Filosofía/Otros

EL MODERNO PROMETEO

Cuatro etapas: selección, producción, impresión y posproducción. Si son magníficas, la portada de tu libro juega con ventaja. Día a día editoriales de todo el mundo viven este proceso con sus imprescindibles cuatro etapas. Sea cual sea la idea que tengamos de una portada, es el elemento que atrae, es el primer impacto visual y los editores tienen que tener la intención de cuidarlo. Como muy bien dice Carin Goldberg: “La cubierta funciona como un referente visual emocional. Es algo que siempre vamos a mantener en nuestra mente como lo que el libro parecía. Definitivamente la portada se convierte en parte de la experiencia de la lectura de la obra”.

Está en lo cierto, además, las portadas de los libros deben buscar el perfecto equilibrio en no ser demasiado explícitas o cargadas de imágenes muy representativas. Un libro es la creación de un mundo con sus respectivas imágenes; todo ello a base de palabras. La portada no debe condicionar jamás al lector su propia visión. Kafka, por ejemplo, insistió  en la idea de que no se representase en la primera edición de su obra La Metamorfosis a su personaje principal, Gregor Samsa. Ese comerciante de telas que vive con su familia al que él mismo mantiene que una mañana se despierta convertido en un extraño insecto que se cree que es un escarabajo aunque no se identifica claramente en el texto. Kafka se negó a su representación en la portada de su libro aunque años más tarde se desoyera su voluntad.

Image(primera edición La Metamorfosis)

Las portadas de los libros así como las de los discos o películas son elementos tan variados y estéticos que se prestan, entre otras cosas, a su análisis y a la creación  de categorías como por ejemplo: las diez mejores o peores portadas de la historia, las 100 portadas más polémicas o las más impactantes. La página web cultural FLAVORWIRE, como muchas otras, se encarga de la creación de múltiples listas, tanto de libros como de portadas. Sin embargo, el motivo por el cual hablo de ella es por su última publicación el pasado marzo con motivo de los 195 años de la obra Frankenstein. Era una lista diferente, una lista que habla sobre la evolución de un libro a lo largo de la historia. Algo muy interesante si nos detenemos en la idea de la evolución de los gustos, la evolución de la demanda hasta llegar a la actualidad. En la página se observa esa trayectoria estética no sólo temporal sino geográfica.

Una portada del año 1932 de Nino Carbé, artista de la factoría Disney que también participó en la creación de Fantasía, Bambi y Pinocho.

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Una portada de 1975 de Mara McFee, figura referente ya en las primeras exposiciones de Pop Art.

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La edición belga de 1960 que basa sus dibujos y colores en la pintura flamenca holandesa.

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Todas entre ellas son completamente diferentes y originales. Flavorwire expone, también, carteles cinematográficos basados directamente en portadas de ediciones literarias.

Un ejemplo perfecto de cómo las portadas de libros que de una manera u otra han perdurado hasta nuestros días han debido, acertadamente, adaptarse a los cambios, adoptar los gustos de cada momento y a cada lugar.

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