Artes figurativas/Diseño de interior/Sociología

La pared taller.

Y tú, ¿Estudias o trabajas?, clásica pregunta que podríamos hacer en un guateque para flirtear con una chica mientras algún pinchadiscos (de aquellos que usaban aguja y no click) nos dedicaba el tema que con anterioridad le habíamos pedido para lograr el ambiente óptimo para lograr la anhelada conversación con la persona que nos gustaba. A día de hoy esa frase -amén de ser un kitsch semántico- no vendría a cuento para intentar conseguir a esa persona. Casi tan vieja como esa pregunta es esta otra: Grafiti, ¿Arte o vandalismo?, bien esta pregunta como tantas otras no tiene una respuesta fija. Parece que esta pregunta de las veces que se ha formulado va camino de convertirse en la pregunta retórica de la hipermodernidad. No tiene salida, ni una postura que los iguale, es como preguntar si vemos el vaso medio lleno o medio vacío, vamos una pescadilla que se muerde la cola, un ciclo sin fin. Ambas posturas son respetables, ya que realmente sin la parte ilegal de pintar no podríamos concebir el grafiti tal y como lo entendemos a día de hoy. Hay quien considera al grafiti como la forma más liviana de vandalismo y quien lo considera la parte más vandálica del arte. Hay partidarios de ambas posturas y no sabría decir cual de ellas es la correcta ya que como estudiante de humanidades estoy poco acostumbrado a saber -más bien poder- definir la materia de mi estudio y esta no será una excepción.

Esta sociedad trata al grafiti como un fenómeno juvenil -la mayoría de estudios dicen que las edades más comunes entre grafiteros oscila entre los catorce y los dieciocho años- y se suele tildar como un fenómeno hijo de la contemporaneidad, nada más lejos de la realidad. Situémonos una caverna, paleolítico superior, Navarra, pues si señores se trata de la Cueva de Covalanas. Arte por arte, significación ritual,… no entraré ahora a discutir eso, vamos al hecho en sí. Esto es una pintada en un espacio público. Viajamos un poco en el espacio y el tiempo hasta la tierra del Nilo, donde econtramos numerosas manifestaciones artísticas en el espacio público, pero estas se llaman jeroglíficos. Seguimos avanzando, Roma, Domus Aurea de Nerón, villa Adriano y Pompeya, en estos tres puntos se encontraron las llamadas letrinalias, o para entendernos inscripciones realizadas en el espacio de las letrinas. Montamos en nuestro DeLorean mental hasta situarnos a mediados del S.XVIII donde Hurlo-Thrumbo recopiló sistemáticamente frases escritas en los retretes públicos llegando a publicarlo bajo un pseudónimo, pues albergaban material político controvertido. Ya nos estamos quedando sin gasolina y haremos una última parada esta vez para visitar a Josef Kyselak, el considerado “primer escritor” de grafiti de la historia. Este vienés (1799-1831) un día como otro -seguramente de borrachera (N. del A.)- apostó con sus amigos que en unos años su nombre sería conocido en todo el imperio Austro-Húngaro. Aprovechando sus meses de vacaciones este comenzó a escribir su nombre por los edificios más importantes del imperio así como los monumentos o sitios más visitados. En unos meses había ganado la apuesta, su nombre era conocido en todo el imperio pero aún así este no cesó su actividad sino que continúo con la misma. Las autoridades llegaron a preocuparse y este fue llamado por el rey Francisco I, quien se dice que lo instó a dejar de pintar su nombre, Kyselak accedió a hacerlo, pero al irse el rey descubrió que este había firmado su escritorio personal. Por todo esto podríamos definir el “grafiti” como una de las formas de expresión más tempranas del hombre.

