Literatura/Moda

50 sobras de Grey… o 50 formas de perder el tiempo

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Es tan típica… Algunas personas con las que he hablado sobre el libro se sorprenderán cuando lean esto; me sorprendo hasta yo misma. ¡De qué manera ha podido cambiar mi opinión! No exagero cuando digo que me pasé un día, mañana y tarde, leyéndolo. Solo descansé para preparar un rápido picoteo como acompañamiento. Me enganchó completamente, parecía una zombi en la cama de mi compañera de piso. Un tamaño matrimonial perfecto para la postura india, boca abajo, boca arriba, de lado, de pie… Nunca he vivido momentos tan íntimos con mi portátil como los del jueves pasado. Una experiencia inolvidable: no pudo ser más decepcionante.

La atractiva curiosidad pronto acabó convirtiéndose en una repetitiva ñoñez. Casi desisto en continuar con la aventura. Sin embargo, poco a poco, la situación volvía a captar mi atención: intrigante, desconcertante, excitante, morbosa… nueva. A pesar de los altibajos (pero como en toda relación) consiguió mantenerme despierta gracias a sus extrañas habilidades. Mmmm… nada mal. Estaba a punto de alcanzar el climax final cuando, de repente… Sí, el final llegó, pero como un portazo en las narices.

50 posturas que tuve que inventarme para leer cómodamente esta cosa intragable. ¿De verdad que alguien se puede sentir cómodo leyendo algo… algo…? Es que no sé ni qué adjetivo usar. Horrible se queda corto. Fue una pérdida de tiempo absoluta. AB.SO.LU.TA. Me da la risa cada vez que releo las conversaciones con mis amigos. Realmente estaba emocionada. Había leído alguna que otra lectura erótica, pero esta las superaba con creces. A ver, obviamente no voy a negar mis primeras impresiones, es más, creo conveniente exponerlas para aclarar mi cambio radical.

Me decidí a leer 50 sombras de Grey para descubrir el porqué de ese exitoso furor como best seller. En un año se ha convertido en un número uno. ¡Pero si ya casi han completado el reparto para una película! Hay montajesfantrailers. Pues venga, a ver qué tipo de fenómeno es este. Habría querido, pero no pude evitar perder mi virginidad crítica antes si quiera de empezar mi propia lectura. Peyorativamente, me dijeron que no era más que un Crepúsculo para mamás; otros que aguantaron los primeros capítulos y lo dejaron… Sin embargo, mantuvieron mi interés en él las opiniones favorables, y no solo por parte de mamás.

Efectivamente, E. L. James, basó su aclamada obra en los fanfiction de Crepúsculo, es decir, creó una historia completamente nueva, pero inspirada en los personajes de la tetralogía de Stephenie Meyer. Al principio no parecían tener mucha relación, pero pronto me di cuenta de la trampa. En realidad es la típica historia de amor adolescente: chico guapo, chica guapa – dos iconos de las tendencias esculturales actuales – que buscan el modo de hacer compatibles sus incompatibilidades. Por otro lado, no se aleja de la también olvidable saga Perdona si te llamo amor.

En este caso, el “problema” son los gustos sexuales masoquistas del chico guapo. Por él, ella acepta todo lo que se le venga (a lo Bella Swan y sus ansias de vampirizarse). Según voy leyendo, a la chica guapa parecen satisfacerle tan inusuales caprichos. La pasión no tiene límites, en cualquier lugar y a cualquier hora. Las descripciones son realmente específicas y detalladas. Creo que están bien logradas, con un efecto efectivo. Es lo único que merece la pena, porque el final no podía ser peor: no alcanza el orgasmo literario. Lo encontré rápido, como con prisa por terminar; en cuatro páginas zanja el tema, pero es que además de una forma, para mí, totalmente inesperada. Es cierto que durante la relación, ella está dudosa con ese placer que siente con el dolor, pero de ahí a cortar de golpe… Debería haber una gradación. No sé, me trastocó por completo, y eso cuando todavía me resultaba agradable la novela. Sé que tiene dos continuaciones, por eso tampoco me atrevo a criticarla mucho más. No obstante, tras releer esta primera parte (sí, he vuelto a leerla, ¡y no me he saltado nada!), se esfumaron mis impacientes ganas por continuar la trilogía.

