Pensamiento/Sociología

Donde caben dos caben cien

Parece ser que el “son tiempos duros” se ha convertido en el credo diario de la sociedad; una sociedad donde la cultura es relegada a un segundo plano por los altos mandos, mientras que banqueros y políticos comen en un pesebre rebosante de dinero. Mariano, Wert y compañía se entretienen rasgando la cultura con tijeras de acero y el mundo de la cultura toma como bandera el ingenio y se aferra a los mínimos recursos. Con esto no quiero decir que la originalidad sea fruto de la crisis, simplemente una forma forzosa de avivarla.

Esta situación es propicia para la multiplicación de exposiciones colectivas tanto en pequeñas galerías como en grandes museos. Si bien en tiempos de bonanza era común lanzarse a la piscina con impresionantes exposiciones individuales lo que ahora esta de moda es unirse por la causa. En algunos casos presentando grandes proyectos expositivos con futuro y en otros donde los artistas se tragan su orgullo y comparten sala con sus nuevos amigos de batalla. Esto se da más en el caso de los artistas consolidados, pero si nos vamos al terreno de los artistas emergentes vemos las exposiciones colectivas como un salvavidas a futuras promesas que pudieron ahogarse en estos tiempos. Si antes era costoso llevar a cabo una exposición individual para el propio artista – ya solo sea por el material de producción – en tiempos de vacas flacas es un lujo para muchos.

De este modo aquí los jóvenes artistas encuentran una forma de visibilidad barata y un trampolín para avanzar en su carrera, donde incluso llegan a empaparse de las ideas de otros artistas. Hasta aquí todo parece perfecto y maravilloso, pero en toda obra encontramos un villano intentando enturbiar la paz. Estamos hablando de jóvenes artistas cargados de ilusión que se exponen al desprecio de su trabajo. Algunas exposiciones colectivas llevan consigo el hándicap de “ya que te hacemos publicidad no cobras” lo cual cuando viene de grandes instituciones es vergonzoso.

Que la palabra “colectivo” se lea cada vez más en las cristaleras de muchas galerías o museos no es algo que deba alarmarnos, mientras que los proyectos no caigan en malas manos. Esta semana Santiago de Compostela concluye con tres inauguraciones en galerías de arte: Trinta, A.dfuga y Espacio 48. Esta última, curiosamente siendo la que tiene el espacio más pequeño, alberga una colectiva, lo cual muestra un claro reflejo de la situación que estamos tratando.

No por ser una exposición individual tiene garantizado el éxito y viceversa, aquí están implícitos muchos más factores y cuando hablamos de grandes instituciones estos factores aumentan. De nada sirve tener un buen proyecto si no lo sabes vender, como es el caso de Gallaecia Petrea, la cual se ha quedado de piedra esperando a unos visitantes que nunca llegaron. Ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas bien es la reciente exposición inaugurada en el Guggenheim de Bilbao, L’Art en guerre, donde convive con más de 100 artistas diferentes y que a solo un día de su inauguración tiene el éxito garantizado.

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Aunque la crisis no sea el único factor que esta impulsando este tipo de exposiciones, si que es uno de los más importantes, y no por ello lo colectivo debe ser sinónimo de  peyorativo. Si bien lo colectivo puede llegar a ser más enriquecedor, barato y atractivo ahora solo nos queda confiar en que la siguiente muestra sea una Exposición con mayúsculas y no un mercadillo de obras de arte sin coherencia entre ellas.

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