Diseño/Juguetes/Otros

Juegos de simulación, ¿dónde esta el límite?

¿Os imagináis llevando a vuestro querido pero obsoleto robot Emilio a la iglesia de vuestro barrio para que párroco le de la extrema unción antes de llevarlo al desguace? ¿O a un grupo de furbys multicolores siendo bendecidos sobre el santísimo altar de la catedral compostelana?

Si bien esta aibo-funeral-tags-970x548-cimagen puede parecernos esperpéntica, lo cierto es que los funerales de robots ya son una realidad en Japón, como no podría ser de otra manera, el lugar más vanguardista en cuanto a tecnología –y excentricidades- se refiere.

Desde 1999 en el país nipón se puso muy de moda tener mascotas robóticas, de apariencia cánida, dotadas de inteligencia artificial por la gracia de Sony, y capaces de desarrollar “una personalidad propia”. Hablo de los robots Aibo, que la compañía dejó de fabricar en 2006. No obstante, el área de reparación (llamada la “Clínica”) sobrevivió hasta el pasado mes de marzo, y desde su cierre, los dueños más desesperados han organizado una plataforma de donación de “órganos”, con el fin de aprovechar piezas de los robots ya obsoletos, y así prolongar la vida artificial de sus mascotas metálicas unos meses más.

Pese a los esfuerzos de los devotos de la robótica, la existencia de estos juguetes está llegando a su fin, y tras más de una década de disfrutar de una compañía fiel- a no ser, claro, que se les agotaran las pilas- sus dueños se han encariñado de ellos como si de un ser vivo real se tratara, y son muchos los que han optado por celebrar funerales donde los despiden con todos los honores, ni más ni menos que en templos budistas centenarios. En estas ceremonias, los Aibo son colocados sobre un altar, con etiquetas que indican su lugar de procedencia y el nombre de sus familias, mientras un monje recita sutras, por sus robóticas almas que abandonan este mundo, alcanzando más dignidad de la que llegan a gozar muchos animales, e incluso personas, algo que me parece totalmente demencial.

Pero lo que más me llama la atención, al margen de la excentricidad de la ceremonia, es el duelo de los usuarios, que por el mero hecho de ser mascotas artificiales, realmente esperaban que fueran imperecederas. Todos hemos experimentado en algún momento la tristeza de perder una mascota, tras lo que juramos, “¡Nunca más tendré otro perro/gato/hámster/pez!”. Por muy insulsa que pueda resultar su compañía en el caso de los últimos, terminas por cogerles cariño, y al final, sufres cuando se marchan. Tener una mascota robótica es la opción fácil, reconozco que puede llegar a ser muy práctico (sobre todo si no eres lo suficientemente responsable como para hacerte cargo de un animal de carne y hueso o espina, en ese caso, por el bien de todos, mejor cómprate un Aibo), pero al margen de sus posibles ventajas, ¿cómo es posible que lleguen a encariñarse tanto con ellas? ¿Por qué nos atraen tanto los juegos de simulación de cosas de la vida cotidianas?

Los funerales de Aibo han sido el colofón de una larga lista de juguetes y entretenimientos aparentemente anodinos, nada que no podamos hacer en la vida real, que resultan ser todo un éxito de ventas. Un ejemplo es el juego Nintendogs, en el que puedes cuidar perros virtuales a través de la pantalla, fantástico, incluso puedes acariciarlos con el palito si tienes una consola táctil. Otro caso, los Sims, que ya va por su cuarta edición; obviando la opción de construcción y decoración de casas, se reducen a un puñado de interacciones sociales entre monigotes basándose una vez más, en la vida real. Y el caso más espeluznante, los polémicos bebés Reborn, imitaciones hiperrealistas de bebés recién nacidos, que rozan lo macabro cuando la réplica se hace de algún niño prematuro o enfermo. A diferencia de los ejemplos anteriores, estos juguetes están diseñados para un público abiertamente adulto, que se entretiene en sus ratos libres bañando, vistiendo e incluso paseando a estos muñecos, que si bien no están tan extendidos como los Aibo, hay toda una industria en creciente desarrollo en torno a ellos. Basta con comprobar que entre las aplicaciones más descargadas para móviles, encontramos un montón de juegos de simulación que imitan cosas tan usuales como conducir un coche, practicar algún deporte, cuidar un huerto, atender un restaurante o cocinar hamburguesas. Actividades que, irónicamente, en la vida real, nos suelen dar bastante pereza.

farmville_simpsons

¿Qué placer encontramos en la simulación para que nos atraiga más que la propia acción real? Este tipo de entretenimiento ofrece la comodidad de lo previsible, la tranquilidad de saber que todo va a salir bien, y en caso de que no, de tener una red de seguridad. No hay peligro a la vista, no hay riesgo, ¿qué puede salir mal si todo es un simulacro?

Anuncios

4 pensamientos en “Juegos de simulación, ¿dónde esta el límite?