Después de un poco de historia, estaría bien ahondar un poco en la cuestión. En las paredes, en los callejones, en los trenes, en los pilares de los puentes y a través de toda ciudad parece haber un mundo de mensajes, codificados para la mayoría de nosotros. Arte, transgresión y vandalismo son palabras muy oídas en la polémica que surge inevitablemente del hecho de pintar espacios públicos y privados sin permiso. Existen de todas formas, colores y estilos. Generalmente nos chocan, nos resultan extraños rompen con el orden y la limpieza de paredes, transportes,… en fin del espacio público. A día de hoy es innegable el hecho de que forman parte del paisaje de la ciudad. Hace cincuenta años la ciudad se apropiaba del individuo, hoy en día el individuo se ha apropiado de la ciudad y se identifica con ella; en unos años más la mayoría de nosotros habremos roto la relación que nos unía con el rural -familia sobre todo-. Y todos seremos ya parte de esa ciudad, sin ningún tipo de escapatoria. La mayoría de estos grafitis chocan el primer día, pero con la rutina del tránsito se van convirtiendo en un elemento más. El grafiti no está explícitamente considerado en la legislación como un delito, pero sí lo están los daños que se pueden causar en el mobiliario urbano, algo así como: sin trabajo no hay papeles y sin papeles no hay trabajo, una de las muchas analogías del sistema.

Generalmente se empieza a pintar por pequeñas firmas o tag’s antes de pasar a los grandes muros y aquí es donde reside uno de los aspectos que más me cabrea de este tema.

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-Pues a mi un grafiti bonito sí, pero estas firmas cutres pues me parecen vandalismo.

Vamos a ver, ¿Qué coño pensamos? ¿Qué cuando Miguel Angel o Bernini empezaron a esculpir ya eran genios? Me temo que no, tuvieron que esculpir kilos y kilos de mármol antes de llegar a sus obras maestras. Genio si, pero como dice un viejo refrán “la praxis te dará la soltura”. Ningún genio llegó alto en su campo sin dedicarle muchísimas horas a su materia, de Michael Jordan a Giotto. Así que esas “pintadas” -que por otra parte las podríamos tildar de mensajes murales verbales, contraponiendo grafiti como algo con un componente icónico-pictórico- son sin ir más lejos, bodegones. Pero aún así no olvidemos la intención primera del grafiti un simple dejarse ver, ser conocido, algo así como el salir de ese anonimato que nos proporciona -para bien o para mal- la ciudad. “lo que hacen es, ante todo, un ejercicio de libertad (y no, desde luego, de vandalismo), en el que deciden por sí mismos, toman la iniciativa, ocupan su lugar y dejan constancia de que existen, expresan sus cualidades artísticas y adornan los insulsos y tediosos espacios vacíos de las ciudades”  frase de L. Valsa, en “La descontextualización del arte”. Y llegados a este punto tengo que confesar que mentí, esta es mi postura y para mi el grafiti rebosa arte y ser humano por todos sus ángulos. Por ejemplo pintar en una pared de un edificio ¿En qué afecta al edificio? ¿En su belleza? ¿En su relación con el medio? Puede ser que pase a ser más “feo” o ya no se relacione bien con los edificios de los alrededores, pero a golpe de S.XXI donde el ecleticismo es patente en todas nuestras ciudades no le veo lógica. No tiene sentido decir eso en ciudades donde un puente romano tienen enfrente un bloque de hormigón de racionalismo puro. Mucho peor que este “adorno” me parece la existencia de edificios abandonados que aparte de fomentar el feísmo cualquier día se vienen abajo. Aunque no se lo imaginen detrás del grafiti hay un código ético. Las normas más importantes son el reconocimiento de la autoría (del artista) -pues no olvidemos que esto como el Hip-hop se basa en competir-, la jerarquización de lo pintado (siguiendo el orden tag < pieza < mural) ya que existen grados de calidad artística que deben ser respetados.

El hecho de que haya grafitis que no hayan sido dañinos para la propiedad pública o privada ha llevado a un intento de institucionalización creando por un lado el “grafiti legal” de exposición en galería y el “grafiti ilegal” el de toda la vida. Para mi gusto el grafiti es un fenómeno inevitable, una seña de identidad más de las culturas urbanas. Desde siempre estamos rodeados de dibujos, pinturas y pintadas en las paredes, árboles con inscripciones de enamorados, baños, etc. con el simple objetivo de comunicarse. Esta necesidad de comunicación hoy día se apoya en la red y más recursos.

