Cine/Sociología

La Ola, marionetas articuladas por una sola mano

 

Fotograma del saludo reglamentario del grupo La Ola.

Fotograma del saludo reglamentario del grupo La Ola.

 La Ola es una película alemana del 2008 dirigida por Dennis Gansel basada en un suceso real que tuvo lugar en 1967, cuando tras cinco días de experimentos, el profesor de historia Ron Jones tuvo que interrumpir el proyecto denominado La tercera ola con el que pretendía demostrar a sus alumnos de la escuela de Cubberley de Palo Alto (California) la dimensión real y los peligros de la autocracia, obteniendo sorprendentemente resultados completamente contrarios.

  El impacto que causó este acontecimiento fue recogido en 1981 por el escritor estadounidense Todd Strasser (bajo el pseudónimo Morton Rhue) narrando en su libro “The Wave” los hechos que en 2008 recuperó el director Dennis Gansel en clave de thriller, ubicándolos esta vez en la Alemania actual. El filme obtuvo un gran éxito en el Festival de Sundance, concursó en los Premios del Cine Europeo 2008, teniendo dos premios y dos nominaciones de los Premios Alemanes de Cinematografía, estuvo nominada al trailer extranjero más original en los Golden Trailer Awards y consiguió erigirse como líder de taquilla en Alemania cuando fue estrenada.

  La versión de los hechos narrada en la película se enmarca en un instituto alemán en el que se está llevando a cabo la semana de proyectos, en donde los alumnos tendrán que elegir entre dos temas de historia muy dispares, la anarquía y la autocracia. El profesor Rainer Wenger, muy a su pesar, tendrá que explicarle a sus alumnos qué es la autocracia, y decide hacerlo de una manera dinámica y participativa, con la intención de que la verdad se abra paso por sí misma y no por el principio de autoridad. El profesor les pregunta a sus alumnos si es posible que hoy en día vuelva a surgir en Alemania una dictadura como el nazismo, a lo que ellos responden con clara negación, porque según ellos han aprendido de los errores del pasado. Rainer Wenger se dispone a mostrarles aspectos de esta ideología de una manera práctica, obteniendo resultados verdaderamente escalofriantes, hasta tal punto que la mayoría de ellos actúan como marionetas dirigidas por el líder (el profesor).

  Para comprender las actitudes que tuvieron lugar en la semana de proyectos de este instituto es necesario recurrir a la definición de autocracia. Autocracia procede del griego «auto» (uno mismo) y «krátos» (gobierno o poder), es un sistema de gobierno en el cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley. Los alumnos decidieron por votación que el profesor fuese su líder y será él quien tome las decisiones. El profesor en este caso, encauza la latente rebeldía juvenil hacia un uso viciado de las virtudes básicas y universales (la unidad, la amistad, la lealtad, el sacrificio, la confianza…) transformándolas en ideas inocuas como la disciplina y el sentimiento de comunidad. Esto se ejemplifica en la película cuando los alumnos para dirigirse al profesor tienen que levantarse de su asiento, y según pasan los días vemos como todos deciden elegir un uniforme para identificarse como un grupo unitario (camisas blancas y vaqueros) y crean su propio saludo (símbolo de La Ola, su grupo). Lo que en un principio parece un juego en grupo, al final lo asumen como una labor social. Este ejemplo puede resultar ridículo a primera vista, pero si nos paramos a pensar, la manipulación de los grupos y colectividades está a la orden del día. Pensemos en los grupos políticos, la religión o el ejército, en donde personalidades concretas cultivan esta idea apoyándose en todos los medios que tienen a su alcance para hacer un uso abusivo de la dominación.

  Las complicaciones se acentúa cuando dos alumnas no aceptan pertenecer a este grupo perfectamente organizado. No están de acuerdo con los valores que defienden, una de ellas decide abandonar el proyecto, y la otra es rechazada por no querer llevar el uniforme implantado. La reacción del grupo es despreciarlas y seguir unidos. Estas alumnas se dan cuenta de que el grupo está inmerso en una paranoia colectiva; como diría Le Bon, en la masa predomina una falsa ilusión sobre lo real. De hecho esta falsa ilusión se extrapola a la vida cotidiana, y el grupo comienza a manifestar su ideología por toda la ciudad, hasta tal punto de tener conflictos con individuos que no simpatizan con ellos. La locura colectiva llega hasta el extremo de que en un determinado momento obligan al resto de los alumnos del instituto a llevar su propio uniforme para presenciar un partido de waterpolo, por el simple hecho de que algunos de los jugadores forman parte de La Ola.

   Este hecho me recuerda al suceso que ocurrió en Grecia en 2012, cuando el grupo ultraderechista Aurora Dorada impuso a los periodistas a levantarse cuando el líder entraba en la rueda de prensa para mostrarle sus respectos.

  Es cierto que todos los seres humanos por naturaleza tendemos a unirnos a muchas masas a la vez, teniendo varios enlaces de identificación con el objetivo de construir a través de distintos modelos de masa nuestra propia personalidad. Cada ser participa del alma de muchas masas: raza, estamento, comunidad, etc., pero el individuo se empapa de los conocimientos que va adquiriendo construyendo su propia autonomía personal, siendo original y único.

  El problema es cuando, como diría Freud, se pasa de una masa efímera a una masa estable. Según Freud, en ese mismo momento, el individuo pierde su ideal del yo, intercambiándolo por el ideal de la masa corporeizado en el líder.

  La regresión psicológica de los grandes grupos humanos se caracteriza por una pérdida de la identidad individual. Este tipo de regresión puede ser causada a través de la imposición del terror, desarrollando como consecuencia una locura colectiva, con pérdida del criterio individual. Para ello se fomentan el pensamiento mágico (adoración a un ser superior), mitos o la deshumanización del adversario. El objetivo es el de agrupar a la comunidad en situaciones de amenaza, que puede ser real, fabricada o delirante.

  Cuando el profesor, tras ser advertido por algunos de sus alumnos y su mujer, se da cuenta de que el experimento ha llegado demasiado lejos intenta poner fin al grupo. Para ello hace ver a sus alumnos que si continuasen por ese camino se incurriría en actos violentos, pero uno de ellos no lo acepta, no es capaz de entender que todo fue producto de una falsa realidad, imbuido en una obediencia extrema hacia La Ola, no soporta volver a su vida cotidiana y acaba suicidándose.

  En la historia real, el profesor californiano Ron Jones no llegó tan lejos, pero sí observó que los alumnos se entusiasmaron hasta tal punto que a los pocos días empezaron a espiarse unos a otros y a acosar a los que no querían unirse al grupo. Jones se preocupó de los resultados del ejercicio y detuvo el proyecto al quinto día haciendo ver a sus alumnos que el movimiento tenía un líder mundial: Adolf Hitler.

   Después de ver esta película comparto la intención de la misma de transmitir al público que es necesario potenciar el punto de vista social que enfatiza la dignidad moral del individuo, creer en la individualidad, la autosuficiencia y la autocreación. El liberalismo y el respeto mutuo son actos realizables, aunque muchos opinen que sean idílicos. Otra cosa es que interese hacerlo o no.

  La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada. Gustave Le Bon.

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