Artes figurativas

El vaso de mi(-)santropía.

 XXIX

Il fallait bien qu’un visage/ Réponde à tous les noms du monde.

Sería preciso que un solo rostro/ Respondiera por todos los nombres del mundo.

El amor a la poesía. Paul Éluard.

En la obra de Wilfredo Prieto (Sancti-Spiritus, Cuba, 1978), parece que las apariencias puedan ser solo apariencias y que además lleven insertado en su engaño más apariencias, es como si donde unos ven escándalo y desvergüenza -ambos malos ratos personificados en ese recipiente de los 20000 euros- simplemente otros pudiesen ver vaso aparente, vaso espiritual y al tiempo fuesen plenamente conscientes de eso venido en llamar arte de la estafa y no tuviesen prejuicio en asumirlo; es entonces cuando alguien extiende su chequera y se lleva a su colección de objetos efímeros un vaso medio lleno de agua –me suscita duda su traslado no sabemos si funambulista- que vale lo que varios centenares juntos al tiempo. Comienza aquí mi defensa de esos incomprendidos, los espectadores en los que nadie piensa, de los que nadie se acuerda, y ellos son sin duda los capaces modesta y calladamente de encontrar profundamente sublimante que alguien salga en dirección a su casa con esa compra que para tantos encarna la ramera de Babilonia del arte moderno; finalmente pienso en el comprador y en un acto de fe digo: su ramera, su fetiche de cristal, su gesto operístico de invertir monedas y billetes, su diestro y siniestro de las mil posibilidades para un mundo que terminado ARCO, se obsesionará en intentar averiguar la solución a la gran pregunta de un arte perdido en nomenclaturas: el porqué del polvorín del despilfarro, el porqué de la obra de Prieto. Terminan en paralelo las preguntas y llega el silencio, el silencio del agua en el vaso de Prieto, objeto cuya materia cadente en su interior reverbera esta vez. Pero ¿cuántos Prieto en cuántas vitrinas de apartamentos de grandes coleccionistas-empresario? ¿cuántos vasos que no habrán derramado tanto río de sangre –en efecto, cesaremos ahora que estamos a tiempo los símiles hidráulicos previos a la inundación-, se quedan en las galerías o en los circuitos más taimados del mercado del arte, no levantando viejas heridas en epidermis de barro ajenas al cicatrizar?

Y es que si bien mi defensa nacerá de la pasión por la idea de fetiche de la marca del artista–Prieto en el particular como bien podría ser Hirst o Koons- también vendrá en ayuda encendida la urticaria que producen gestos tales como me escandalizo por voluntad santa acompañado de ese tono imprecador del obispo en su oficio, así cerrándome en banda a quizá con la vista entornada de neurosis analítica, intentar en una labor de comparecencia del circuito del que formo parte, comprender que la apariencia puede ser solo apariencia y vacío; quizá alegremente sea ahí donde estribe su valor, en la falta de consideración por cuadros clínico sensibles timoratos del yo no pagaría por. Y es que no pagarías por, bien es cierto, sin embargo entre ello te encuentras pagando.

Pero no comencemos por el principio atrapados en circunloquios de Prieto y sus declaraciones y filosofía, vayamos directamente al segundo acto que es el de la feria de ARCO 2015. Paseando entre el salón de novedades de un encuentro convención de objetos mueble todos ellos compitiendo por abstraerse, expectante develas que el objeto artístico es más bien un producto cuidadosamente seleccionado para el ir y venir comercial, y es que en otras palabras, el vaso de Prieto es parte de la obra y la mano de Prieto hasta cierto punto. La galería toma las riendas y a partir del caché que el artista se ha construido o que otros han construido en alrededor de él –su marca- se coloca la última guinda en el proceso de la obra que es el precio: pura invención, pura creatividad, un deleite de cinismo imaginativo –cinismo que no olvido en mis palabras: asumo responsabilidades-.

Papel y número. Papel, número, cristal y líquido contenido que se hibridan en un juego encabritado y chistoso de asociaciones donde la obra y el valor se debaten –que haya ironía no significa que tenga que haber humor en algo así desmenuzábamos al inolvidable intelectual italiano Cesare Pavese- donde dos premisas llevan la voz cantante. Los muy probablemente gustos y criterios personales de la línea galerística y el aderezo final, el golpe de esencia a un Wilfredo Prieto que no es ni mucho menos artista de segunda fila, de aquí que la galería se lance al por 20000 euros es suyo. La galería sabe lo que vende, y de no saber venderlo todavía con las diatribas no se puede acusar a ARCO -de incoherencia para con su naturaleza de feria de reclamos y tendencias a adquirir vaya-.

Seguimos tirando del cableado de hilos de la gran piñata palpitante del recinto de exhibiciones, y cae una catarata de diversiones y contraindicaciones donde el artista es solo marioneta de sí mismo, de nadie más. Releyendo careos con el señor Prieto me digo, quizá ahora es demasiado tarde para ingenuidades –yo siempre tan bien pensado- o pequeños engaños políticamente correctos a medios culturales con el arte es un lujo sensitivo no económico. Que ARCO sea decoración sensitiva no lo niego, que ARCO es decoración de lujo para aquellos los cuales el dinero es una cifra, un laberinto estético de números y ceros desde luego e indiscutiblemente. Entonces la mente se me escapa a la creación de una hipérbole posmoderna tardísima de las que tanto profeso, pienso en Borges.