Menudo rollo. Y no nos engañemos, es una novela rosa con partes calientes, nada más. Te quierote necesitoeres preciosa… ¿y qué más? Si ha tenido éxito es porque la relación sexual BDSM (Bondage, Disciplina/Dominación, Sumisión/Sadismo, Masoquismo) está descrita desde la sofisticación, elegancia y con sentido de la estética, en el mundo billonario de una pareja estadounidense que, amorosamente, es ideal. Vamos, el paraíso. Yo creo que en lo último que se fijan los lectores es en el propio carácter sádico del sexo. Simplemente gustan de él, de la ambientación erótica que regala la escritora. Es una ensoñación, y pedantemente sensorial: las texturas, los perfumes, el aroma de Christian, la piel de Anastasia, la espuma de baño… Frank Sinatra, Chopin… Y luego, que si el helicóptero, que si un Mac que aún no está a la venta… el apaño de un trabajo… Sí, lo sé, son muchos puntos suspensivos, pero es la mejor forma que conozco por ahora para mostrar mi aburrimiento.

En serio, estoy deseando leer el libro de Rossella Calabrò, y desintoxicarme. 50 sombras de Gregories la antítesis del señor Christian Grey. Esta vez sí me he encargado de valorar las referencias, y también quiero reírme como ya lo han hecho sus lectoras, el público mayoritario. No sé hasta qué punto James escribió 50 sombras pensando en un público femenino, pero está claro que es el que ha conseguido. Está concebido de tal forma que, como tantas otras invasoras novelas rosas, se presente perfecta para una sensibilidad que por lo general acompaña a la mujer. Me consta, incluso antes de leerlo, que Calabró escribió sus 50 sombras pensando en el sector femenino, para desmitificar la perfección idílica y superficial de los otros dos panolis.

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Es un poco Disney, en realidad. Una Cenicienta que no tiene un minuto libre y sin mucha autoestima que es rescata por los dólares de un rey del sexo. Por ello el exagerado éxito que está teniendo el libro; porque constituye una perfecta vía de escape lejos de la realidad, lejos de tener que hacer números a la hora de comprar ropa, salir a comer fuera o viajar. Aquí ya solo la ropa interior es exquisita, tanto como las suculentas ostras para cenar, y ¿qué decir de una espontánea escapadita en helicóptero? A través de sus 26 capítulos, mamás e hijas dan rienda suelta a sus sueños imposibles y a sus fantasías más secretas. Todo lo que los hombres muchas veces ignoran (o quieren ignorar), se refleja en 500 páginas como una catarsis de felicidad y erotismo. No niego que esta historia no pudiera ser real, pero como se suele decir, “una entre un millón”. Tampoco sé con qué propósito la autora escribió este libro. Si es para que el público se sienta identificado, ciertamente o su público es muy limitado, o el amplio público ve limitada su identificación a ciertos detalles.

Me gustaría haber tenido más tiempo para hacerme con otros ejemplos de literatura erótica, mitos ya en el universo literario. Se me vienen a la mente el Decamerón, los sonetos de Pietro Aretino, el Libro del buen amor, por supuesto profundizar más en el marqués de Sade, etc. Tengo especial atención por Historia de O., una obra de referencia y clave en la segunda mitad del siglo pasado. En un breve acercamiento, parece idéntico el núcleo de esta novela y la de James: la protagonista es iniciada en las artes sexuales, hasta meterse de lleno en el mundo BDSM, como una esclava sumisa disponible todo el tiempo.

Aun así, no me hace falta comparar con obras mejores o peores para decidir que finalmente no aguanto esta lectura facilona. Ahora bien, de todo siempre se saca algo positivo, por muy AAAAAGGG que sea. Ha suscitado mi interés en el estudio estético acerca del placer y el dolor. A los masoquistas y compañía no les gustaría que les llamásemos así. Para nosotros son personas que gozan con el dolor, pero lo malinterpretamos. Gozan con lo que a nosotros nos parece dolor, pues este es subjetivo. Desde el primer momento en que algo deja de causarnos dolor y nos produce placer, ya no es dolor, es placer; no son términos contradictorios. Christian representa ese (amplio pero escondido) grupo de la sociedad, mientras que en Anastasia vemos explícitamente una paradoja. Ella sufre, pero a la vez disfruta, porque lo que le satisface es dar placer a Christian, sea como sea.

En cualquier caso, lo que es innegable es que 50 sombras de Grey ha traspasado el mundo blog convirtiéndose imparablemente en un hito de las últimas décadas. Tiene seguidores e imitadores. Por favor, ¿qué está pasando? ¿Tanto cuesta desvincularse y hacer algo erótico e inteligente? Bueno, siempre podremos refugiarnos en el Cantar de los Cantares o en los versos de Teresa de Ávila.

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