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¡Un judío en una urna!

Por Diego Bautis Garrido.

Estupor, sorpresa, incredulidad, extrañeza, desacuerdo… son algunas de las sensaciones experimentadas por los visitantes que estos días acuden en masa al Museo Judío de Berlín. Desde que se inauguró -hace ya dos semanas- la nueva exposición Toda la verdad, lo que siempre quiso saber sobre los judíos y nunca se atrevió a preguntar, una pieza en particular se ha convertido en foco de todas las atenciones, acaparando las miradas del ingenuo, del curioso y, cómo no, la del discrepante. Todos ellos tienen algo que decir -o más bien algo que decirle- al Judío en la caja. En efecto, un individuo de etnia judía, sentado en el interior de una urna de cristal, responde -durante dos horas al día- a las preguntas que le formulan los visitantes en relación a su cultura y costumbres.

Con este acto el museo pretende desmitificar la cultura hebrea y romper con las barreras existentes entre la sociedad alemana y los judíos. Una pretensión de altos vuelos, dado que transcurridos casi setenta años del Holocausto, pocos son los alemanes nacidos tras la II Guerra Mundial que conozcan algún judío o sepan algo de ellos. A esta inmensa mayoría va dirigida la aplastante pregunta, escrita en la base de la caja: “¿todavía hay judíos en Alemania?”. Este espinoso asunto ha sido abordado por Tina Lüdecke (directora del museo) de un modo tan transgresor que la pieza de la actriz británica Tilda Swinton, durmiendo en una caja de cristal en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, queda reducida a mera anécdota.

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El concepto de la exposición -y particularmente de la obra en cuestión- repele sutilmente la inocencia de planteamiento; resultando inevitable la asociación mental con la imagen del nazi Adolf Eichmann, sentado en una cabina de cristal durante su juicio en 1961, en Israel, el cual llevó a su ejecución. A esta visión desgarradora se suma la opinión discrepante de muchos judíos alemanes que no consideran que exhibir a un judío como un objeto de exposición ayude a crear entendimiento y respeto mutuo. “Es volver a identificar a los judíos con los monos del zoo. ¿Por qué no le ponen un plátano en la mano y le piden que haga acrobacias?”, protesta en la televisión alemana Stephan Kramer, un miembro reconocido de la comunidad judía de Berlín.

En cambio, la comisaria de la exposición Miriam Goldmann, quien también es judía, cree que la perspectiva provocadora es la mejor manera de superar barreras emocionales y lidiar con un tema que sigue siendo doloroso para judíos y alemanes. “Queríamos provocar, eso es cierto, y algunas personas podrían considerar que la exposición es escandalosa o cuestionable, pero eso nos parece bien”. Entre ambas fuerzas raya la respuesta de uno de los judíos que participó de la experiencia: “Me sentí un poco como un animal de zoológico, pero en realidad así es como se siente ser un judío en Alemania. Eres un objeto interesante para la mayoría de la gente aquí”. En fin, el tema es arduo problemático, y los factores no concluyentes.

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