He aquí mi defensa asimismo, la cruda realidad que posibilita la adquisición de nuestros esfuerzos –de nuestro cabello a su loción- todo ello en el paraguas de la red de la cifra y la pestilencia de la imprimación del dólar es la misma anhedonia que David Foster Wallace habla en su enfermedad lacerante que es La broma infinita –odisea abúlica joyceana más que recomendable por cierto-, un laberinto mítico de los del propio Borges donde en este caso el dinero no significa nada –¿congruente aplicar el mismo rasero por tanto que el del “resto de los mortales”?- para los que nada significa, cómodamente sepultados entre montañas y estanterías de papeles con valor. Por cada dos Prieto, se favorece la emergencia de otros cuatro artistas provocadores y con enjundia suficiente para que las plumas de los más ortodoxos se calmen –hay para todos- y es que en este esparcimiento de cartas y roles me colocaré en el que no puedo evitar –pero yo no soy ejemplo de nada- y eso es quizá lo que asocio con anhedonia; un me da igual, no voy a luchar por cambiar las cosas, quizá esté dejando que resbalen y caigan y su insistencia signifique que han venido para quedarse. En el esfuerzo por hacerlas mutar y rogarle a las autoridades de la caja bancaria mundial del arte no continúen con esto llevamos demasiado, me agoto. Prieto también, abandonado a la declaración lacónica, nos dice algo así como que la feria es mercado, no demuestra nada de mis preocupaciones. De hecho para ella, el artista con la galería como secuaz, suele hasta originar materiales deliberadamente carnavalescos cuyo precio hinchado atraiga a los voladores paseantes especie fronteriza con lo kafkiano. En esta inflexión del promeneur, el monólogo interior cruza a Sir Norman Foster rebautizando/revalorizando con un tropiezo obras que probablemente pasarían inadvertidas. Como dijimos no se equivocan así es, caballo ganador, marca, reclamo, neón, índices, ¿volveremos el próximo año?

Sin titubeos precisaremos el onanismo de Prieto y compañía –qué no es crítica sino santería del ego- con una coda que airee la habitación. He de decir –habremos de decir- que no me gusta perder el tiempo –o lo que considero que es perderlo- elucubrando que la madeja de estambre de ARCO es la medida de todas las cosas para el mundo del arte y para su consideración –diálogos dicho sea de paso superados debieran, por la irrefrenable sequía que siempre sugieren-. Por cada feria, de entrada hay innumerable abanico de instituciones que definen la pluralidad de eso irracionalmente llamado mundo del arte donde todo va a la misma bolsa ¿qué hace que no me resulte en todo caso nada obsceno que alguien pague 20000 euros para con el prójimo y con lo cultural –qué engañifas, qué claustrofobia- por ese vaso nada provocador, surge de mi cocina? Irme al supermercado y pasearme por las anchas secciones de productos frescos o preparados donde pagas vísceras eléctricas, puro cobre informe de la globalización, mismo cobre en paquetes perfecta e impunemente diseñados por una cadena industrial de juicios estéticos que es la publicidad y la hiperestimulación en una acuñamos incesante metástasis de la mercadonoia.

Negarme que ARCO es un escaparate jardín de los deseos para el Patrick Bateman de turno reflejo de esto y de aquello –para los despistados redirección al protagonista de la novela y film homónimos American Psycho– y que en el expediente Prieto vs marca nos viene muy bien, amarramos una suerte de carne de la ficción que es el dinero y la cifra y que ello se escinde de su responsabilidad –así que el vaso me lo recuerde dolorosa pero tajante-. Wall Street de la ficción al capital multimillonario, tapiando lo que está debajo de lo que está arriba, corrupto, perverso, infame, delicioso y falaz negarme a ello. La carioca que empieza en ARCO y vuelve a ARCO recorriendo el infinito de presupuestos a imaginar.

Prieto emerge así como nota de acompañamiento a una generación de artistas –unos más cortantes y totémicos, Hirst o Koons, y otros más huidizos y más que embaucadores digamos manieristas, entre los que está el mismo Prieto- donde el arte del concepto ha pasado a ser eso, un concepto con patas propias que a nadie interesa demasiado para perder el tiempo en críticas como esta, cuando le preguntas a alguien los límites de la literatura, usualmente la manga es más ancha –a eso voy- compremos y alimentemos nuestras necedades e improntas, nos hará algo más libres en un sistema de cuatro paredes que en ARCO parece que se dobla como esa toalla de Daniel Jacoby (2500€) –también en ARCO 2015- o más exactamente en ese recipiente nuestro protagonista, que lo contiene todo y que contiene nada; el paulatino fundir de la bombilla del idealismo del pretérito perfecto convertido en presente inagotable –cemento del tiempo-, y la inauguración de las palabras y los billetes y las palabras en los billetes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s