Artes figurativas

INTRUSO

A principios del mes de Febrero de este año ha surgido la polémica entorno a una escultura hiperrealista de Tony Matelli. La obra, titulada Sleepwalker (el sonámbulo) representa a un hombre en ropa interior con los brazos extendidos vagando sin rumbo. La polémica estalló cuando se decidió reubicar la escultura desde El Museo Davids al campus del Wellesley College. Tras su nueva hubicación la obra de Matelli no ha parado de recibir críticas por parte del alumnado quienes la han señalado como fuente de miedo y opresión para las estudiantes del centro, viendo en ella un representación de un asalto sexual. Por otro lado la directora del museo Davids, Lisa Fischman, sale en defensa de la escultura al plantearla como un catalizador entre la exposición y el mundo. Además señala la voluntad de la escultura de dialogar con su entorno, lo que, para bien o para mal, sin duda ha hecho.

La escultura hiperrealista nace en la década de los 60 del siglo pasado, de la mano del artista John Andreas, que tenía como objeto de representación aspectos tribales de la sociedad de consumo. A partir de ese momento, este género escultórico ha tenido una gran cantidad de seguidores, entre los que podemos destacar, Ron Mueck, cuya obra se destaca por la distorsión de la realidad por medio del tamaño, ya sea por exceso o por defecto. Evan Penny, que centra especial atención en la representación de la piel y el cabello. O Maurizio Cattelan, nacido en Padua pero que actualmente reside en Nueva York, y cuya obra se ve marcada por una contundente crítica expresada por medio de mordaces hipérboles.

La escultura hiperrealista tiene como fundamento las representación de la realidad, lo que produce una empatía con el espectador gracias a la cercanía de las formas representadas. Además es gracias a jugar con esta empatía que estas obras pueden ser tan directas y producir una reacción tan exaltada, como la que vemos que se produce con Sleepwalker y que motiva su retira del ámbito social. Pero este no es el único ejemplo en el que vemos a la escultura hiperrealista en el punto de mira. Otro ejemplo lo encontramos en 2004 de la mano de Maurizio Cattelan, que expone en la bienal de Sevilla una obra que representa a un conjunto de niños ahorcados en un árbol, lo que provoca que diversas organizaciones pidan su retirada de la exposición, a lo que Juana Aizpuru responde: “Cattelan es un provocador, pero hay que entender que el papel de los artistas actualmente no es hacer cosas bellas que satisfagan, sino preguntar sobre temas candentes. ¿Cómo la sociedad puede ser tan hipócrita porque haya un muñeco colgado cuando a diario vemos que hay imágenes de niños con sus madres que se mueren?”.

La verdad es que lo mismo sucede con la escultura de Tony Matelli, si bien es cierto que su representación es menos agresiva, menos directa, se le puede aplicar el mismo razonamiento que el que expone Juana Aizpuru para la escultura de Casttelan, ya que, el papel que adopta Matelli no es el de representar cosas bellas. No obstante cabe puntualizar que, si bien es cierto que la belleza ya hace mucho que no es el fin último para muchas obras de arte, su “fealdad” las expone a una crítica procedente de un ámbito ajeno al artístico, haciendo que muchos la vean como algo incomprensible o carente de principios artísticos, y obligándonos a llegar la tautología de definir el arte como aquello que está dentro del ámbito artístico, teoría que sin bien entiendo y me veo obligado a aceptar en algunos casos, no termino de compartir.

Otra cuestión que merece especial interés en el “juicio público” al que se ha sometido la escultura de Tony Matelli es la reacción popular. Por un lado no dudo del sobresalto que debe producir la visión de un hombre semidesnudo en la nieve en una calle cualquiera, pero de ahí a vincularlo con una acción sexual violenta me parece exagerado, por que, ya habiendo reconocido lo peculiar de la situación, la escultura no resulta agresiva, ni tiene un pathos violento, solo representa a un hombre sonámbulo andando. Todo esto me lleva a cuestionarme si la reacción que se ha producido en Boston se hubiese producido en otras ciudades, de otros ámbitos, como el norte de España, Italia, Oslo, u otras países de Europa. Entiéndase que con esta cuestión no pretendo poner el juicio de pocos en boca de muchos, pero si es cierto que la reacción general puede y está condicionada por la cultura y la sociedad circundante, es por ello que si considero positivamente esta escultura, si bien es cierto que la fuerza que posee obedece a su entorno y su interpretación por parte de sus “vecinos”.

Es por todo esto que “intruso” me parece una buena forma de resumir el papel de la escultura en esta polémica. Pero con ello no pretendo quedarme ahí, sino que este debate ejemplifica un gran número de casos en el que se encuentran obras de arte ante el gran público, además de crear una metáfora acerca del papel del espectador en muchos ámbitos artísticos (por ejemplo, las grande ferias de arte moderno) ya que se encuentra, si bien es cierto que no dormido, si andando por ninguna parte en paños menores y sin comprender bien lo que sucede su alrededor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s