Redes

Internet y la nueva doctrina del ‘todo gratis’

Recientemente se ha publicado en España el libro “Parásitos. Cómo los oportunistas digitales están destruyendo el negocio de la cultura” (ed. Ariel), donde Robert Levine analiza la agonía que en la actualidad sufre la cultura a causa de internet y la nueva doctrina del ‘todo gratis’. En este conflicto, el autor, además de mencionar a gran número de los integrantes del mismo, señala a los que él conoce como “parásitos”: las empresas que, situándose entre el creador de contenidos y el usuario, se aprovechan de la situación de los mismos para obtener un beneficio propio; entre otros ejemplos encontraríamos aquí al todopoderoso Google.

Este ensayo quiere ser considerado por muchos como un nuevo y fuerte argumento que se una al ataque de la piratería en internet dentro de un debate siempre actual y plagado de matices, pero que, contrariamente a lo que sucede en la web, se mueve muy lento. Desde hace ya más de 14 años, con servicios como Napster, Internet nos ha estado obligando a que redefinamos términos que creíamos asumidos, como qué es el copyright o qué significa realmente ‘compartir’.

El debate –aunque más abstracto de lo que quienes legislan creen– es conocido y todos somos conscientes de que el problema de la cultura acaba afectando a todos los usuarios. Sin embargo, y aunque el fin del problema parece claro: no descargar; cada vez es más gente la que asume que la cultura debe ser gratuita y accesible para todos en cualquier momento. A esto nos ha acostumbrado la red: a través de una pantalla todo es instantáneo.

Ya nadie puede negar que Internet ha sido uno de los grandes cambios en los últimos años y que las discusiones que genere deben ser superadas y, a veces, aceptadas, sin pensar nunca que el problema puede ser arrancado de raíz. En la actualidad, Internet es también una de las pruebas más fuertes del distanciamiento que se establece entre la codiciosa minoría que ostenta el poder (también creativo) y la ansiosa mayoría que quiere acceder a él. El cine, por ejemplo, es uno de los mayores afectados y todos somos conscientes del alto coste que supone crear una película; debemos pagar por ello, pero debemos hacerlo de un modo justo, sin seguir incrementado la fortuna de algunos y sin favorecer a empresas (como las distribuidoras) que se niegan a aceptar una realidad (demandada por el público) menos lucrativa.

En este problema todas las partes deben ceder: los usuarios (que a veces olvidamos la existencia de bibliotecas –públicas) tenemos que aceptar que –desgraciadamente– la mayoría de lo que consideramos cultura no se crea sin dinero, pero aquellos que están detrás de ella tampoco pueden pensar en seguir acumulando capital masivamente. Debemos seguir esperando y buscando puntos de acuerdo, algo que parece que está cada vez más cerca en campos como los videojuegos (con plataformas como Steam) o en el cine indie con algunas como Filmin en España o Netflix. Otros como la música deberán seguir buscando medios más rentables que Spotify o la venta de canciones en la iTunes Store por 0’99€.

Un último gran impedimento para la existencia de cierto diálogo o contacto entre las partes mencionadas es la excesiva intrusión de las legislaciones estatales en Internet, donde cada vez se crean más fronteras que amplían el ya mencionado distanciamiento. Los países (especialmente Siria, China o Irán) no han logrado todavía comprender qué es la red y siguen aplicando políticas tratando a la web como a cualquier territorio físico perteneciente a su jurisdicción. Actual ejemplo de esto es el filtrado borrador de la nueva ley Lassalle.

Como se ha dicho antes, el obstáculo de la piratería en internet puede ser englobado en otro más grande y que afecta a casi todos los sectores de la sociedad: el real y gran problema reside en el Sistema. Por ahora, debemos ser conscientes de que vivimos todavía en una etapa de asimilación comercial de las nuevas tecnologías, algo que solo el tiempo mejorará. Sin embargo, no podemos caer en observaciones apocalípticas que pronostiquen el fin de la cultura, la cual podrá cambiar y a la que accederemos cada vez a través de medios más distintos, pero que siempre será inmanente a nosotros.

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