Filosofía/Pensamiento/Psicología/Sociología

Bello es el suicidio.

evelynmchale50_gl
“Ya no le atraía la vida en una caverna. Como tampoco la otra experiencia, la de la vida entre los hombres. Uno se asfixiaba tanto en una como en otra. En general, no quería seguir viviendo. Quería llegar a Paris y morir allí (…) media hora más tarde hasta la última fibra de Jean-Baptiste Grenouille había desaparecido de la faz de la Tierra (…) Cuando los caníbales se encontraron de nuevo junto al fuego no se decidían a levantar la vista y mirarse mutuamente a los ojos. (…) cuando por fin se atrevieron estaban extraordinariamente orgullosos. Por primera vez habían hecho algo por amor.” Patrick Süskind, El Perfume.

Solo existe una verdad irrefutable y es que tal como nacemos morimos, mientras que en el trascurso de ese comienzo al final se encuentra la dualidad humana, la cual podríamos representar hermosamente como en su día hizo Freud, Eros como ese instinto de vida, amor, y Thanatos como instinto de muerte y repulsión. Una lleva a la reproducción de la especie y la otra hacia su propia destrucción. Este tema ha sido muy recurrente a lo largo de la historia como motivo de inspiración artística, de hecho muchos de los artistas que se inspiraron culminaron su obra suicidándose como fruto de una depresión que solía ser causa de la bipolaridad, de esa danza entre el Eros y el Thanatos de la que nace Ars Moris.
Nos encontramos en una época difícil, la crisis social por un sistema económico que parece derrumbarse, la globalización, el desastre natural provocado por el ser humano, la depresión como enfermedad por excelencia de nuestra generación. El suicidio está presente, pero aunque ahora nos percatemos del alcance global de este lo cierto es que nunca dejo de estarlo y que sin duda es uno de los actos performativos más bellos si no el que más, de todas las artes existentes en la tierra. Hablamos de suicidio como el acto de la muerte como decisión, no como la pérdida de la vida; ¿Por qué nos resulta tan bello? El mismo Séneca dijo “Júpiter no podría hallar nada más bello sobre la tierra que el suicidio de Catón”. Fantaseo con suicidarme de mil maneras posibles y que todas ellas escondan el secreto del porqué, sin más notas ni avisos, de forma elegante y preciosa algunas y abrupta, vulgar y sucia las otras, con una buena banda sonora de fondo o con el leve murmullo del agua al chocar con la arena. Me tomo muy enserio lo trágico de la situación, pero mi cuerpo no quiere ser aniquilado, asique lo mejor será destruir el cuerpo ajeno después de convertirlo en literatura como hicieran Tolstoi, Maupassant o Flaubert, sabiéndonos deseosos de esos finales apoteósicos, trágicos, sabiéndonos hambrientos de óperas wagnerianas que nos hagan salir de lo terrenal, banal y monótono de nuestros días de derroche sobre una economía narcisista en la que creamos nuestra idea de existencia. Pero la existencia no se pierde con el suicidio porque nada tiene que ver con la vida, ¿o vamos a desechar la espiritualidad de Platón después de todo? No, no queremos hacerlo, no solo sabemos que somos herederos de la cultura clásica sino que la tragedia corre por nuestras venas, aunque parezca que nos olvidamos con el paso de los días, se nos es recordado de vez en cuando por algún literato o algún cineasta decidido a retomar la vieja historia. Y muy raramente por algún artista que sabe que su obra culmina con la emergencia de su muerte maquillada, como nos había enseñado Cesare Pavese con su propio homicidio tímido “la dificultad de cometer suicidio está en esto: es un acto de ambición que se puede cometer sólo cuando se haya superado toda ambición.”
El suicidio es sin duda un acto bello y sincero que conmueve, y nada nos gusta más que la emoción sin mentiras, que la pérdida del otro, cuando no nos afecta directamente cabe recalcar, que ese sacrificio mundano nos haga ver la luz y sentirnos más vivos y más capaces de vivir ansiosamente. Igual por eso preferimos que la muerte sea un fetiche y no un acto de la naturaleza, ella nada tiene que ver aquí, y si nuestros “personajes” no se han suicidado siempre cabe la posibilidad de especular con el tema y crearnos nuestra propia versión perfeccionada de lo que sería un final perfecto, de matarlos de alguna forma porque sabemos que es su destino. Esa idea de que deben morir para culminar la creación artística nació en nosotros junto con los grandes clásicos, además ¿cuántos de nosotros también hemos fantaseado con nuestra muerte prematura y con las lágrimas de quienes nos han querido en la tierra? Inmolándonos. A nadie le interesa la vejez de Romeo y Julieta, no nos interesa su vida, solo queremos verlos desvanecerse absurdamente y pensar que algún día amaremos así y también moriremos así. Tenemos muchos ejemplos inspiradores históricos o ficticios, podemos elegir el que mejor nos venga, personalmente prefiero un estilo más a lo Virginia Woolf. Pero hay cantidad de variedades para todos los gustos, como razones (sadismo, agresividad, vuelta contra sí mismo, identificación histérica y melancólica, fracaso de los instintos de autoconservación, pulsión de muerte, castigo por culpabilidad inconsciente etc.). Todas son validas para llegar al culmen del arte, la que más se acerca a lo bello es el amor, ya sea por su falta, desamor o el amor interrumpido en el tiempo por la carencia “del otro”, yo también la prefiero, aunque siempre me han atraído los kamikazes japoneses y más si tenían alma de artista como Mishima.
“Tratándose de la muerte debemos sujetarnos a nuestra fantasía. La mejor muerte es la que más nos guste… La obra maestra de la ley eterna es haber procurado varias salidas a la vida del hombre, que sólo tiene una entrada”
Séneca
El suicidio tiene su comparación metafórica en el orgasmo, “la petite mort”, fantasías sobre sexualidad y muerte, muy a lo Freud, sin que el mismo Freud lo sepa. Esto me recuerda a la muerte de Isolda en la que Wagner a través de la música hace simular un orgasmo femenino Si pudiésemos morir de placer, suicidarnos en nuestro propio imperio de los sentidos seria casi perfecto. Sin duda una verdadera creación poética. Esta sería una hermosa y buena forma de morir. Aunque después de pensar largamente sobre el tema el motivo de suicidio, la forma y el fin del ser de Grenouille en la obra de Süskind es a mi parecer uno de los más brillantes suicidios de todos los tiempos y el que mejor se adapta a nuestra sociedad actual. Por una parte la ambición por el poder, la hipocresía y lo físico y objetual como soporte de una pasión estética y por otra parte la baja sociedad que vive escondida en las cloacas como Grenouille. Este solo ambiciona el olor de las cosas como metáfora del alma de estas, aborrece al ser humano pero cuando se da cuenta de que el mismo no posee olor intenta acercarse a este ganándose su afecto a través del perfume perfecto que haga ponerse a todo el mundo de rodillas, pero cuando lo consigue finalmente decide suicidarse porque sabía que nadie lo querría por su existencia sino por la del perfume que habría creado. Decide hacerlo en el mismo sitio en el que nació exponiéndose a un canibalismo del deseo irracional que produce en el ser humano la fragancia que porta Grenouille. Esto nos vuelve al recordar al suicida y poeta Cesare Pavese, y al fin de la ambición superada.
Mucha gente creerá que el problema del arte del suicidio es que no podrás disfrutar del final de tu creación, pero en el arte de la muerte el proceso siempre es lo más importante como si de un action painting se tratase. Otro tema a tener en cuenta es que no todo el mundo es apto para el suicidio; Somos aptos para morir sin más pero el suicidio bello viene de aquellos que se han manifestado en su mayor pasión irracional e inhumana porque de ahí proviene la pureza de este arte, de lo espiritual que reclama a lo terrenal lo que es suyo por derecho propio. No todos los suicidios son bellos y artísticos ni causan la catarsis cósmica, ni cambian a los corazones de las gentes, ni llegan a las pantallas de los cines ni a las páginas de los libros. Porque un gran suicidio requiere un instante decisivo y la valía de ser, no como comúnmente se cree de la renuncia del ser.
Cuando eres pequeño todo el mundo te pregunta que quieres ser de mayor, nadie lo sabe pero contesta cualquier cosa que se le ocurra porque de forma tímida nace una pequeña ambición de “ser”. Si me preguntasen de nuevo que me gustaría ser de mayor yo también contestaría “una gran muerta”, espero serlo algún día.

