Espacios

¿Será profanada la montaña sagrada del Tindaya?

Por Diego Bautís Garrido

Once años después del fallecimiento del escultor vasco Eduardo Chillida, los ecos de una vieja polémica vuelven a resurgir. Cual ave fénix, el Caso Tindaya se resiste a desaparecer, renaciendo de sus cenizas con fuerzas renovadas. El proyecto, fruto de una visión nocturna, se había forjado en la mente de su ideólogo como una montaña despojada de su interior para que el espacio entrara en ella, un homenaje a la pequeñez que nos une a todos los hombres. Chillida encontró su montaña sagrada en 1994 en la isla de Fuerteventura. Tindaya fue el sueño de un visionario que acabó por convertirse en una pesadilla, de la cual hoy vuelven a aflorar viejos fantasmas.

El monumental proyecto del famoso escultor -que pretendía horadar en el corazón de la montaña una cavidad cúbica de 50 metros de lado- se ganó los alardes de sus adeptos pero también la crítica más airada de sus detractores. Como suele acontecer en las obras de tal magnitud no faltaron los problemas judiciales motivados por la desaparición de sumas económicas exorbitantes en manos de políticos que veían en la obra del escultor un motor económico de primer orden con el que poder lucrarse. Por otro lado, Chillida encontró la oposición de algunos grupos ecologistas que pretendían preservar la montaña de la intervención humana. Ante tal circunstancia el artista argüiría: No haré nada  hasta que no haya consenso entre todas las partes implicadas. Mi espacio es un espacio para todos los hombres. TOLERANCIA 

Simulación del interior del Monumento a la tolerancia.

Transcurridas casi dos décadas de constantes litigios, la situación tomó un nuevo cariz cuando el 18 de enero de 2011, el presidente de Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, mantuvo una reunión con la familia de Chillida en la que se aprobó el Proyecto Tindaya, despertando todas las esperanzas y, también, todas las alarmas. Desde entonces la vieja polémica, nunca olvidada, está más en el ojo del huracán que nunca. Expertos de los más diversos campos han tenido algo que alegar al respecto, mientras el Tindaya SI y el Tindaya NO se debate en las calles cuando ya ha sido aprobado en los despachos. Cuan irónico resulta que una obra que se ideó como un Monumento a la tolerancia haya causado tantos sinsabores.

Los partidarios de la actuación han alegado que aquellos que pretenden salvar la montaña de la intervención humana: Desconocen que el concepto de naturaleza, y de paisaje, es un producto de la intervención o de la mirada del hombre. Una afirmación de tal talante que debe ser cogida con pinzas y aceptada en su justa medida. Cierto es que el hombre es un ente destructor, que manipula y transforma cuanto se topa a su paso, adecuándolo a sus propias necesidades. Y no lo es menos que piensa que la naturaleza está para servirle, factor en el que creo está errado. El hombre no puede, y tampoco debe, manipular los recursos de la Madre Tierra a su antojo. La naturaleza no está para servirnos.

No es mi intención el hacer un alegato en defensa a las posturas más radicales de los ecologistas, pero creo que en el caso de Tindaya tienen razón. La intervención planeada es, a mi entender, en exceso radical y está del todo injustificada. Amo el arte pero no lo concibo como un valor absoluto, que pueda imponerse a otros. Tindaya, con los grabados rupestres que coronan su cima (declarados BIC), y los múltiples grados de protección que se le han concedido, es un bien de la naturaleza en sí mismo. No destruyamos un bien de la humanidad para ejecutar otro, máxime con los numerosos puntos oscuros que se encuentran tras el proyecto. En las primeras evaluaciones técnicas, se determinó que el cubo no podría tener unas dimensiones que excedieran los 40 metros de lado y además debería realizarse previamente una estructura de vigas y cemento para soportar el peso de la montaña, pues ésta no es de piedra maciza íntegramente. La falta de seguridad es un factor determinante, como lo es la pérdida del vínculo originario existente entre el artista y la obra. Si en su sueño la Montaña Vacía habló a Chillida, Tindaya hoy permanece silenciada por una intervención cuyas condiciones el artista quizá no habría aprobado, en un proyecto que se calculó en más de 75 millones de Euros, por unos políticos incompetentes que ven en la intervención de Tindaya la solución a sus problemas. El pasado miércoles se ha comenzado a rehabilitar la Casa Alta de Tindaya, una antigua edificación del siglo XVII que acogerá un Centro de visitantes para exponer el proyecto de Eduardo Chillida, parece ser que, finalmente, y si nadie pone remedio, la montaña sagrada del Tindaya, símbolo de un pueblo, será profanada.

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