Cine/Fotografía

días… y noches… de Luz

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Para los que no habéis querido ir al cine a verla: ¡apalominaos! No sabéis lo que os habéis perdido. Una cosa así raras veces se repite, y más hoy en día, cuando el cine de calidad hace tiempo que dejó paso al de cantidad. Menuda experiencia catártica tirada, y que tardaréis en volver a tener delante. Hay que ver, vaya grupo de perezosos… vaya grupo de… bueno… ejem, antes de continuar, yo debería incluirme en ese grupo. Efectivamente, no tuve la suficiente diligencia para preocuparme en intuir si esa película, esa sorpresa en 3D, merecía el gasto de 10 euros. Por favor… que estamos hablando de una noche a lo barato en Ruta.

Puede que no hiciese mucho caso a la publicidad, salvo a la que justo la anunciaba como una mezcla entre El libro de la selva y Naufrago. Por el estilo eran las opiniones que me entraban por un oído y me salían por el otro. Una película que ¡sí sí, buaa! A efectos visuales era una pasada, muy muy chula, pero que la historia… psé, un tanto aburrida. Otros me decían que era en plan Avatar, pero sin tanto efecto especial, incidiendo en lo absurdo del argumento. Y una o dos personas que me la recomendaban especialmente; ahora, a toro pasado, me doy cuenta de cuánta razón tenían…

Y cómo me arrepiento. Pero los comentarios eran mayormente indiferentes, por lo que sin juicio propio, así fue mi posición ante La vida de Pi. No había interés alguno ante una película que se me presentaba como una segunda Avatar, y con sinceridad, me he llevado tantos chascos últimamente con el llamado séptimo arte… Séptima chapuza, más bien, aunque eso ya es otro tema… En fin.

Pero, ¿a qué viene todo esto? ¿Qué hago yo hablando de la nueva de Ang Lee? Bueno, pues por ideasesteticas.wordpress.com. De las cinco opciones para una crítica a publicar en este blog, solo a mí se me ocurre meter “la fotografía en La vida de Pi, ganadora del Oscar 2013 el pasado febrero”. Lo hice solo por su actualidad, obvio, porque del resto ni idea. La ley de Murphy hizo el resto, aunque ahora no podría estar más agradecida. Si bien mi escepticismo había permanecido inmutable, mis prisas por verla se vieron aumentadas estrepitosamente. Sin embargo, haciendo gala de la mayor de mis virtudes, la puntualidad, me quedé sin autobús, sin helado y sin cine. La prisa sí que me quedaba. En consecuencia, no tuve otra que comerme el helado en el asiento de un penoso regional destino Lugo, con unos cascos en los oídos, a través de los que no solo escuchaba un formidable doblaje sudamericano, sino también un apacible y constante trucutrucutrucu. Os pido que no me hagáis recordarlo, porque… mmmm… ¿O tal vez sí…?

Para que haya guardado ese viaje como uno de los mejores que he tenido, imaginaros, en lo mejor que podáis, cuán perfectamente tiene que estar concebida su maravilla visual, su erizante belleza artística. Ayudó el que el trayecto fuese nocturno, de manera que, a pesar de las estrepitosas diferencias entre una envolvente sala de cine y un vagón-lata, sin duda mi óptica disfrutó empachándose de tanta ilusión cromática. Y todavía hoy lo hace. A base de sofá, manta azul y milka de oreo, en tres semanas creo haber contado 8 sesiones.

Cuánto más la veo, más me gusta. Cada vez descubro nuevos detalles, que al principio parecen no importar, aunque en realidad suponen esenciales para entender la profundidad de esta fábula increíble. Y absurda también, pero no peyorativamente. Parafraseando al picaporte favorito de Lewis Carroll, yo veo en esa absurdez algo impasable, pero no imposible; algo que es improbable, pero no por ello irreal. Ya conocéis el argumento: el “Pacífico” periplo de un joven indio, Pi, en un bote, con la única y terrorífica compañía de un tigre de Bengala, Richard Parker (para más información, san Google).

Lo que podría haber sido un absoluto chasco, nuestro Mogli marino se convirtió en un relato espectacular, ganador de cuatro estatuillas. ¡Un plactoniano inciso! Recibir o no un Óscar – y en general cualquier otro chisme para limpiar de polvo – no es sinónimo de merecerlo. Se han llegado a corromper tanto, que poco importa ya; parece que cada vez hay menos excitación por la roja y dorada gala. Pero para esta película, y ante todo para su fotografía, sí creo que fue una decisión justa; no solo se lo ha llevado, sino que se lo merecía con creces.

El fotógrafo chileno (conocido por El curioso caso de Benjamin Button y sus trabajos con David Fincher) ha logrado, en un ejercicio de audacia y virtuosismo, concretar visualmente la abstracción imaginativa de lo que podrían albergar nuestras mentes, tras leer la homónima novela de Yann Martel. Junto con el departamento artístico y los efectos especiales/visuales, el mundo aquí capturado por Claudio Miranda es auténtica y fascinantemente nuevo, armónico, indomable, espacial. ¿Y todo en un gigantesco tanque de agua en Taiwan? Las que habrán pasado… Horas, estrés y sudor trabajando con un tigre solo un 13% auténtico. No ha sido una fotografía ni fácil ni rápida.

