Cine/Espacios

El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar!

El mar, algo tan fantástico y bonito como tenebroso y peligroso. Ese mar que tan presente está en Galicia y que tantas sensaciones nos transmite. Todo esto es lo que consigue hacernos ver y sentir Lois Patiño en su largometraje Costa da Morte (2013). A lo largo de 81 min. Patiño nos localiza en a Costa da Morte a través de sonidos e imágenes sin ningún tipo de adorno más que la realidad y los paisajes existentes, esos paisajes de costa que en si mismos representan lo sublime, una obra de arte sin necesidad de nada más, idea que Patiño recalca a lo largo de los minutos.

Los únicos personajes principales son el viento, la piedra y el mar. El mar que es el alma de a Costa da Morte, marcado por el finisterre y las leyendas de naufragios, temporal y muerte que se contraponen a esas estampas turísitcas de postal. Lois Patiño indaga en todo esto y en esas sensaciones a través de las conversaciones de los lugareños donde se hace patente ese marcado carácter agreste y duro de la gente que ama el mar pero que al mismo tiempo lo respetan e incluso en ciertos momentos lo temen curtidos por las desgracias que han sufrido y por las vidas de familiares y amigos que el mar ha cortado de raíz donde en la mayoría de los casos ha robado para no devolverlos nunca más con la incerteza y el desasosiego que eso provoca.

A través de un género tan complicado como es el documental, Patiño consigue mostrar y desarrollar el tema de una forma atractiva tanto en la presentanción en pantalla como la forma de desenvolver la historia.

Admiro y resalto el respeto y la admiración con la que el director trata el paisaje, las costumbres, las gente y todo lo relacionado con a Costa da Morte y sobre todo con la figura del mar. Como persona de costa, que vive el día a día vinculada al mar y tan cercana a Costa da Morte, como es mi caso, a lo largo de los minutos que dura el largometraje me he sumergido en esa atmósfera que tan conocida conocida, especial y única es para mi. El espectador puede entender el sentir de la gente mar y porque algo tan simple como el agua puede ser tan bonito y traicionero a la vez, reclamando muchas veces de una manera tan violenta y fascinante lo que es de su propiedad – y en muchos casos lo ajeno a él – porque el mar puede llegar a ser el banquero más doloroso e increible a la vez cosa que Patiño consigue representar a la perfección en lo que yo consideraría una obra maestra.

  El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

  ¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

  ¿Por qué me desenterraste
del mar?

  En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.

  Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Rafael Alberti

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