, funcione como hilo conductor de la exposición, de manera que ésta, parece tener claro, como el propio Picasso,  la más que beneficiosa mirada al pasado siempre y cuando sirva como inspiración y no como modelo a imitar.

El cuadro-excusa une de manera simbólica todas las obras que conforman la exposición, abordando temas  comunes de la historia del arte y presentes en la obra picassiana como son el retrato, el erotismo, la memoria, los maestros del pasado, el deseo, el proceso de creación, el paso del tiempo, la percepción y ambigüedad del espacio, la intimidad del artista y la belleza. Todas estas aparecen acompañadas de textos (en la mayoría escritos por el autor de la obra) que ayudan a entender el concepto que esconde la obra.

Pero en realidad, poco de rechazados tienen los artistas que conforman el cartel de la exposición donde podemos ver a personas más que consagradas en el panorama artístico europeo: Elmgreen & Dragset, Liliana Porter, Anselm Kiefer, Mateo Maté, Ernesto Neto, Chiharu Shiota, Georg Baselitz, Louise Bourgeois, Juan Muñoz y Sofía Táboas. Con una apuesta “segura”  es como el Kiosco Alfonso intenta acercar el arte contemporáneo a una ciudad como A Coruña en la que no cuenta con una gran tradición, como si tiene otras ciudades españolas.

Por todo esto, la exposición No hablaremos de Picasso se nos presenta como una opción atractiva en ese juego de rechazo de las formas anteriores y búsqueda de otras, al que ha jugado siempre el arte,  pero asumiendo que los motores que lo mueven han sido siempre similares. Pero la exposición falla. Teniendo un discurso atractivo para toda persona interesada en el arte, éste queda desdibujado en la práctica por la desigual calidad de las piezas, a pesar de los grandes nombres; así como por la más que cuestionable adecuación al tema de algunas de ellas, que queda más oscura con los textos que las acompañan y con unos espacios expositivos que ensalzan algunas obras (como es el caso de la obra de Mateo Maté)  y desmejora otras (como es el caso de Ernesto Neto).

Todo esto nos hace valorar la exposición por obras que, sin duda, atrapan desde el plano individual y hace que merezca la pena entrar en ella por si solas, pero que no funcionan como conjunto.  Por otro lado, la escasa publicidad de la exposición, que no casa con la importancia de los artistas en el ámbito internacional que la forman, hace desmerecer la inteligente actividad de marketing. Podemos pensar, así, que la exposición pasara sin hacer demasiado ruido  y me lleva a decir que en un futuro, como ahora, no hablaremos de No hablaremos de Picasso.

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