Fotografía

Si callas, callarás con amor.

8.6 (219)

Es evidente la complejidad que se esconde tras el epíteto, casi épico, de [arte] contemporáneo. La necesidad, casi fascinación, de idolatrar al gran hombre , al genio creador, nos hace caer en un mundo de representaciones que poco tienen de coetáneo. De pronto se enciende la luz y, en medio del proscenio, aparece una de las putas de Vee Speers. Cerramos el telón

Nuestra artista nace en Australia en 1962. Estudia fotografía y Bellas Artes en el Queensland College of Art en Australia. Tras un breve (por fortuna) escarceo con el mundo de la publicidad se traslada a París, en dónde nacen sus más famosas series. Es evidente que alguien debería escribir un ensayo sobre las ciudades en las que uno puede ser artista y de que manera debe hacerlo. Por ejemplo, “si usted quisiera escribir sobre un asesino de prostitutas (por no salir del tema) ubique el suceso, con la mayor presteza, en México DF o Londres, admitimos Nueva York como animal de compañía”. Pero ese sigue siendo otro tema.

The Little Black Gallery es una pequeña galería Londinense (¡qué deliciosa casualidad!) dedicada a la fotografía contemporánea. En ella podremos observar, del 4 de marzo al 12 de abril la exposición Bordello de Vee Speers. Serie que, a mi modo de ver, conforma una de las mejores expresiones de su fotografía. En ella se nos presentan una serie de imágenes de prostitutas en burdeles parisinos de la década de los 20. A modo de cimientos de ese irreal mundo que nos propone Speers aparecen las decoraciones originarias de aquellos burdeles.

En palabras de Susan Sontag: “La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma”. La propia Vee Speers afirma que pretende seducirnos con imágenes inquietantes y hermosas que dejen abierta una puerta hacia su mundo. Podríamos hablar por lo tanto de esa mirada que nos introduce en su realidad.

Observando pues esas fotografías cargadas de sensualidad uno no para de preguntarse el porqué de su momentánea enajenación amorosa. Por qué una realidad tan sórdida como un burdel nos transmite esa sensación de deseo. Quizás sean las modelos, o quizá esa atmósfera creada por la impresión en carbono. Lo cierto es que esta serie deconstruye los limites entre la imaginación y una realidad incómoda. Consigue, tal y como afirma Karl Lagerfeld “mostrar la belleza donde la belleza está ausente”. “The twighlight of Vee Speers’ great photos of beautiful women causes the viewer to merge with the surroundings of the image and enter a kind of dream-like vision of an often sordid reality. Shapes lose definition and imagination overweighs perception. Real life is left behind… the boundaries between subject and photographer become more and more indistinct.”

Nos encontramos ante una serie que logra hacernos sentir esa dialéctica de estocada y defensa, esa estética que; partiendo de una posición tan cuestionable como el mercadeo sexual nos traslada a una dimensión en la que el deleite sensual es el que nos guía hacia lo personal. En una afirmación casi lumpen decimos que la prostituta es bella. Afirmación parecida a la que podemos extrapolar de Francesca Woodman, o de Frida Kahlo con su elección del dolor.


Si tuviera que dar una explicación no capciosa de cómo Vee Speers consigue el cometido de hacernos sentir parte de otro mundo afirmaría, como Lewis Hine que: “Si pudiera contarlo con palabras, no me sería necesario cargar con una cámara”. Para entender la belleza debemos pues; hacerle el amor.

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