Artes figurativas/Imagen

O bosquexo artístico: un laboratorio de ideas

 

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EL BOCETO ARTÍSTICO: UN LABORATORIO DE IDEAS

Exposición “O bosquexo do mundo” na Fundación Luis Seoane, A Coruña.

Desde el 13 de marzo hasta el 25 de abril, en la Fundación Luis Seoane se puede contemplar la exposición titulada “O bosquexo do mundo”. La muestra reúne la obra de veintidós artistas, la mayoría de ellos de origen gallego y abarca diferentes actividades artísticas como la escultura, la pintura o mismo el montaje videoartístico, con un único nexo de unión: el boceto artístico . De este modo, el esbozo deja de ser una experiencia íntima del artista que rara vez ve la luz, para traspasar el ámbito del taller y convertirse en el protagonista del espacio museístico.

El bosquejo es una forma de acercarse a lo más profundo del artista, a su primera idea – el arte en estado embrionario – que, como si de una hipótesis se tratase, tiene la necesidad de ser cierta, de transformarse en obra de arte.

El esbozo es un flash, es la inmediatez, la exigencia imperiosa de llevar a la materia una idea que no necesariamente madurará, pero que en sí misma atrapa la esencia del artista. Es la idea más pura, el ensayo antes del estreno.

Para el artista es una herramienta del pensamiento. Representa aquello a lo cual es imposible sustraerse, el fuerte impulso de la creación artística sin tener en cuenta el lugar o el material. Aunque también puede ser un acto reflexivo, fruto del trabajo calmado, de la labor rutinaria en el taller.

En la muestra tenemos ejemplos que muestran estas dos formas de creación. Desde los rápidos trazos a acuarela o a lápiz sobre planos, cuadernos de dibujo o dietarios de Din Matamoro (Vigo, 1958) hasta los bocetos más trabajados como los de Ignacio Pérez-Jofre (Madrid, 1965), cuyo cuadro de las multitudes perfectamente alineadas y ordenadas, es un estudio de actitudes, de movimientos y de escorzos. Una obra con la entidad y madurez suficiente como para traspasar la simple formulación y convertirse en obra artística definitiva.

Lo objetos cotidianos, aparentemente banales, resultan sugerentes: chequeras, hilos, planos de carreteras, cables, maderas, cosas carentes de valor cobran vida de la mano del artista, todo en busca de unos nuevos enfoques, de nuevas texturas y formas que van desde las más figurativas como las de Tamara Feijoó (Ourense, 1982) hasta las tramas geométricas y conceptuales de Bosco Caride (Vigo, 1963).

En la exposición también vemos el proceso artístico en toda su evolución, partiendo del boceto hasta la obra definitiva. Tal es el caso de Juan Carlos Román (Bilbao, 1961) y su cuadro Bambino Piccolino. Una canción da título a la obra y es el resultado final de varios esbozos en forma de collage.

La elección de los artistas, la distribución de las obras y la magnífica sala invitan a detenerse, a disfrutar de un montaje que pone en escena, por encima de cualquier otra consideración, el estatuto ambiguo del boceto: ese ente que camina haca la obra pero que no es obra todavía…o a lo mejor sí.

 

 

 

 

 

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