Moda

Dudoso vintage

Entre los pasados días 7 y 10 de marzo se celebró en la estación de Chamartín en Madrid la Feria de Moda Vintage. En una extensión de 2500 metros cuadrados se congregaron 100 stands en los que diversas tiendas tanto nacionales como internacionales ponían a la venta las prendas más exclusivas.

Esta feria es la prueba evidente de que lo vintage está de moda. Dado los tiempos que corren, pensar en volver a usar ropa de hace unas cuantas décadas suena atractivo, sin embargo lo vintage no es simplemente eso. El término vintage proviene del francés y designaba en origen las mejores cosechas de vino. De ahí, el término se fue abriendo a diferentes campos hasta llegar a la decoración o a la moda para referirse a aquellas piezas que responden a una calidad, un valor histórico y cierta exclusividad ya que se suele tratar de piezas cuyo stock era reducido y en algunos casos incluso único.  Si nos centramos en estas características, resulta lógico que nos cuestionemos si es vintage todo lo que nos venden.

Cualquiera que lea esto y haya olisqueado el polvo de alguna tienda de ropa vintage pensará que encontró una ganga al comprarse una mochila de llamativos colores flúor por el módico precio de 20€. La huída del “ser común” y la búsqueda exacerbada de la distinción y la originalidad nos hace caer en nuestras propias trampas. No sería la primera vez que me encuentro con alguien que se dedica a vender ropa supuestamente vintage en una página de Facebook. Esa ropa, adquirida en grandes cantidades por un total de unos 5/10€, anteriormente fue donada en el Rastro de Reto por los familiares de un ser recientemente fallecido y ahora tú la acabas de comprar por una media de 20/30€ la prenda. Pensándolo así  la idea romántica de quién habrá llevado cierta blusa o cierta pajarita o incluso qué habrá llevado una mujer en su bolso pierde cierto idealismo y seguramente cuestionemos su valor, calidad o la cualidad más buscada, su exclusividad.

A aquellos que les gusta el vintage dedican tiempo y muchos dinero, sino que se lo digan a Eloisa Bercero, coleccionista de alta costura y madrina de excepción de la Feria de Moda Vintage, que terminó por arruinarse. A menudo la ropa que nos encontramos en las tiendas de supuesta ropa vintage es más bien de segunda mano, sino ¿qué tienen de especial los shorts de Levi’s o cazadoras vaqueras con borrego?, ¿cuál es la calidad de las camisas de franela de cuadros que vienen con un exagerado desgaste?  y sobre todo, si la principal obsesión del vintage es la exclusividad, ¿por qué estas tiendas nos ofrecen multitud de prendas prácticamente iguales y no seleccionan las mejores? Decir que uno va vestido o tiene una tienda de ropa de segunda mano puede que no suene tan atractivo pero pensándolo bien puede que sea más realista. Dejemos de ser cínicos, llamemos a las cosas por su nombre pero sobre todo, no tengamos tanto morro.

Y para quien busque una crítica más directa:

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