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David Hockney: A bigger (Ipad) exhibition

“Se instituyeron nuestras Bellas Artes y se fijaron sus tipos y usos en tiempos bien distintos de los nuestros, por obra de hombres cuyo poder de actuar sobre las cosas era insignificante frente al que hoy tenemos. Pero el pasmoso crecimiento de nuestros medios, la flexibilidad y precisión que éstos alcanzan, y las ideas y costumbres que introducen, nos garantizan cambios próximos y muy hondos en la antigua industria de lo Bello. En todo arte hay una parte física que no puede contemplarse ni tratarse como antaño, que no puede sustraerse a las empresas del conocimiento y el poder modernos. Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son desde hace veinte años lo que eran desde siempre. Hay que esperar que tan grandes novedades transformen toda la técnica de las artes y de ese modo actúen sobre el propio proceso de la invención, llegando quizás a modificar la idea misma de arte”.
Así empezaba Paul Valery su escrito “La conquista de la ubicuidad” (1928); fragmento que poco después Walter Benjamin incluiría como prefacio de“La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” (1936). No parece descabellado aventurar que el escrito de Benjamin no es más que la versión extendida de lo que Paul Valery advenía casi diez años antes; sí Valery actúa como profeta, Benjamin se convierte en Evangelista de la nueva condición inédita de la obra de arte, y lo hará apelando a la materialidad de la misma. Ambos advertían sobre la tremenda transformación operada en el arte europeo de su época, anunciando una profundas mutaciones en el proceso técnico, material y expresivo. Sin embargo, si Valery escribiese ahora mismo sobre el arte actual sus palabras no serían muy distintas.
Hace unos años, David Hockney regresaba a las tierras de su infancia extasiado por los paisajes, y consciente por primera vez, de los cambios que las estaciones provocaban en los bosques; bosques que había sustituido por la jungla urbana de California desde su juventud. Esa vuelta a los parajes de la niñez despertará en él un sentimiento quizás semejante al que pudieron experimentar los primeros impresionistas decididos a echarse al monte. Nace así, toda una serie de pinturas que reflejan la evolución a lo largo de las cuatro estaciones de los paisajes de Yorkshire y que se recogen en la exposición David Hockney: A bigger exhibition.
En esta nueva muestra aparecen muchos de los hitos que Hockney ha ido explotando a lo largo de su carrera, como la fotografía, el collage o el gran formato y siguen vigentes muchas de sus preocupaciones. El énfasis por reflejar el paso del tiempo, que ya se adivinaba en obras como A bigger Splash, servirá como hilo conductor de su última producción. Sin embargo, ésta se centra especialmente en la vuelta al género inglés sin abandonar las motivaciones esenciales de su obra.

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Pero ¿qué sentido tiene la pintura a “plein air” en el siglo XXI? Hockney sale al campo decidido a ganarle la batalla a la fotografía, demostrando que la pintura aún es capaz de mostrar una imagen más vívida del paisaje; de cómo a la hora de atrapar el mundo en dos dimensiones la cámara puede que no tenga la última palabra. En este sentido, el Ipad se convierte en una herramienta inmejorable, la inmediatez que proporciona le permite reflejar los efectos de luz cambiante y las rápidas variaciones atmosféricas como ningún otro medio. Sin la comodidad que proporciona el óleo en tubos, Monet no hubiese podido realizar sus maravillosos paisajes, quizás esto mismo es lo que pensó David Hockney cuando un Ipad cayó en sus manos.
No era la primera vez que el artista se dejaba absorber por las nuevas tecnologías, ha usado polaroids, impresoras láser, maquinar de fax, fotocopiadoras… demostrando la legitimidad de estos medios en el arte y componiendo obras que sin duda han pasado a la historia. Y sin embargo, una parte de la crítica no ha sido especialmente favorable con sus Ipad paintings.
Aún en la era del arte digital hay quien se muestra reticente a la digitalización del pilar de las bellas artes. Así, el juicio estético ha de derivar del análisis de la obra y no de la admiración por lo novedoso de su tecnología de base. Lo contrario supondría valorar un lienzo por la cualidad original de sus pigmentos. Esta nueva visión de la pintura no se opone a las leyes clásicas del sentido artístico, como Hockney demuestra en obras como El sermón de la montaña -reinterpretación de la pintura de Claudio de Lorena-, en todo caso, democratiza determinados soportes y posibilidades técnicas, algo muy en consonancia con el espíritu pop art del autor, favoreciendo el surgimiento de un nuevo campo expresivo.
Por lo demás, pensar en la pintura digital sigue siendo una ardua labor, extensible al arte digital en general. La materialidad a la que Benjamin aludía se ha disipado, y las imágenes se convierten en combinaciones sintéticas de ceros y unos. Dada la juventud del fenómeno, la sorpresa todavía entorpece la legibilidad artística de numerosas creaciones, cuyo disfrute en ocasiones proviene más de la novedad que de su interpretación simbólica. Deberíamos impedir a todo trance las concesiones gratuitas a la hora de valorar la expresión digital, por lo demás llena de prometedoras fantasías.
Recogiendo las palabras de Carlos Fajardo: “Se hará necesario construir nuevas brújulas y nuevas cartografías para caminar por los espacios globales que nos esperan. Tendremos que estar preparados para asumir de forma más vital y profunda las nuevas categorías que el arte está presentando y presentará en las próximas décadas.”
En todo caso, el placer visual de las obras de Hockney es indudable más allá del medio. Sus pinturas reflejan el esplendor de la primavera y una belleza vital sin igual. Es de agradecer que todavía queden artistas capaces de atreverse con el lado soleado del la vida, capaces de pintar flores y árboles bellos, capaces de crear obras que no necesiten de interminables explicaciones, capaces de deleitar al público más allá de una élite de intelectuales y comisarios, que hable acerca de las cosas bellas del mundo mientras todavía queden cosas bonitas que representar.

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