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Entre ética y estética

De una sublime naturaleza a ciudades de fugaces excesos, del sosiego espiritual a la violencia. El reflejo del contraste entre la calma y la armonía, frente a la rapidez, el consumo, la fabricación, la destrucción. Las religiones, las armas, las sociedades y  las culturas, la naturaleza y el arte. El hombre y las huellas de su paso por la Tierra. ¿Sus huellas?: sus errores, y sus consecuencias.

Todo este cúmulo de polos opuestos, ideas y sensaciones paradójicas me dejaron con la boca abierta en muchas ocasiones viendo Samsara. Un placer visual dirigido por un maestro en el aspecto fotográfico y un gran experto del time-lapse, que utiliza puede que demasiado; se presenta en forma de documental grabado en película de 70 mm., como ya había hecho con su predecesora Baraka. Una calidad en el tratamiento de la imagen y la fotografía exquisita, todos los detalles, los matices, los encuadres la luz y los colores son pura expresividad. La verdad es que lo tiene todo, reúne bastante bien temas concernientes a la ética actual con una estética muy cuidada y limpia. Ciertamente, para que nos entendamos, se tratan de fotografías de la National Geographic en movimiento.

 

El propio título del documental viene a decir algo así como que la rueda de la vida está girando permanentemente. El ciclo de la vida captado mediante un trabajo de cinco años de duración viajando por cuantiosos puntos (algunos de los cuales ni siquiera se revelan) de 25 países.

Toda la enumeración de conceptos realizada antes, se va hilando a lo largo de un discurso no verbal, tan solo acompañado por música original de los compositores Marcello De Francisci, Lisa Gerrad y Michael Sterns, que nos lleva hacia interpretaciones más profundas. Prueba de ello es que, gracias a este hilo conductor o, mejor dicho, musical, la concatenación de secuencias con sus polos opuestos e imágenes contrastadas acaban siendo la unión de una parte por el todo: cada interpretación musical se trabaja por separado de acuerdo con la imagen, por lo que se intuye una gran diversidad de instrumentos autóctonos y de toques étnicos, pero sin embargo en el conjunto se perciben muy bien ensambladas entre ellas, no se pierde el concepto global del proyecto, si no que se establece un diálogo.

La música y las imágenes te transportan tanto a terrenos sagrados como a zonas industriales. Permite que nos colemos entre las maravillas de la naturaleza, que hay muchas, y también entre las catástrofes provocadas por ella; Trata del hombre y de la experiencia humana; y cómo no, de las catástrofes, que estas sí que ya son muchísimas. Pero lo contrapone a excelsas imágenes de sus creaciones y sus logros, que también los tenemos. Como veis, la cosa va de opuestos, de los extremos de la vida; y los encontramos no sólo en la temática, si no también en el lenguaje cinematográfico, con numerosos primeros planos que nos dejan ver hasta el último detalle con una calidad increíble, así como unas vistas de pájaro con una enorme profundidad de campo. La gama cromática, los movimientos de cámara, las luces y las sobras…todo oscila en una relación de iguales e inversos.

Nos dan un amplio repaso paisajístico que no tiene desperdicio. Nos sitúan en medio de un volcán en erupción en la isla de Hawai, captando la fuerza del color de la lava hasta tal punto que te da sensación de calor y de ahogo al ver el humo “comerse” a la cámara. Nos hacen sentir como hormiguillas ante la visión de desiertos y dunas inabarcables, que se mueven sinuosamente con un ritmo lento y suave. Se muestran templos que ya les gustarían a los ingleses del XVIII para sus jardines pintorescos, como los Templos de Bagan en Myanmar, una de las secuencias que más me gustó por su detalle con la arquitectura, parándose en los ángulos y quiebros, en la textura del material… y por la distinción de ese prado verde, que pone a uno de buen humor nada más verlo. Pero como decía que es una cosa de contrastes, tras mostrar los portentos de la naturaleza, también muestra sus desastres, como el efecto devastador de los tornados o huracanes, y las personas a las que les afecta.

En ámbito de las diversas culturas que trata, me quedo entre otras con la secuencia del hipnotizante baile de las mil manos propio de China en el que las bailarinas, vestidas de colores chillones y joyas hasta arriba, juegan con sus brazos convirtiéndolos en una especie de abanico o de espiral en continuo movimiento. Es una imagen de lo más atrayente, por todos los elementos que evocan la sensualidad del cuerpo, las formas orgánicas en movimiento que van del interior al exterior. Imágenes de tribus africanas que utilizan sus rostros como si fueran lienzos. Y como cruce, se plasma el movimiento violento, casi fulminante y los edificios que pretenden llegar a la estratosfera; la cultura de masas, de la producción en serie, la sociedad consumista, la “sociedad avanzada” con sus autopistas de mil cruces, millones de coches e infinitos atascos.

Se enlaza de un tema a otro pasando de la producción en las fábricas, a la explotación animal, el comercio del cuerpo, la prostitución, la fabricación de armas y la sociedad marginal. Me interesa comentar este último aspecto de la discriminación social y la pobreza, puesto que me agradó el modo en el que se refleja una crítica sagaz mediante una secuencia en la que podemos ver un conjunto de chabolas que se extienden a lo largo de la periferia de una ciudad, entramos en ellas, vamos a sus habitantes y también entramos en ellos. Luego, la cámara comienza a alejarse despacio y vemos las chabolas en su conjunto, y exactamente a un suspiro de distancia podemos comenzar a ver varias piscinas, canchas de tenis, lujo y ostentación.

En el arte, se muestran varias facetas, pero sin lugar a dudas, la más increíble es una obra realizada por monjes de un monasterio de la India, a los cuales se les ve trabajando en una composición de arena de colores mediante una técnica minuciosa, casi imposible. Un trabajo lento y de gran precisión, que logran llevar a cabo con gran detallismo. Me hizo pensar en lo poco que valoramos y conocemos este tipo de arte de gran riqueza en absolutamente todo, y que sin embargo no tiene el mismo tipo de difusión como las performances, como la que se muestra de Olivier de Sagazan, que personalmente no me gustó nada. Puedo decir que el documental de verdad me hizo experimentar sensaciones que pasaron por varios niveles desde el máximo agrado, al sobrecogimiento, asco, abatimiento, liberación.

Se denota un cambio drástico respecto a la libertad que transmite la parte de los colores brillantes, los paisajes ideales, el arte y la curiosidad por culturas menos conocidas, contra la impresión de acorralamiento, de agobio que me provocaron la mayoría (aunque no todos) de fragmentos referentes a la sociedad de consumo, a la que nos hayamos más cercanos. Sin embargo, este tipo de cambios y variaciones en el transcurso del documental me gustó, me parece que le da mucho realismo, ya que aquí no todo son las cucamonadas de los arbolitos, las flores, los animales y las cascadas en medio de lo salvaje…aquí vemos la otra cara, la cara más cruda, que hace que acabemos por reflexionar, aunque sea un poco.

 

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Un pensamiento en “Entre ética y estética

  1. Si tuviera que rescatar una película para enseñarle a un improbable extraterrestre qué son los humanos y qué han hecho en la tierra, escogería una de esas dos, Baraka o Samsara. Tal vez les haría ablandarse y renunciarían a exterminarnos xD

    Las imágenes de los templos de Bagan me dejaron un poco así 0_O, pero vamos, que todo el documental es para que se te caiga la baba

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