Literatura/Música/Otros/Pensamiento

JUST DO IT

Las visitas suben como la espuma. Y a mí me cuesta clicar en el video. Finalmente, lo hago. Presión de grupo, de masa, de bombardeo: Amaral – Ratonera. No puedo esconder la desconfianza que me daba la asociación que veía entre dicho grupo y un mensaje político coherente. Mis sospechas se confirman, y nada dentro de mí se mueve. Me he quedado tal como estaba.

Espera, quizás no. Una pregunta se me plantea. ¿No estaremos cayendo en una banalización del arte? ¿No se estará perdiendo el espíritu de la cultura o, dicho para entedernos, de la contracultura? Si hago una asociación rápida de ideas, y junto los términos cultura, polémica, número de visitas, dinero y fama, tal vez no estoy tan desencaminado: la contracultura vende.

Pero seguramente sea un término erróneo. Cultura y contracultura son lo mismo, beben del todo y de la nada. Más correcta sería la diferenciación entre “culturas contestatarias” y “culturas dominantes”. Aunque con el capitalismo, es como si la cultura dominante fuera sólo una, y no quedase espacio para ese arte más marginal, ya que si éste es “original” o “auténtico”, no tardará en ser absorbido.

Naomi Klein, lo explica sabiamente en su libro, No Logo. La sociedad orientada, por no decir dirigida, por las grandes multinacionales. Alimentadas a base de la cultura de masas, de los bienes de consumo y de la comercialización expansiva de infinitos productos. En No Logo, a lo largo de sus capítulos, los ejemplos son innumerables. La absorción de los postulados de la generación beat, la estética de lo punk, el heavy metal, la comercialización musical.

Realmente todo se puede comprar o vender. Y esto ocurre desde que nos sentimos asociados a determinada “tribu”o estética, porque precisamente son las conductas en las que más se fijan las marcas. Pero, ¿de dónde nacen los impulsos que llevan a la gente a determinados gustos? Ya lo decía María Panero: La literatura de terror comienza en el siglo XIX. Que es la instalación definitiva del poder de la burguesía y lo que llamaba Hegel, el cristianismo ateo”. Esta frase es del todo acertada. El ejemplo sería la aparición y asimilación, de novelas de carácter distópico, como las obras de Bradbury o Wells, o de novelas e historias detectivescas, que tanto auge cogen en esta época hasta el presente. No me quiero imaginar la cara de más de uno si se encontrara con varios cadáveres cosidos a puñaladas (si lo preferís, también, con una cornamenta de venado y símbolos satánicos) en el salón de su casa. Sin embargo, sí que se produce cierto placer con el deseo de que el crimen se resuelva y se encuentre al asesino.

A la empresa y al Estado le da igual que el producto ataque sus valores. La provocación puede ser algo positivo. Esto se aprecia en la rápida aceptación de personajes “polémicos”, como Ernesto Guevara o “Unabomber”, por parte de la sociedad, así como todo el merchandise sobre los mismos.¿Cómo es posible que los poderes del Estado y las grandes multinacionales acepten este tipo de actuaciones, como en el caso del videoclip de Amaral? La respuesta está en la solución que daba Spinoza, y que posteriormente recuperará Kant, cuando citaba al príncipe Federico II el Grande y su máxima absolutista y despótica: Razonad tanto como queráis y acerca de lo que queráis, pero obedeced”. La idea de que al entrar en un estado civil todo el mundo renuncia al derecho de obrar según su propio juicio, anulando así la idea de rebelión. Si lo pensamos bien esto no es ajeno a nuestra realidad, al día a día. El JUST DO IT o el OBEY, de marcas y esloganes actuales y populares.

Precisamente, es a lo que se refería Naomi Klein cuando decía que su generación se creía muy activa por intentar cambiar lo que los espejos mostraban, mientras que nadie se preguntaba por quien creaba los espejos. Estamos ante un ataque abierto contra la izquierda débil, contra el proletariado chistoso, que decía María Panero. Es hora de ser selectivos, de levantar la vista del teléfono, de utilizar todos los sentidos para evitar las trampas en forma de entretenimiento que saldrán a nuestro paso. Prestar atención tanto al contenido como a la forma. No todo lo que tenga una visión parecida a la mía, o a mis deseos más carnales, es apropiada. Mi tiempo es oro, y los minutos que invierta en cada momento nadie me los va a devolver. Dejemos de caer en el mismo discurso repetitivo.

¡Ah bueno!, que todo esto empezara por el videoclip de Amaral. Les deseo la mejor de las suertes con el nuevo disco. Desde lo más alto de las listas de ventas, o en caída libre desde el 5º piso de cualquier bloque de viviendas.

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