“La pared del taller del artista, son las paredes de la ciudad, siempre han sido las paredes públicas un gran laboratorio para composiciones pictóricas de todos los tipos y permiten igualmente poder avanzar y el ámbito público puede asistir a ese desarrollo. “Es un regalo que le damos a la calle”, explica Anónimo, grafitero portugués de porque se sitúa en el espacio público”, Amabel  González Troncoso.

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8 pensamientos en “La pared taller.

  1. Las exposiciones de grafitis (al igual que pasa con los espacios específicos que se están creando para el parkour) me parecen un error. El sentido del grafiti está en su relación con el espacio urbano. Ahora bien, lo que sí es cirticable son las firmas y pintadas hechas a modo del león que mea para marcar su territorio. No son una necesidad comunicativa sino una antiestética e injustificada búsqueda de notoriedad. Me refiero a aquellas en las que no se ve la ”vocación artística” y que manchan muchas paredes por el simple hecho de poder hacerlo y provocar. Antes de exponerlas a la vista de todos no está de más que mejoren su técnica en soportes más privados.
    Además, son las que suelen ensuciar la imagen de los grafiteros en la sociedad, aunque últimamente es un arte cada vez más apreciado por su cercanía al pueblo ;) http://www.streetartutopia.com/?p=10554 Aquí hay unas cuantas pintadas elogiables

  2. me llama la atención, y creo que tienes toda la razón, cuando apuntas ese eclecticismo en la ciudad: puente romano y arquitectura racionalista; una interesante reflexión que mucha más gente debería plantearse como método para dejar de juzgar tan rapidamente ciertos estilos artísticos.

    Por otro lado, en lo que comentas Roque, entiendo y en cierto modo comparto lo que dices, “lo que sí es criticable son las firmas y pintadas hechas a modo del león que mea para marcar su territorio. No son una necesidad comunicativa sino una antiestética e injustificada búsqueda de notoriedad. Me refiero a aquellas en las que no se ve la ”vocación artística” y que manchan muchas paredes por el simple hecho de poder hacerlo y provocar”.

    Sin embargo, partimos de nuestra opinión. Para muchos es una forma de comunicarse, puede que no sepan hacer otra cosa y es su manera de gritar a la sociedad que los ignora y al sistema que los oprime “eh! estoy aquí!”; sé que ello no justifica lo que le hacen a la ciudad. Efectivamente, creo que la ensucian, y no les da derecho a invadir pictoricamente la propiedad privada, y me da igual si es un Velázquez urbano, se debería pedir permiso, y si al dueño le entusiasma, ¡pues que le redecore la fachada! Lo que pasa es que nos quejamos cuando nos desagrada, obviamente, y aplaudimos, defendemos y nos fascinamos con joyitas callejeras como las del link que agregaste.

    Por otra parte, ¿por qué son antiestéticos? Volvemos al eterno debate ¿qué es estético y qué no? Yo creo que lo antiestético no existe, porque todo es estético, todo tiene una técnica, una disposición, y todo es susceptible de considerarse bello; otra cosa es que nos guste o no esa estética; hay estética de lo feo, pero no antiestética.

