Cine/Literatura

¿La dictadura del subconsciente?

Es peligroso el terreno de la adaptación literaria, casi diría que es como jugar con fuego empapado en gasolina. Es demasiado sencillo indignar al lector cuando ve que su libro preferido es trasladado a un conjunto de imágenes que intercaladas pretenden darle vida a todo ese bosque de páginas que con tanto cariño se han ido pasando con suavidad. Cada año borbotean en taquilla un serial de películas en las que sus guionistas previamente han explorado ciertas obras literarias como buscadores codiciosos de tesoros de lugares emblemáticos. A veces sólo toman la novela como base y otras prefieren no arriesgar y buscan la plena literalidad. Y el fracaso suele venir medido por este intento prepotente de fidelidad indigna, donde la novela es la que arrastra las imágenes y no al revés. Ninguno de los dos artes debe imponerse, lo correcto sería intentar buscar el equilibro, una nota de cada parte y así sucesivamente hasta convertirlo todo en una bella sinfonía.

Forjemos unos acontecimientos: El 28 de marzo se estrenó Enemy en las salas españolas. Su director, Denis Villenueve, crea una particular trama a raíz de la novela de José Saramago, El hombre duplicado. No hay spoilers en este escrito, no desmenuzaré la acción. En definitiva, podéis seguir leyendo.

Ha terminado la película (créditos incluidos) y podemos decir que cae el telón irreversiblemente. Primer pensamiento que se me viene a la cabeza: Lo único evitable de esta vida es vivir, todo lo demás es posible, todo puede suceder. Segundo pensamiento que se me viene a la cabeza: la verdad es que puede ser un claro ejemplo de como una película puede vivir tan solo por la forma, es decir, por la atmósfera que crea y que se adueña de todo y también de ti, ya sea ayudada por esa fotografía hipnótica y gris o por esa cámara sutil que desnuda y estiliza tanto a edificios como a personas.

Hecho esto, hagamos un ejercicio de futilidad: amemos sin ser amados. ¿Lo tienes? No te lo inventes, sobrevuela tus recuerdos. Un viaje más, sé que es difícil pero al final quizá compense. ¿Ya está? Vale, ahora sitúate en una encrucijada a la que llamaremos casualidad y déjate llevar por el erotismo vengativo de diez minutos de sexo apresurado. ¿Y cuál es el resultado? Odiarte y sentirte odiado.

Quizá sea esto lo que persiga y por tanto mueva al personaje principal de la película de Villenueve: la siempre triste industria del querer y no poder. Por cada pregunta que se hace encuentra como respuesta tres preguntas más. Y es que la novela crece de interés por esa capacidad de lanzar preguntas y no ofrecernos las respuestas. Dirán algunos que el final queda sin resolver y que tanta tensión y suspense acumulados durante todo el metraje solo sirven para desembocar en la nada, en la opulencia paradisíaca de seguir manteniendo las preguntas, en un río que da beber a otro río y este a otro y a otro y a otro más y este último no encuentra el mar y se queda perdido dando curvas inútiles sobre la tierra, zigzagueando por valles profundos hasta que el mundo decida finiquitar su existencia. ¿Pero qué es la vida sino un camino sin retorno lleno de preguntas? Villenueve aborda ese caos, trabaja con la parte íntima de la masculinidad y de la influencia que a esta le causa el poder de lo femenino y llega a decir, en un arrebato neurótico, que el protagonista se espía a sí mismo. La película no tiene final porque no lo necesita. Lo que importa es el recorrido y no el destino,  el río y no el mar.

img_enemy

Por otro lado Villenueve es contundente: “No es una adaptación del libro, es una interpretación con varias (bastantes) diferencias” Es cierto y es por esto por lo que consigue evitar la comparación con la novela a pesar de que la película este basada en ese planteamiento inicial del hombre que descubre a un ser idéntico a él por la televisión. Toma el punto de partida y basta, ahí se acaba la novela de Saramago para Villenueve. Se evade de ella y crea su universo propio, es más, rehúsa cualquier referencia añadida sobre estos temas del subconsciente y de la dualidad para seguir construyendo la trama.

La noche descendía creando decadentes penumbras. Las luces de neón echaban raíces en las alturas, los fluorescentes dominaban las calles y las hogueras chispeaban como balizas intermitentes. Eran vergeles de colores lastimosos. Faros estropeados. Pírricos diezmadores de sombras imbatibles. Arriba, en un cielo melancólico oculto por los excesos humanos, las estrellas se estremecían agobiadas en sus tronos. Luchaban por ser vistas y por sus nombres que se perdían en el tiempo y por su luz que moría con ellas. Injustas herederas del olvido. Altares de dioses extraviados.

Todo es una máscara gigante. Ni si quiera todas las luces de la tierra y del cielo serían capaces de iluminar nuestro subconsciente y lo que ocurre dentro de él, solo nosotros mismos podemos ser su propio sol que le alumbre y le de vida. Por eso creo que sí se puede dominar o al menos doblegar el subconsciente y que de alguna forma no es una actividad tan independiente de nuestra voluntad. En el vertedero donde guardo mis emociones pasajeras estoy seguro de que no encontraréis nada que tenga que ver con esta película.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s