Aunque sí agradecida. Más de un fotograma es digno de ser acogido por la pared de un museo. Su interpretación mágica del mar pasará a la historia. Entre las escenas más destacables, en los créditos iniciales, mientras que al resto de animales se les enfoca directamente, me hizo gracia el plano del tigre reflejado en el agua, casi desapercibido. El momento del naufragio, por supuesto, que pone los pelos de punta. Sin duda la del desierto marino. El agua, completamente en calma, quieto, sedoso, creador de unas muy leves ondulaciones. Tonos dorados, impresionistas y brillantes, algunos una reinterpretación de Monet y compañía. A menudo es como nadar en el cielo, como lo hace Mamaji en la piscina parisina. La efectividad de los planos cenitales y nadir es excepcional. La cámara está cómoda, jugando con la exquisitez de los colores y una ilimitada luminosidad. Como de ilimitada es la fe de Pi, porque se trata de una luz simbólica.

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La escena de las medusas es sobrecogedora, del mismo modo que el salto de la ballena plutónica,  recordando la magia de Disney en Fantasía 2000. Las noches en el bote son como navegar en las galaxias. En los destellos de la oscuridad, nos adentramos a las profundidades desconocidas de un océano galáctico. Microvidas de neón, fluorescentes. Es psicodélico en su estilo, y siempre colores ¡y más colores! Un prodigio de salvapantallas Windows y su conversión en arte. Y aquí es donde el 3D canta cual sirena. Es la primera película rodada en este formato; sin imágenes gratuitas, con éxito incuestionable.

El imaginario visual de la historia la convierte en un sueño irresistible. Al final, como en Don Juan de Marco o Big Fish, me inspira a creer en la fantasía real. Existe una realidad más allá, percibida solo al buscar lo que se encuentra bajo la monotonía de lo convencional. Y Pi lo descubre  al seguir la mirada de Richard Parker: un mundo daliniano, desconocido, más allá de su barca, bajo el manto sideral de la noche. Un calamar convertido en cebras, elefantes, leones… Símbolos, colores, luces… Estrellas, espirales… El rostro de una mujer, ¿su madre, tal vez su amor…? No importa ya; todo ello son reminiscencias de un mundo que yace anclado en inexplorables profundidades. Solo un mensaje de auxilio, vagando al abrazo del océano dentro de una lata, me da todavía esperanza.

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3 pensamientos en “días… y noches… de Luz

  1. Solo quiero añadir que esta “crítica” me parece una falta de respeto al mundo de la crítica cinematográfica, al cine, a esta página y al mundo en general.

    “Para los que no habéis querido ir al cine a verla: ¡apalominaos! No sabéis lo que os habéis perdido”.

    “merecía el gasto de 10 euros. Por favor… que estamos hablando de una noche a lo barato en Ruta”.

    “Hay que ver, vaya grupo de perezosos… vaya grupo de… bueno… ejem”

    “Otros me decían que era en plan Avatar”

    “En consecuencia, no tuve otra que comerme el helado en el asiento de un penoso regional destino Lugo”

    Lo chabacano y vulgar JAMÁS fue sinónimo de inspirado. Hay que cuidar los registros y tener en cuenta en qué contexto estás escribiendo. En un bar con tus amigotes puede valer, pero creo que no es el caso.

    En algo estoy de acuerdo: “De las cinco opciones para una crítica a publicar en este blog, solo a mí se me ocurre meter “la fotografía en La vida de Pi, ganadora del Oscar 2013 el pasado febrero”.

    Sí, maldito el día…

    • Siento discrepar contigo en la valoración que has hecho de está crítica. A mi me ha resultado de lo más sugerente y me ha despertado la impaciencia de verla en cuanto pueda.
      Creo que nadie está en posesión de la verdad a la hora de hacer una “crítica” sobre algo y hay que respetar la percepción que los demás tienen de las cosas.

      Cada espectador que sale de ver una película es un pequeño “crítico” de cine y la mayoría de las veces no coincide con las opiniones que se vierten desde la élite cinematográfica y todo ese mundillo.

      No creo que esta “crítica” que hemos leído sobre “La vida de Pi” pretendiera ser un referente en el mundo de las “Críticas” de cine y por eso no entiendo el menosprecio gratuito que has hecho a esta crítica.
      Muchas veces, al común de los mortales, entre los que me encuentro, nos gustan mucho más estas críticas que otras, llenas de intereses y convencionalismos.

      Saludos.

  2. “Cada espectador que sale de ver una película es un pequeño “crítico” de cine y la mayoría de las veces no coincide con las opiniones que se vierten desde la élite cinematográfica y todo ese mundillo”.

    El problema es pensar que cualquiera puede ver una película, utilizar esa verborrea como ha hecho la autora de esta crítica, y pensar que es “un pequeño crítico de cine”. Y otro gran problema es referirse al mundo de la crítica como “todo ese mundillo”. Así, con rintintín y con un halo de desprecio. Estupendo.

    Supongo que también pensará que “todos tenemos un pequeño periodista en nuestro interior”. Total, como la profesión de periodista no está lo suficientemente desprestigiada ya…

    Yo no he faltado el respeto a nadie. Recalco y reitero que esta crítica sí es una completa y absurda falta de respeto. Los primeros párrafos resultan una concatenación de frases burdas (y volvería a enumerarlas una a una) y que no vienen absolutamente a cuento:

    “esa sorpresa en 3D, merecía el gasto de 10 euros. Por favor… que estamos hablando de una noche a lo barato en Ruta”

    Si a usted esta frase le parece de recibo en una crítica de cine, tiene un serio problema.

    Pero usted tranquila, porque… “todos somos un pequeño crítico de cine”.

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