  3. María, no puedes relativizarlo todo, así se puede llegar a justificar hasta el holocausto, total, como es cuestión de opinión… (no digo que llegues a eso eh jajaja).Yo soy el primero que dice que las calles están para utilizarlas, con permiso o sin él. Lo que hace falta es ser conscientes de la libertad del resto de los ciudadanos para no entorpecerla. Si las calles se desgastan por el uso, podemos estar orgullosos de ellas. El problema es destrozar espacios comunes sin sentido. Las firmas a las que me refiero no son elaboraciones artísticas. Si todo es estético como dices es porque hasta los ambientes más sórdidos consiguen cierto atractivo gracias al juego sucio del cine. Pero la verdad es que a nadie le gusta vivir en un barrio lleno de jeringuillas, alcantarillas echando humo y basura por las esquinas.
    Puede que esos garabatos respondan a una necesidad comunicativa, sí, y seguramente tenga algo que ver con la falta de atención de amigos o tutores. Pero ese es un hecho que más que justificar su valía estética constata un problema que la educación debe solucionar.
    Los verdaderos grafiteros no tienen este problema precisamente porque saben cómo, dónde y cuándo hacer sus pintadas, pidan permiso o no. Muchas veces es cuestión de alcanzar la madurez, pero mientras tanto es lógico que no se deje al inmaduro de la clase que maltrate a sus compañeros hasta que se de cuenta de que lo está haciendo mal, no?

  4. Es que todo es relativo, a mi entender. Diferente es que estemos de acuerdo o no, y que sea moral o no. Simplemente trato de meterme en la mente de las otras personas e intentar comprender sus propios motivos, aunque yo misma esté en contra y aborrezca lo que hagan. Por supuesto que hay que establecer unas normas comunes a todos, acorde a nuestra ética, para que esto no se convierta en un mundo de locos (aunque viendo el panorama, creo que hace tiempo que llegamos a él). Es más, disintiendo de lo que dices: yo sí creo que es necesario pedir permiso para utilizar la calle, cuando involucramos a más personas o a sus propiedades. No solo pensemos en la pintura, sino en la música, por ejemplo; estoy de acuerdo con los espectáculos callejeros, pero pensemos en el ruido, en lo molesto que podría ser tener debajo de tu casa a varias personas cantando, etc., o los problemas que conllevan muchas discotecas. En cuanto a lo del cine, supongo que piensas en películas como El club de la lucha o RocknRolla; yo tampoco estoy de acuerdo con esa forma de vida, pero, como Diógenes, sí hay personas (las menos, claro que sí) que prefieren vivir de ese modo y no sometidos al código de un sistema tantas y tantas veces hipócrita, injusto, ominoso.

    Sobre el último párrafo, tienes razón, porque yo también opino que esas firmas deberían prohibirse, o cederles un espacio específico para ellas (aunque eso sería la inutilidad supina, pues su sentido reside en la espontaneidad de dejar constancia de uno mismo, libremente y en cualquier lugar para que el resto lo vea); pero ¿por qué son inmaduras? Si no pretende ser más, no tienen que madurar. ¿Inmaduras en relación a qué? Al arte del graffiti, bien, pero, ¿por dónde acotamos la definición? Todo se establece mediante el consenso de la mayoría, pero no signifique que esté bien. En nuestra sociedad no está bien pegar a los compañeros de clase, por eso no lo permitimos; no es ético. Para mí esta palabra define todo aquello que no atente contra la integridad (física/mental) de cualquier persona (ser vivo). Creo que esto debería ser el límite de cualquier tipo de arte. Un gafiti, una firma, en principio no hacen daño, pero ¿nos gusta? Se acaba imponiendo el gusto de la mayoría, y a la mayoría no nos gustan las firmas baratas. A un amplio sector sí le gustan (y cada vez más) los gafitis como tal. Pero ¿y si una pintada en la pared de tu casa promoviese algo ofensivo para ti? ¿Te aguantarías por su derecho de expresión y de no pedir permiso? Lo que quiera hacer, que sea en aquel lugar donde se lo consientan, adonde tú puedas elegir no ir, pero no en tu casa, en tu propiedad, y en un espacio donde conviven otras personas a las que también les puede parecer ofensivo. Por eso creo que habría antes que solicitar permiso.

