Otros/Sociología

El arte como plan de fuga

Pericles Lavat

Pericles Lavat

El sistema penitenciario mexicano atraviesa una crisis que intenta poco a poco mejorar su situación. No se trata de un fenómeno exclusivo de México y tampoco es reciente. Sin embargo, en los últimos años se han acumulado evidencias sobre la falta de capacidad del sistema para contribuir de manera efectiva a la reinserción social de los sentenciados o a la disminución de la incidencia delictiva. Esta crisis se originó por múltiples factores entre los que destacan el propio crecimiento de la delincuencia; la mayor severidad de los castigos; y las características del proceso penal, con un uso extensivo de la prisión preventiva y con escasas alternativas al uso de la prisión.

  Otra factor determinante es el problema del hacinamiento. En el ámbito internacional, México es uno de los países con mayor porcentaje de reclusos, pero la construcción de espacios siempre ha ido más lenta que su requerimiento, y mientras tanto la sobrepoblación en estos centros genera problemas de convivencia y bienestar, de manera que la situación en la que habitan es equiparable a la de animales enjaulados en cubículos reducidos.

  En el 2009 un grupo de artistas realizaron una exposición en el Museo de Arte Moderno en la ciudad mexicana y la nombraron Presuntos Culpables. En este proyecto artistas como José Antonio Vega Macotela, Pericles Lavat, Patricia Aridjis entre otros, exploraron las complejidades de la experiencia en la cárcel, desde como el proceso de adaptación a las circunstancias de la reclusión promueve diversas formas de relacionarse con el espacio cotidiano, hasta cómo el interno revierte las nociones de espacio y clausura, de interior y exterior, a partir de su propia situación y la búsqueda de la libertad mental.

  José Antonio Vega Macotela a través de 365 intercambios con reclusos, plantea la posibilidad de sustituir el dinero por el trueque directo de acciones como sistema de intercambio de tiempo, realizando de esta manera la acción que el preso indique y el preso tendrá que realizar la acción que le sea requerida a cambio. Así, a cambio de recuperar el amor de su vida, el preso Kamala dedicó más de 13 horas a perforar, a partir del tic que tiene en su dedo índice, las páginas del libro El Conde de Montecristo, y el artista se dedicó a buscar a Elizabeth con las pocas pistas que le había dado Kamala durante 13 horas, hasta que finalmente le llevó su número de teléfono. Otro, en cambio, le pidió que fuera a buscar a su hijo que hacía más de siete años que no hablaba con él, de manera que las peticiones fueron evolucionando hasta volverse retos. El artista a cambio les pedía sus respiraciones, marcar los pasos que daban al oír una canción, dibujar tatuajes, trazar el espacio de la cárcel…con el objetivo de posibilitar que los presos ejerzan la voluntad sobre lo que sucede fuera de la cárcel, donde no tienen poder de acción. En definitiva pretende recuperar la experiencia propia del tiempo de vida que se ha visto afectada por el sistema de intercambio que condiciona al individuo.

José Antonio Vega Macotela

José Antonio Vega Macotela

De esta manera, el arte puede ser un sistema creador de metáforas y posibilidades, y mediante dichas metáforas puede incidir sobre situaciones que funcionan como elementos-estructuras de la vida cotidiana alterándolos, siendo una vía de escape de ese lugar en donde el transcurrir del tiempo se desvirtúa y se transforma.

   Patricia Aridjis realizó un trabajo fotográfico denominado Las horas negras, para hacernos visible lo invisible. Para ello habitó por varias horas los reclusorios de mujeres en el DF con la intención de captar las emociones y sentimientos de las reclusas, mostrándonos historias de mujeres que han sido privadas de su libertad y que viven en condiciones deplorables dentro de la cárcel. Ella a la vez está utilizando un recurso terapeutico, ya que de esta manera las mujeres reclusas le cuentan sus historias, los problemas a los que se han enfrentado, pudiendo ser escuchadas. Es a fin de cuentas, mirar a quienes pocos miran y dar voz a quienes no la tienen, y al mismo tiempo, las imágenes y frases salen de la cárcel como una forma de liberación.

   El compromiso de la artista encontró las palabras precisas mientras fotografiaba a una mujer en su celda que le dijo: Retrátame porque es la única manera de salir de aquí.

   Aridjis tras vivir su experiencia nos cuenta que las visitas para las reclusas representan un hecho especial, libertad que viene del exterior, aunque es común que al final sean olvidadas por la pareja o familiares más cercanos. También nos dice que cada celda es habitada por alrededor de 15 internas, a pesar de que la extensión de estos lugares no rebasa los 9 metros cuadrados. De modo que hay quien duerme en el piso y hasta debajo de la cama. Conforme unas se van yendo, las de más tiempo se ganan la cama. Además hay niños que nacieron allí, y sus ojos nunca han visto otra luz más que aquella que pasa a través de las rejas. Sobre todo, los que no tienen quién se haga cargo de ellos fuera del penal.

Patricia Aridjis

Patricia Aridjis

Estas obras son una invitación a reflexionar sobre la presunta responsabilidad que compartimos en las condiciones que instigan y producen tal condición de culpabilidad. Y es que, ¿hasta que punto se rehabilitan las personas que pasan por una cárcel? Es complejo entender como en un ambiente carcelario, formado por diversos tipos de delincuentes, puede rehabilitar a una persona a olvidar la delincuencia. Si tenemos en cuenta los crímenes de sangre, la mayoría de estos criminales son pasionales y por tanto irracionales, por lo tanto no es probable que una persona que actúa irracionalmente se detenga a sopesar de manera racional las consecuencias que conllevará la realización de su acto.

  En lo que respecta al resto de delitos, la inmensa mayoría son debidos a situaciones de pobreza o marginalidad (robos, tráfico de drogas, etc.), es decir, o bien a la pura supervivencia o bien al ambiente, dos factores que probablemente pesen mucho más en la actuación de una persona que la amenaza de un futuro castigo. En este contexto, una alternativa preventiva sin duda más eficaz sería intentar promover la eliminación de las bolsas de pobreza y marginación de nuestra sociedad.

   Michel Foucault, en Vigilar y castigar, 1975 decía: “…la prisión sanciona la delincuencia; ésta, esencialmente, se fabrica en y por un encarcelamiento previo que la prisión prolonga a su vez. La prisión no es sino su continuación natural, nada más que un grado superior en esa jerarquía recorrida paso a paso. El delincuente es un producto de la institución.”

  El arte puede ser un medio de liberación y de concienciación para todos, una vía de reflexión y de equilibrio frente a los sistemas establecidos como normas. El castigo, el poder y el control, fuerzas negativas que se interponen como medio de organización de la sociedad pueden ser suplantadas. En este caso el arte no juzga a unos ni a otros, simplemente es el intermediador, el encargado de revitalizar el alma sumida en la oscuridad. Quizás gracias a estos pequeños impulsos se llegue algún día a la verdadera comprensión de esta situación.

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