Fotografía/Imagen

El tema de “la mejor foto del año”.

Hace poco más de un mes se conocía la “mejor foto del año”, reconocimiento otorgado en un concurso anual desde el año 1955 por la World Press Photo, fundación encargada de apoyar y promover el fotoperiodismo. Sus bases se han ido modificando con los años, teniendo cabida en la actualidad imágenes que no hayan aparecido en la prensa, por falta de difusión o censura. Pero no pretendo aquí hablar de la gran labor o no de la fundación, a mí lo que me interesa es el tema que podemos encontrar en las imágenes que se alzan con el máximo galardón.

En el año 2010 tuve la oportunidad de disfrutar de la exposición itinerante que organiza cada año por todo el mundo la World Press Photo con las fotografías galardonadas. Recuerdo que logre verlas después de una larga cola y bastante tiempo de espera, en cifras unos 35.000 visitantes en una muestra que solo albergó un mes el Centre de Cultura Comtemporània de Barcelona. Entonces entendí su expectación. Su adicción y atractivo daban cuenta de un poder y una belleza donde un instante servía para contar una gran historia, aunque habían nacido para ilustrar textos, funcionaban por si solas. Me di cuenta de su poder, de lo que querían transmitir, pero también de su temática, una temática dura, pero sobre todo real, realidad que nos ocupa, pero no la única. Echaba en falta la otra cara de la vida.

Ese año la “mejor fotografía” inmortalizaba a mujeres en los tejados de las casas de Teherán en protesta por el resultado de las elecciones presidenciales celebradas en junio de 2009.  Este año, el galardón fue para un entierro de dos niños en Gaza, que murieron cuando su casa fue destruída por un ataque aéreo israelí el 19 de noviembre. El pasado año recorría el mundo la instantánea de una madre abrazando a su hijo de tal forma que intuíamos en ellos la Piedad e Miguel Ángel, sin embargo no era fruto de un hecho artístico, sino por un hijo que sufría de los efectos del gas lacrimógeno tras participar en una manifestación callejera en Yemen el 15 de octubre. En el 2011 la imagen era Bibi Aisha, de tan solo 18 años a la que su marido le había cortado la nariz y las orejas por haber huido de sus maltratos.

Gaza

Entierro en Gaza

Son imágenes del dolor, de una fuerza desgarradora donde parece que no haya cabida para la felicidad. Entonces, vuelvo a preguntarme ¿por qué son estas las elegidas? La respuesta es sencilla, ya que el fotoperiodismo tiene una jerarquización de las informaciones y busca la espectacularización, pero viendo el poder del dolor, casi no puedo ni imaginarme lo bien que funcionaria una imagen alegre, al fin y al cabo son esos momentos los que nos dan fuerza cuando tocamos fondo. En los archivos del World Press Photo existe una sección dedicada a los deportes, donde las imágenes no son tan trágicas, aunque se sigue dando una predilección por las que narran las consecuencias de este. ¿Es el ser humano un ser dramático? ¿Nos gustan las tragedias para concienciar, consolar, responder? Se buscan fotografías de impacto, pero sin expresar dolor también se consigue y de forma más efectiva, ¿o interesa ser efectista? Reclamo desde aquí mas paginas para las alegrías y la comedia. Mas imágenes e besos y menos guerras.

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