    Soy consciente que por mis razones habría que pedir permiso por todo, pero también soy consciente de que hay hechos en el ámbito urbano que son inevitables. Me molesta la farola de mi ventana, ¿y qué voy a hacer? Claro que si no soy la única, y más gente lo considera molesto, al final se acabaría quitando. Supongo que por eso cambian las ciudades, pero ese ya es otro tema.
    Solo es mi opinión! (perdón por extenderme)

  5. ”En una sociedad de personas con buen gusto, algunos comportamientos de esta vulgaridad moral hoy tan dominante estarían excluidos sin necesidad de recurrir a la fuerza de la ley por la repugnancia que de manera natural reproducirían ellas.”( Javier Gomá Lanzón, Babelia, página 14, 13/04/2013)
    A eso me refiero con que es cuestión de inmadurez (la mayoría de los que hacen esas firmas son adolescentes, sobretodo de sociedades más atrasadas). La educación puede ayudar a quienes las hagan a saber distinguir entre espacios vivos (nuestras casas, dónde una firma puede parecer querer apropiarse de un entorno que ya tiene vida y por tanto es un insulto a sus utilitarios) y espacios muertos o vacios urbanos, donde con sus pintadas pueden contribuir a revitalizar un entorno triste e inerte. Por eso es importante no relativizar tanto sobre estas cuestiones estéticas cuando van tan ligadas a la ética, y las personas bien educadas en estos aspectos (y por extensión, en todos) no necesitan pedir permiso para utilizar los espacios comunes porque son conscientes de dónde termina su libertad y comienza la de los demás.

  6. estoy de acuerdo, pero así tendríamos que confiar en esa educación, en contar con que el otro vaya a actuar con consideración a los demás. yo soy la primera en no hacer prohibiciones ni leyes, porque cada persona es un mundo, y no puedes aplicar el mismo criterio a personas con vidas diferentes, circunstancias distintas. y ojalá esto fuese cierto, pero desgraciadamente cada vez la sociedad en general nos da más motivos para crear más y más limitaciones, muchas veces absurdas. el link que colgabas en tu primer comentario muestra auténticas obras de arte, pero repito, ¿y si con esa libertad algún inmaduro hiciese algo repulsivo, insultante? confiamos en que eso no pasa, pero pasa; algunos para hacer burradas usan la libertad y confianza que muchos se merecen y deben tener; “si este puede hacer lo suyo, por qué yo no puedo hacer lo mío? es lo mismo, pintar en una pared”. O das libertad automática a todos o a ninguno. de ahí lo de pedir permiso, aunque suene a escuela de primaria. Es decir, todos tenemos libertad para ir al baño, pero hay que decírselo a la profe. es lo que pienso.

  7. La gente liga el arte alegremente a lo que le da la gana. Hoy, sin ir más lejos, vi una entrevista a Eduardo Verásategui. Decía que quería que todo su arte fuese moral. Hace unos meses, discutiendo con un amigo, él me decía que el arte tiene que tener una implicación o un deber moral, y ponía como ejemplo lo del perro que dejaron morir de hambre en una exposición. Yo me remito a Juan Manuel Monterroso Montero: “Los límites del arte los marca la propia sociedad.” Así pues, el arte sí que es completamente relativo. Relativo a la sociedad, a los espectadores, a los artistas.

    Por otro lado, tenemos lo de que algunos no tengan vocación artística. Se me viene a la cabeza una exposición a la que nos llevaron en la que se exponían pequeños dibujos e ilustraciones de un escritor gallego. ¿Eso es arte? ¿O adquiere valor artístico porque está ligado a su creador y este es reconocido como artista? Kafka no quería que se publicara su obra. Tampoco John Kennedy Toole. La correspondencia erótica entre Pardo Bazán y Galdós se publica alegremente y a todo el mundo le parece bien. Lo que quiero decir es que esas pintadas son ópera prima de gente que puede llegar a algo. O quizás no intenten nada artístico, aunque haya gente que vea arte en sus “obras”, como pasó con Rimbaud.

    Pas, yo cambiaría un par de cosas. Pero de forma, no de contenido. Y, qué coño, todos tenemos que mejorar en esto. Pero, al 95%, me descubro. Mi enhorabuena.

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