  1. Muy divertida, ingeniosa e interesante para gente de piel y hueso o de espinas. Estoy de acuerdo contigo en que muchas de esas prácticas son extravagantes o incluso siniestras, pero también me pregunto si muchas de ellas responden a las ganas que los adultos tienen de seguir jugando. Cuando somos pequeños jugamos a cosas que simulan la realidad, normalmente adulta, como son “las casitas” o el cuidar de bebés o peluches, con la suerte de poder guardar todo en un baúl sin remordimiento alguno ( aunque Toy Story nos hiciese dudar más de una vez) cuando mamá nos llama a comer. Quizá muchas veces los juegos que simulan la realidad solo sean juguetes para adultos que siguen queriendo jugar como cuando eran pequeños, pero que ya no tienen que pedir que su mamá se lo compre y por eso, y porque muchas veces puede dar vergüenza reconocer que nos gusta jugar, son más sofisticados. La cosa cambia cuando la gente no sabe meter esos juguetes en el baúl para volver a la realidad y termina celebrando funerales para perros robot o con un rebord que toma como hijo. Sin duda ahí tengo que apoyar totalmente tu punto de vista y lo estúpido de algunos, o de casi todos, los simuladores de realidad, que como para tí tienen para mi un inexplicable éxito. Pero la verdad es que yo nunca he sido muy aficionada a fingir una realidad adulta, pero debo confesar que, a veces, aun ahora, me apetece jugar al escondite o al comba. Gracias por sacarme más de una sonrisa.

  2. Me ha encantado la entrada para poder ponernos al día de lo que está ocurriendo. ¿Budistas rezando por las almas de las máquinas? ¿Personas que utilizan su tiempo libre en funerales de mecanismos? Algo estamos haciendo mal… Y creo que hay dos puntos clave que tratas, el entretenimiento, y la facilidad del simulacro, dos cosas que hoy consideramos y aceptamos dentro del juego, y que en realidad nada tienen que ver con él. El juego, la acción de jugar, es el ejercicio de descubrimiento y desarrollo personal, y como tal, no puede estar sometido a unas pautas ni a una seguridad. Jugar es la valentía de experimentar lo desconocido, y ello es indispensable del riesgo, de la meta no conocida; si hay meta, no hay juego. Este tema está siendo tratado por un web.doc que saldrá a la luz en el próximo mes de mayo: https://vimeo.com/100441224?from=outro-local, en el cual se nos habla de la importancia que tiene para nuestra concepción de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea, y del deterioro que se ha establecido como norma.
    De igual forma que esa industria predetermina el acto del juego con sus productos, los individuos caemos en esa nueva conciencia de juego, que deja de serlo para pasar a un simple entretenimiento. Y con ello no puedo evitar vincularlo con aquella motivación de los situacionistas, que alertaban del peligro de la gestación inminente de la “Sociedad del espectáculo”, en la cual caeríamos en la desgracia de ver la vida pasar, de disfrutar nuestro tiempo de ocio viendo una película en la que viajaban, y que nuestros impulsos (en este caso, de viajar, que supone un desarrollo de nuestra concepción de las cosas) quedasen satisfechos con un estímulo ajeno a nosotros. Algo está pasando y la vida se nos va, mientras hacemos otras cosas. Volvamos a jugar al escondite.

  3. Obviamente no puedo estar más de acuerdo con los comentarios de mis compañeras, sin embargo, no dejo de preguntarme qué leches estamos haciendo, tan incapaces somos de interactuar con otros seres vivos? No es ya el hecho de que vivamos en un mundo de simulacro, es que nos hemos habituado a él de tal manera que somos incapaces de hacer nada por y/o para nosotros mismos. Ojo, yo soy la primera que se evade con videojuegos, mangas y demases (y es genial, lo admito), pero considero que deben existir ciertos límites para que la diversión siga siendo eso, diversión, y no una imposición moral o social para escapar de este caótico mundo que nos hemos sacado de la manga. Ya no es que exista un arraigo al objeto, es que el objeto se ha convertido en el sujeto y nosotros somos sus siervo…. Pero mis peluches que no me los toque nadie :)

  4. Deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo mal nosotros obsesionados con una naturaleza mutable, ridícula y que nos terminará devorando. ¿Por qué no mejorarla? Oriente y más específicamente Japón en su proceso hacia la alteridad, se ha dado cuenta que más vale convertirme en un pedazo de literatura binaria, idolatrar a dioses virtuales y amar a mis robots y entre tanto siguiendo ellos ahí impasibles y esperanzadores cuando los otros camaradas humanos estén cansados o les gire el ala la emoción humana. Tan banal, tan ridícula.

    Culmen del individualismo, culmen de la verdad crearme un OS -en el último film de Spike Jonze “her” clarísimo e inspirador- a mi imagen y semejanza, probablemente sería la última instancia hacia una convivencia con el prójimo -cuando tenga que originarse- más equilibrada y cabal. Cada uno sabe que cuenta con su particular robot o ídolo tecnológico en el que regocijarse. La extravagancia es creer que a estas alturas de bestia tecnológica vale la pena confiar en el ser humano, el mismo que tantas cosas.

    “I don’t accept nature, it’s her that make us die, and what’s more, decline, it’s a torture, it’s awful, and it’s irreversible; we can’t do anything.”

    Orlan.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s