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2 pensamientos en “Bello es el suicidio.

  1. Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, decía que obrero (para mí eran ellos los que construian los edificios, luego entendí que era mejor ser arquitecto…) pero después decidí que lo que quería ser era joven. ”un gran suicidio requiere un instante decisivo y la valía de ser, no como comúnmente se cree de la renuncia del ser”. Ahí está la clave. Podías haber comentado los suicidios de los desahuciados (obviamente hay más penurias detrás, pero el perder la casa es el desencadenante), y que por primera vez hayan pasado a ser noticia cuando el miedo a la imitación colectiva lo solía ocultar de la prensa.


    Este suicidio de un monje budista a modo de protesta sobrecoge

  2. “¿cuántos de nosotros también hemos fantaseado con nuestra muerte prematura y con las lágrimas de quienes nos han querido en la tierra? Inmolándonos. A nadie le interesa la vejez de Romeo y Julieta, no nos interesa su vida, solo queremos verlos desvanecerse absurdamente y pensar que algún día amaremos así y también moriremos así”. volvemos a encontrar el tema del placer en el dolor; mira qué me da quebraderos de cabeza esto! jaaja Imaginamos un suicidio sublime y trágico buscando la atención de la gente que nos importa, o bien porque no nos importa ya nada de este mundo. Es interesante cómo hasta lo más destructor del ser humano puede llegar a convertirse en arte; algo de dudosa moralidad: atentar contra uno mismo. Aunque, visto a la inversa, lo inmoral sería seguir viviendo en un estado de absoluta miseria, ya sea física o psicológica, manteniendo una farsa y prolongando un dolor en una existencia que, inevitablemente y antes o después, finaliza para todos en la muerte. Lo que me pregunto ahora es, ¿hay alguien que quiera suicidarse porque sí? es decir, sin la presión de un drama, solo por experimentación, por crear una performance… ¿Es el ser humano capaz de arriesgar la única oportunidad que tiene de formar parte de la vida por algo que puede no ser nada?

    Y finalmente, haciendo referencia a lo de Romeo y Julieta, pues totalmente de acuerdo. Cuántas películas hay que si no tuviesen ese desgarrador final no habrían pasado a la historia… ¿Memorias de África con un final feliz? ¿Los puentes de Madison? ¿El Padrino III? ¿Atrapado por su pasado? Me gusta el cine, sí :) ¿Nos seguirían gustando con un bonito desenlace?

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